Entre presidentes municipales existe la sospecha de que rodará al menos una cabeza por la violencia desatada en el territorio de los huachicoleros. La guillotina podría caer en algún Ayuntamiento, si es que los ediles insisten en enjaretar todo el problema al gobierno del estado que en años recientes dejó "florecer" el robo de combustible, tal como acusó el Secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos.
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Hay datos que los ediles poblanos comparten entre ellos y dirían por ahí "entre gitanos no se leen las manos" respecto a quienes nunca solicitaron formalmente el refuerzo policial en las zonas donde ya operaban los chupaductos. Sabían que los delincuentes estaban ganando terreno y decidieron cruzarse de brazos.
Los alcaldes consideran que la Federación debió entrar con el Ejército Mexicano al menos 5 años atrás para evitar que la ingobernabilidad llegara al denominado Triángulo Rojo aunque tampoco exentan al gobierno del estado de su responsabilidad en un conflicto desbordado. Llegó el momento de la repartición de culpas después de la cruenta batalla entre militares y delincuentes en Palmarito, con un saldo de 10 muertos.
¿Será que en un intento por despresurizar la indignación nacional que ha causado la escena de un militar disparando a la cabeza de un civil (presunto delincuente) en Palmarito, la atención pública se concentre hacia los ediles cómplices de los huachicoleros? Varios alcaldes duermen nerviosos.
Sobre los hechos de esa noche trágica del 3 de mayo en el estado de Puebla, los soldados han sido duramente criticados por su protocolo de actuación en la refriega contra el grupo de "El Toñín". El tiro en la cabeza es inadmisible así como los intentos mezquinos de preponder solamente la versión de los huachicoleros a través de la prensa.
Los militares están pagando culpa de terceros y por eso escribe uno de ellos ¡No echen nuestro sacrificio al carajo!. La expresión aparece en una carta publicada en internet que retomó el portal Tribuna de Campeche esta semana, la cual reproduzco porque me parece que refleja el estado anímico de la tropa y la decepción que sienten de su propio país, que le regatea su esfuerzo diario.
La columna se titula En defensa del Ejército:
En los últimos días surgió un escándalo que involucra a las Fuerzas Armadas del país en el tema de derechos humanos. La violación de los derechos humanos por parte de militares es un tema muy conocido y no se debe de ocultar, sin embargo, no es para justificar el actuar de nuestros hermanos de armas; solo diré lo siguiente y quedará a criterio de la sociedad.
Los soldados ya estamos cansados de toda esta narcoguerra, de capturar crimínales y que en poco tiempo salgan libres, porque las demás autoridades no hacen su trabajo.
Estamos cansados de ver cómo emboscan a nuestros compañeros de forma cobarde, y que ninguna autoridad, ONG’s o la misma Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), hagan algo.
Estamos cansados de que nos acusen de “uso excesivo de la fuerza” cuando combatimos a los narcos, pero cuando el narco nos ataca en poblados llenos de civiles, con todo lo que tiene, nunca se dignen siquiera a investigar.
Perdemos compañeros en esta “guerra”, y aunque eso no debe ser motivo de venganza, siempre nos dejará a nosotros ese dolor; ese dolor de ver hermanos caer y que nadie haga algo, porque somos nosotros los que salimos a partirnos la madre con los sicarios, no tú, “defensor” de los derechos humanos; no tú, miembro de alguna ONG que nos acusa de lo peor; no tú, que te quejas de nuestro trabajo en la comodidad del hogar.
Hemos perdido compañeros que han sido “levantados” en su día libre y los han torturado hasta matarlos; han matado a las familias de nuestros compañeros en represalia. ¿Creen que eso no nos duele? Y sé que no faltará quien diga: “si no pueden con su chamba, sálganse”. Y a quien lo piense, le pregunto: ¿Qué espera para tomar un arma y combatir al sicario? A ver si es tan fácil como dicen. Claro que podemos con este trabajo, pero nos atan las manos como si nosotros fuéramos los enemigos.
Queremos que el país sea mejor, y si para lograrlo hay que morir o quedar mal de por vida, con gusto aceptamos el precio; pero no echen nuestro sacrifico al carajo.
Hemos tomado medidas drásticas para combatir al mal, pero si tanto les hiere que violemos los derechos humanos del sicario “inocente”, entonces hagan la chamba ustedes.
Pero qué sociedad tan doble moral e hipócrita tenemos; cuando unos soldados torturaron a una secuestradora para que dijera dónde tenía a una de sus víctimas, medio México se indignó; pero cuando la misma gente lincha a un ladrón o lo mata, hasta le aplauden.
A todo esto, para terminar solo diré que si mucha desconfianza nos tienen los representantes de los Derechos Humanos y la sociedad, mejor regresemos a nuestros cuarteles. Regresemos a los cuarteles para que tengan la confianza de que nadie le tocará un pelo al sicario. Si mucho aman a sus criminales, quédense con ellos y no vengan de rodillas a pedir que se haga algo.
Quiero ver cuánto tiempo dura el país sin un soldado partiéndose la madre en la sierra y conteniendo este mal. Pero si les indigna nuestro actuar, no olviden que cuando la operación fue difícil y peligrosa nunca dijimos que no y nunca dimos un paso atrás, pues muchos vivimos eso y lejos de salirnos aquí continuamos, solo para tener una oportunidad más de cambiar el país.
Compañeros soldados y marinos, jamás pidan perdón por defender a su patria.
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