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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Educar para el silencio en el reino del ruido

La velocidad de lo urgente. Stainer y la reflexión para la interiorización.

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Julio 3, 2017

“Descubrieron que los besos no sabían a nada,

Hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.

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Se borraron las pisadas,

Se apagaron los latidos,

Y con tanto ruido

No se oyó el ruido del mar”.

Joaquín Sabina. Ruido.

 

Si algo puede caracterizar los tiempos de globalización, sociedad de la información y mercado que vive el mundo en estas primeras décadas del siglo veintiuno es que se trata de una época inundada por el ruido.

Vivimos en efecto una existencia en la que el ruido reina sobre nuestros días e invade todas las dimensiones de la existencia, desde el mundo laboral en la que no hay un minuto para pensar en la urgencia de lo importante por responder frenética y mecánicamente a las demandas que nos plantea la importancia –exagerada- de lo urgente como afirma atinadamente el pensador francés Edgar Morin.

Demasiado ruido dice la canción de Joaquín Sabina, ruido de abogados, ruido compartido, ruido envenenado… ruido de tenazas, ruido de estaciones -o aeropuertos-, ruido de amenazas –reales y potenciales-, ruido de escorpiones, ruido empedernido que se va apoderando de nuestras formas de vivir alienados, de pensar apresurados e irreflexivos, de decidir visceralmente y sin valorar lo que realmente queremos para nuestro futuro.

Este ruido de cristales y de platos rotos, intolerable y enloquecido va generando una avalancha que crece exponencialmente y nos arrastra de manera que corremos hacia un destino que nadie ha elegido y recorremos un camino predeterminado en lugar de elegir cada uno –en lo individual y en lo comunitario- su punto de llegada y el sendero a caminar para llegar hasta él.

La educación no es ajena a este reino del ruido. El sistema educativo vive una carrera apresurada y burocrática para responder a las escandalosas y a veces contradictorias demandas de este mundo lleno de ruido. Los educadores estamos respondiendo también a las urgencias, aturdidos por el ruido de exigencias y tareas urgentes, imposibilitados de tener tiempo para pensar en el sentido de nuestra labor y en el camino más apropiado desde nuestros propios talentos para apuntar hacia la finalidad profunda y compleja de formar personas y ciudadanos reflexivos y responsables, capaces de vivir en este mundo del ruido y transformarlo, combatiendo la epidemia de tristeza que invade la ciudad, poniendo nuevamente las condiciones para que las pisadas dejen huella y los corazones vuelvan a latir.

En medio del ruido incontenible en que vivimos hoy resulta refrescante y esperanzador un encuentro como el que tuve ayer en Facebook con una entrevista que compartí hace un año con George Steiner, catedrático de literatura comparada, profesor de Princeton, Stanford, Ginebra y Cambridge, filósofo ganador del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2001. 

En el diálogo con el periodista Borja Hermoso, del diario El País, el profesor Steiner afirma estar “asqueado por la educación escolar de hoy” porque “es una fábrica de incultos que no respeta la memoria…”

A pesar de mostrarse optimista sobre el futuro de la poesía en el mundo actual, el intelectual, nacido en París en 1929, expresa una gran preocupación porque dice que los jóvenes de hoy ya no tienen tiempo y que el tiempo es el recurso indispensable para poder reflexionar con profundidad y cultivar la sensibilidad humana. Pero dice Steiner, “nunca la aceleracón casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy…” Los jóvenes de hoy necesitan “tener tiempo para buscar tiempo”.

Esta falta de tiempo tiene que ver con el miedo al silencio. Steiner dice claramente que “no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Sólo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial”.

El planteamiento de Steiner ya había sido desarrollado por Milan Kundera en su novela La lentitud. La historia que narra esta novela y la reflexión que desarrolla Kundera en esta obra parte precisamente de la hipótesis de que la vida actual se desarrolla con una velocidad vertiginosa movida por el ruido porque los seres humanos de hoy huimos de la lentidud que nos enfrenta al silencio, a ese silencio que nos obliga a encontrarnos con nosotros mismos y por ello nos causa un terrible miedo.

Nuestra educación de la era de la velocidad está también inundada de exigencias de respuesta rápida. Nuestra educación en el reino del ruido está también abrumada por el ruido. ¿Será posible encontrar en los nuevos planes de estudio para la educación obligatoria que se derivan del Modelo educativo 2017 tener tiempo para buscar tiempo? ¿Podremos los educadores, gracias a o a pesar de estos planes de estudio y las múltiples demandas burocráticas que llegan del ruido, promover con nuestros estudiantes espacios para encontrar en ellos lo esencial a partir del silencio? ¿Seremos capaces de combatir en los niños el miedo al silencio y generar en ellos un sano amor y un adecuado hábito de silencio para autodescubrirse?

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