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OPINIÓN

Desánimo

El PRI gana pero pierde en ánimo. MORENA y el líder monolítico. La historia enseña. El PAN abajo.

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Junio 7, 2017

Las elecciones en el Estado de México generaron un desánimo cívico y político en casi todos. Hasta los ganadores se ven tristes. Como si el triunfo de los priistas en el Estado de México, en caso de ratificarse, les hubiera costado más de lo que vale. Como si hubieran perdido ganando: perdido en su imagen ante la mayor parte de la sociedad mexicana, y quizá, en la imagen de sí mismos.

Perdió también MORENA. Dio señales de un triunfo indudable, con datos curiosos (“ganamos una casilla en Atlacomulco”). Pero no pudo ganar con contundencia, a pesar de la debilidad de sus adversarios, de la mala imagen del PRI, del supuesto estado terminal del PRD, del panismo que empezó peleando el primer sitio y acabó en el cuarto lugar. Quedó claro que la propuesta de López Obrador mueve solo a un sector de la sociedad. Que por más debilitados que estén sus adversarios estará lejos de la mayoría absoluta. Pasó en el Estado de México y pasará, muy probablemente, a nivel nacional.

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El único que parecía festejar era el candidato del PRD, Juan Zepeda. Parte de la explicación es que este partido se le ha considerado en fase terminal. Sin el líder carismático que tuvo primero en Cárdenas y luego con López Obrador, ahogado por las pugnas internas, sin liderazgos claros, sin programa de gobierno claro y distinto, parecería que no tiene ya gran cosa que hacer. En la elección mencionada pasó del cuarto al tercer sitio, con una votación similar a la que obtuvo hace seis años. Parecería que aún hay vida para el PRD.

La misma elección lleva a pensar en las alianzas. Hay quien en automático suma los votos perredistas y morenistas bajo la etiqueta de “la izquierda”. “Si la izquierda se hubiera unido…”. Pero no se unió en el Estado de México, ni en Coahuila, ni en Nayarit, ni en Veracruz. Quienes sí se unieron, y les fue bien donde lo hicieron, fueron el PRD y el PAN.

¿Por qué las izquierdas no se unieron, y sí lo hicieron “izquierda” y “derecha”? Podría ser porque no entienden sus propios intereses e identidades. Porque no son congruentes y cometen errores. Pero puede ser también que los términos izquierda y derecha ocultan la realidad política más que mostrarla. ¿Es de izquierda centrar la política en una sola persona? Revisando la historia se podría responder que sí: Lenin, Stalin, Mao, Castro, Hugo Chávez. Los regímenes de izquierda más importantes se han centrado en un solo hombre, que ha tenido el poder prácticamente hasta su muerte.

El problema es que nadie en la izquierda aceptará esto. En ningún texto importante de esta corriente se señalará que se debe concentrar el poder político en una persona. Ciertamente, la despreocupación por los problemas específicamente políticos en el marxismo y en otras doctrinas da lugar a eso. Pero es un resultado no deseado, involuntario, incluso no visto por muchos aún ahora que es evidente.

La alianza con MORENA no se dio en la elección pasada, dicen los perredistas, porque lo que MORENA pedía no era una alianza, sino una sumisión. Un signo más de que MORENA más que partido movimiento, es el partido de una sola persona. Muchos vemos en esta organización rasgos del priismo de mediados del siglo XX. Hay interpretaciones de la historia oficial, esa historia patria para niños que creó aquel régimen, reproducidos de manera acrítica en los textos de López Obrador. Pero hay quien va más lejos: hay rasgos del Maximato en ese partido. Hay concentración de todas las decisiones relevantes en un “Jefe Máximo”.

Puede que el caso más triste sea el del PAN. Ciertamente hubo calumnias contra su candidata, que se aclararon de manera tardía. Pero eso no explica la caída blanquiazul. Ni la candidata ni el partido convencieron. No se presentaron como una opción viable ante la ciudadanía mexiquense. Y no es que la marca no venda: al inició las encuestas ponían al PAN entre los probables ganadores.

Coincido con los muchos que proponen una segunda vuelta para elecciones presidenciales y de gobernador. Le quitaría presión a la primera. No se buscarían votos a como diera lugar, no habría obsesión lograr unos cuantos votos que hoy día hacen la diferencia. Las elecciones con más de dos partidos suelen concentrarse en los dos más fuertes, por la cuestión del voto útil. Antes de la elección ya habría señales claras de quienes serían esos dos.

A la segunda vuelta se llegaría con más claridad. Y quizá con un ánimo más sereno. Es posible que las probabilidades de un empate disminuyeran. Además del argumento más visible, y quizá más importante: el ganador tendría más legitimidad.

Pero nuestra clase política da la imagen de estar muy preocupada en acceder al poder y ejercerlo en provecho propio. Y no tanto en generar bienes públicos. Como sería, a juicio de muchos, la segunda vuelta electoral. Están pensando en corto, calculando si les conviene o no a sus intereses particulares. Y no solo en el tema de la segunda vuelta.

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