La obviedad está vinculada directamente con lo lógico o lo razonable, sin embargo, lo obvio se queda en el prototipo de lo que se debe de hacer, no solo es reconocer algo, es demostrarlo sin límites, un ejemplo en el que nos vemos involucrados los mexicanos es el sismo del pasado 19 de septiembre…
Es obvio que el sismo es el reflejo de un maltrato al planeta, pero no es evidente un cambio efectivo en el pensamiento humano para mejorar y sanar el medio ambiente.
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Es obvio el pánico social que produjo este acontecimiento, pero no es evidente la racionalización para ser mejor persona.
Son obvias las carencias que tienen algunas comunidades que fueron afectadas por los distintos movimientos telúricos, pero no es evidente la solidaridad de todos los mexicanos, pues hasta en estos momentos sigue estando presente la corrupción y la delincuencia.
Son obvios los intentos que se tienen por reestablecer los daños ocasionados, pero no es evidente que se difunda este mensaje.
Es obvio el apoyo que se hubiera esperado de nuestros dirigentes, pero no es evidente que haya participación transparente y desinteresada.
Es obvio que vivimos alarmados con las réplicas que pudieran presentarse, pero es evidente que seguimos creyendo que nada grave ocurre.
Es obvio que tenemos una oportunidad de vida y es evidente que no sabemos aprovecharla.
Es obvia la solidaridad que debemos tener para reestructurar nuestro país y es evidente que se está rechazando apoyo.
Es obvio que necesitamos ayuda y es evidente que no se reconoce.
Es obvio que somos seres pensantes y es evidente que no todos explotan la inteligencia que poseen.
Es obvio que podemos hacer de México un gran país y es evidente que se ha vuelto costumbre sentirnos inferiores a otros países.
Es obvio que debemos involucrarnos con amor y es evidente que no sabemos cómo hacerlo.
No todo lo obvio es evidente.