El síndrome de estrés post-traumático es una enfermedad mental que se produce después de un evento altamente estresante como puede ser una violación, abuso infantil, exposición a cadáveres o a ejecuciones presenciadas por soldados o civiles durante la guerra. El paciente manifiesta recuerdos ante situaciones que le recuerdan la situación bajo la que padeció la agresión, pesadillas en donde se recuerda las situaciones en las cuales se generó el estrés, así como ansiedad generalizada con aumento de la frecuencia cardíaca, presión arterial, boca seca, etc., similares a las que manifestamos al asustarnos. La enfermedad es altamente discapacitante y es un problema creciente entre fuerzas armadas en conflicto, o bien civiles que hayan padecido secuestro, violación o tortura.
En una conferencia reciente en Oakland, California, en los Estados Unidos de Norteamérica se presentaron los resultados en un grupo de 107 pacientes que padecen síndrome de estrés post-traumático a los cuales además de psicoterapia se les administró 3,4 metilenedioxymetanfetamina, también conocida como éxtasis o Molly, después de un año de tratamiento se obtuvo una mejora de un 67%, mientras que un 23% de los que recibieron psicoterapia y una pastilla placebo. El placebo es un componente poderoso de la terapéutica, ya que se ha mostrado tener efectos benéficos de alrededor de un 25%.
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En estos estudios realizados por el Dr. Michael Mithoefer de la Universidad de Carolina del Sur muestran que el éxtasis es mejor que las drogas que inhiben la recaptura de serotonina con una disminución de la respuesta de miedo, lo que facilita el tratamiento con psicoterapia ya que no se tiene el miedo asociado a la experiencia traumática. Dado que esta droga genera una fuerte adicción debe ser administrada bajo condiciones de supervisión médica estrecha. Este es un ejemplo más de que la división entre drogas legales e ilegales es solo política y no basada en el conocimiento.