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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ternura

El lenguaje. La secretaria. La ayudante doméstica. La prostituta

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Jueves, Junio 22, 2017

Profesor de la UDLAP

“¿Cómo le haces, Jaime?”, le preguntaban a Jaime Sabines sus amigos sobre su suerte con las mujeres. El poeta chiapaneco fue un gran seductor. Su estatura y sus ojos, grandes y claros, explican solo una parte, la menor, de esa suerte o éxito. La parte más importante está, obvio, en el lenguaje.

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“Háblenles”, les respondía. No es difícil imaginar cómo les hablaba Sabines a las mujeres: podemos partir de su poesía. En ella destaca la ternura. En uno de sus poemas que más le gustaban a él, “Tu cuerpo está a mi lado”, la ternura es notable, extraordinaria. Años después de publicado, su autor lo consideraba “precioso”, y decía que cada línea era “tan sustantiva, tan concreta, tan masiva…”. Es fácil estar de acuerdo con él sobre este poema amoroso, erótico y sexual. Y pleno de ternura. Quizá uno de los mejores poemas eróticos en lengua castellana. Pero ahora me interesan otros, donde la ternura toma otra forma, quizá menos obvia, quizá menos atractiva. Aquella que se dirige a las secretarias, a las empleadas domésticas, a las putas.

El primero empieza leyendo a Tagore y deriva en una mecanógrafa: un intento para llegar a una ternura similar a la del poeta bengalí. Del misticismo oriental a la cotidianidad de una oficina en donde una muchacha “entre el fárrago de papeles que la ensucian todos los días, hay hojas de sueños en blanco que guarda cuidadosamente, recortes de ternura a que se atreve en soledad”. No sé si sea este un poema erótico. En todo caso se trataría del erotismo más fino.

Otro poema que le gustaba mucho a su autor, que calificó también como “precioso”, “completito” es el que inicia “Con la flor del domingo”. Es sobre “las gatitas, las criadas, las muchachas de la servidumbre”. Una descripción de la vida de Sabines en la ciudad de México, una escena del parque de Santa María la Rivera, cerca del cual vivió con su familia. Es también un prodigio de ternura, ahora frente a unas invisibles, que disfrutan unas horas del domingo “su libertad condicional”. El poeta las sabe ver. Las describe de manera que solo un extraordinario amoroso puede hacerlo.

Gabriel Zaid ha escrito que Salvador Novo es el poeta más macho de México, porque se necesitaba de mucho valor para hacer lo que Novo hizo en los años treinta: publicar un poema de amor a un carnicero. ¿Qué decir del valor necesario para publicar un poema como “Canonicemos a las putas”? ¿Qué mirada tenía el poeta que le permitió ver todo lo que el poema dice? Nada de lo que se dice ahí es falso. El poema no trata el lado ominoso de la prostitución, que sin duda sería reconocido por el autor. Trata del lado positivo, humano, amoroso, que explica que este sea un oficio tan antiguo y tan extendido. Cualquier lector (no digamos lectora) mínimamente sensible se queda sin habla al leerlo.

Estos poemas parecen, muestran que la capacidad seductora de Sabines no estaba en su labia, verbo o rollo. No es que tuviera la habilidad de decirles a las mujeres “lo que ellas quieren oír”. Es que era capaz de ternura. De verla, sentirla y expresarla.

Algunos ven en el autor de Los amorosos un subversivo, “el gran inconforme, el dueño de una rebelión auténtica” (Monsiváis). Seguramente es cierto. Yo lo veo como alguien que aceptó la realidad que le tocó vivir, que supo convivir con dolores y alegrías, plenamente. Por eso pudo ver a las secretarias, a las empleadas domésticas y a las sexoservidoras (fea palabra) como las vio. Por eso entró al PRI de su tiempo, y describió su ingreso como si fuera lo más natural: “como quien va a una escuela en su pueblo y no hay más que una”.

La poesía parece hoy fuera de nuestras vidas. Pero la poesía de Sabines ha sido excepcional: aceptada por las élites y por públicos masivos. Sorprende recordar sus lecturas en grandes auditorios, como el de Bellas Artes, llenos de gente que recitaba sus poemas de memoria mientras él los leía.

Quizá la poesía tenga alguna utilidad: puede ayudarnos a ver. Lo escrito por Jaime Sabines es un buen ejemplo.

[Nota: Texto redactado en el seminario de lectura de Jaime Sabines impartido por el Dr. Ricardo Cuéllar Valencia en el Complejo Cultural Universitario de la BUAP. Los entrecomillados que no se refieren a poemas de Sabines son del excelente libro de Pilar Jiménez Trejo: Jaime Sabines. Apuntes autobiográficos].

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