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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Desde los escombros

No se trata de demoler instituciones -que tanto han costado- sino de cuidarlas y reformarlas.

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Domingo, Octubre 1, 2017

“No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

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Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo”.

Mario Benedetti. No te rindas.  

 

Los mexicanos estamos todavía afectados por los efectos de los terribles sismos que sacudieron estas tierras en el mes de septiembre que afortunadamente ha terminado.

Aún los que por fortuna o azar no sufrimos daños en nuestras viviendas o lugares de trabajo y no perdimos a ningún familiar ni persona cercana en esto temblores nos encontramos ante el impacto emocional y los efectos anímicos de estos fenómenos naturales ante los cuales hemos vuelto a experimentar nuestra pequeñez, nuestra impotencia, nuestra fragilidad.

Si ya de por sí el ánimo social no estaba muy en alto dadas las circunstancias económicas, políticas y sociales que hemos padecido históricamente y se han recrudecido durante este sexenio en el que la corrupción, la impunidad y el cinismo se han apoderado de todos los espacios de convivencia en nuestro país, los terremotos han sido como un golpe seco que nos ha dejado nuevamente heridos aunque hayamos visto que la sociedad y especialmente los jóvenes se han crecido al castigo y han tenido un comportamiento ejemplar en la emergencia.

Producto de este ánimo decaído, de esta desmoralización social que nos aqueja desde hace mucho tiempo, es un meme que ha circulado profusamente en las redes sociales que afirma: “El gobierno tiene daño estructural. Urge demolerlo".

Resulta entendible esta expresión del enojo popular y sin duda hay razones para expresar la molestia que se vive hacia una clase política que ha convertido la política en un negocio particular distorsionando su misión fundamental como actividad que busca el bien común de la sociedad.

Sin embargo, como señaló acertadamente el periodista Sergio Sarmiento en su columna del diario Reforma: Demoler el gobierno, “Este juego… es peligroso. Busca destruir las instituciones con la idea de que algo mejor debe salir necesariamente de las ruinas. Pero ésta no es la experiencia que tenemos ni en nuestro país ni en el mundo. De la destrucción sólo surge destrucción y pobreza”. La columna puede consultarse en este link

Porque si bien resulta incuestionable la crítica a todas las distorsiones y desviaciones que sigue padeciendo nuestro sistema político, también es cierto que en términos de construcción de instituciones nuestra democracia ha avanzado mucho desde el final del viejo régimen priista y durante el período de la alternancia en el gobierno federal.

Sería muy lamentable, muy riesgoso que el hartazgo social espontáneo guiara a la sociedad hacia un camino de demolición de las instituciones que tanto trabajo y tantas luchas han costado a lo largo de la historia contemporánea de nuestro país.

Para evitarlo tendríamos que ir construyendo progresivamente una educación que desarrolle el pensamiento complejo en los futuros ciudadanos para que vayamos poco a poco trascendiendo las visiones simplistas del todo o nada, el blanco y el negro, el bien y el mal absolutos, la historia de héroes perfectos y villanos impresentables.

Desarrollar un pensamiento complejo capaz de apreciar los avances dentro de los retrocesos y los retrocesos que conllevan algunos avances, la dialógica entre lo positivo que tiene siempre algunos aspectos negativos y lo negativo que también contiene siempre residuos positivos.

Una educación ciudadana que forme personas con el criterio necesario para valorar lo que hemos avanzado como país  y reforzarlo y para seguir criticando con fundamentos y con matices los graves problemas que aún padecemos.

Porque la salida hoy no es demoler al gobierno sino reestructurarlo, no es destruir lo construido sino restaurarlo, rehabilitarlo, dejarlo en condiciones propicias para promover el bien común.

Desde los escombros tenemos que reconstruir el ánimo social aprovechando la energía que han despertado las acciones solidarias, empáticas, compasivas de grandes grupos de mexicanos que se han entregado a ayudar a los afectados por la tragedia.

Desde los escombros tenemos que levantarnos y promover la valoración de todo lo que hemos avanzado como sociedad gracias a la vida entregada por muchos líderes sociales y ciudadanos de a pie a lo largo de estás últimas décadas de transformación del país.

Desde los escombros tenemos que ser capaces de replantear nuestras prioridades y cambiar nuestros estilos de vida para ir haciendo realidad el cambio que necesita nuestro país, que no consiste en derribar todo lo que tenemos sino en “conservar todo lo que haya que conservar y revolucionar todo lo que haya que revolucionar” para construir la patria con la que todos soñamos.

Desde los escombros los educadores tenemos que restaurar la esperanza y más que invitar a demoler lo que tenemos, convocar a reconstruir este país herido pero al mismo tiempo recargado de energía y solidaridad. 

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