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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El INEE y nuestro (falso) concepto de autonomía

Autonomía es tomar también determinaciones legales y políticas. Cumplir lo que marca la ley.

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Domingo, Mayo 7, 2017

“Como se establece en el decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación, a partir del 26 de febrero de 2013 el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación se convirtió en un organismo público autónomo, con personalidad jurídica y patrimonio propio.
En esta nueva etapa, el INEE tiene como tarea principal evaluar la calidad, el desempeño y los resultados del Sistema Educativo Nacional en la educación preescolar, primaria, secundaria y media superior”. 

¿Qué es el INEE?

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(http://www.inee.edu.mx/index.php/acerca-del-inee/que-es-el-inee )

 

A raíz del fin del período de la Mtra. Sylvia Schmelkes del Valle como presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) se han vuelto a generar muchos artículos en diversos medios y posicionamientos en las redes sociales en los que a partir de la enorme polarización que se produjo por la creación del Servicio Profesional Docente (SPD) y el establecimiento de la evaluación docente a nivel nacional como mecanismo para el ingreso, la promoción y la remoción de los trabajadores del Sistema Educativo Nacional (SEN) se hacen planteamientos erróneos o intencionalmente sesgados acerca del papel del instituto y de su autonomía.

 

Un primer elemento que llama la atención es la lectura que se hace del relevo en la presidencia del INEE a partir de la mentalidad aún predominante que interpreta todos los acontecimientos institucionales desde la visión del viejo sistema centralista, corporativo y autoritario del pasado que vivió el país durante las décadas que duró lo que Mario Vargas Llosa denominó “la dictadura perfecta”.

 

Las noticias, análisis y reacciones del término del período de Sylvia Schmelkes al frente del instituto manifestaron sorpresa, extrañeza, incertidumbre o aun cierta dosis de gusto frente a la “salida del INEE” de su primera presidenta en la nueva etapa como organismo autónomo del Estado mexicano. Muchas de estas manifestaciones parecían partir de que este movimiento era una decisión desde “arriba” motivada por criterios políticos y de la idea de que  Schmelkes dejaba el instituto.

 

La realidad es que todo estuvo dentro del marco normativo del INEE y respondió simplemente a lo que su propio estatuto legal establece. La presidencia estaba planteada para durar cuatro años en esta primera etapa y según el estatuto orgánico del INEE, no hay posibilidades de reelección. Por otra parte, el nombramiento de todos los consejeros está estipulado por siete años de manera escalonada, por lo que a Sylvia Schmelkes se le vence hasta el año 2020 y el mismo estatuto marca la posibilidad de una sola reelección en el caso de todos los consejeros, estableciendo un máximo de catorce años en el cargo.

 

De manera que el nombramiento del Dr. Eduardo Backoff como nuevo presidente del INEE respondió simplemente a los procesos establecidos legalmente para regir la vida y el gobierno del instituto. Nada qué leer en términos de especulación política, aunque la gente parece seguir sin entenderlo.

 

Por otra parte, a raíz de este movimiento han resurgido la “crítica” –más bien la descalificación- y el encono hacia el instituto al que se mira como un instrumento “perverso” al servicio del gobierno federal para instrumentar “las políticas de evaluación punitiva contra los docentes del país” y abonar a las “tendencias privatizadoras” de la educación pública.

 

Varios analistas han hablado de que el INEE era “más autónomo cuando no era autónomo” o de que el instituto no es en realidad autónomo porque ha sido el encargado de instrumentar la Ley del Servicio Profesional Docente y el Sistema Nacional de Evaluación.

 

En estos juicios hay una idea falsa de lo que es la autonomía de un órgano del Estado porque asume la autonomía como una especie de libertad absoluta –entendida como ausencia total de límites o normas de operación- que permitiría a estas instituciones hacer literalmente lo que quisieran o lo que en el caso de nuestra educación piensan y sienten nuestros teóricos, investigadores y opinólogos que es lo correcto.

 

Pero la libertad como afirma el filósofo canadiense Bernard Lonergan no es indeterminación –ausencia total de condiciones- sino autodeterminación –capacidad de autodirigirse dentro de las condiciones planteadas por el contexto- o como afirma el pensador francés Edgar Morin, es autonomía-dependiente.

 

A manera de ejemplo podemos decir que un país necesita de una política monetaria para poder dirigir su economía con ciertos márgenes de orden y estabilidad. En el caso de México se estableció en el año que el Banco de México (BM) fuera el órgano autónomo del Estado responsable de dirigir la política monetaria del país. ¿Podría afirmarse que el Banco de México no es autónomo porque se dedica a cumplir con esta tarea que le marca la ley, en vez de fabricar y regalar billetes a todos los mexicanos que tantas necesidades tienen para vivir dignamente? Sin duda la respuesta es no. El BM tiene total autonomía para establecer los criterios de política monetaria desde sus conocimientos y análisis técnicos y siempre en diálogo y muchas veces en tensión y conflicto con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público o con el titular del ejecutivo federal.

 

De la misma forma, el INEE tiene total autonomía para establecer los criterios, mecanismos, instrumentos y procedimientos y para emitir los lineamientos que guíen la evaluación de todos los elementos del Sistema Educativo Nacional (SEN) y tiene que dedicarse a eso puesto que esa es su misión establecida por la ley. Para esto fue creado y no por ello deja de ser autónomo.

 

También es cierto que igual que en el ejemplo del BM, la autonomía del INEE no implica “pureza” absoluta frente a la autoridad encargada de la operación del SEN que es la Secretaría de Educación Pública y que en su labor como responsable de la evaluación tiene que dialogar, negociar, entrar en tensión y contradicción, llegar a acuerdos y a veces ceder ante ciertas condiciones que le plantea esta relación con la SEP.

 

Desde esta visión de autonomía-dependiente o de autonomía entendida como autodeterminación y no como indeterminación tiene que hacerse el análisis y la crítica de la labor que ha realizado y seguirá realizando el INEE. Esta labor de análisis es una tarea fundamental para todos los analistas e investigadores educativos que aún está pendiente porque hasta ahora lo que domina en el panorama es la descalificación y el cuestionamiento a partir de la exigencia de pureza y de la idea de autonomía como ausencia total de determinaciones legales y políticas. 

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