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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El celular

La junta de la mamá. El teléfono. La escucha accidental. Las angustias maternas. El rápido traslado

Ignacio Esquivel Valdez

Ingeniero en computación UNAM. Aficionado a la naturaleza, el campo, la observación del cielo nocturno y la música. Escribe relatos cortos de ciencia ficción, insólitos, infantiles y tradicionalistas

Martes, Abril 25, 2017

Paola llegó justo al iniciar la junta. Su prisa se debía a que ella era quien la había solicitado y era difícil hacer coincidir las agendas. Revisó en su computadora que el material a mostrar estuviera disponible y esperó a que los convocados llegaran. En ese momento su teléfono celular estaba timbrando con el tono de llamada que había reservado a su hija Amelia. Vio que tenía algunos minutos y contestó:

—¿Bueno? ¿Ame?

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—Sí mamá ¿recuerdas que hoy vienen mis compañeros a hacer la tarea?

—Es cierto, es la primera vez y espero no haya ningún problema ¿ya llegó alguien?

—Sí, Naty, estamos platicando en lo que llegan los demás ¿me das permiso de tomar del refresco que está en el refri para ofrecerle?

—Sí, pero tengan cuidado de no derramarlo.

—O de limpiar bien, jejejejeje.

—¡Ame!

—Está bien, está bien, verás que cuando llegues todo estará OK.

—Bueno, hija, adiós.

Colgó con apuro, pues ya estaba completa la concurrencia y para no distraerse, metió el aparato en su bolsa de mano. La reunión fue rápida y sin contratiempos, Paola se sentía satisfecha con los resultados y conclusiones y al llegar a su oficina se dejó caer en su asiento relajada. Metió la mano al bolso para sacar su teléfono y se dio cuenta que la llamada con Ame no la había terminado, pues en lugar de colgar, había dado tap al botón de silencio. A punto de colgar la llamada escuchó por el auricular:

—No Nat, eso no es de amigas, yo confié en ti, eso ni a mis papás se lo diría.

Paola se quedó pasmada ente tal declaración ¿qué tendría que esconder su hija si apenas tenía diez años? Se percató que el indicador de silencio estaba activado y decidió seguir escuchando. La amiga contestaba:

—Creo que estás exagerando, como dice mi mamá, ni que fuera para tanto, además sólo se lo conté a mi mejor amiga.

—O sea que yo no lo soy ¿verdad? Por eso no te importa lo que pase. Pero ya me tienes harta.

Es ese instante se escuchó el sonido de un golpe. La niña gritaba casi con histeria mientras se escuchaba un alboroto, como si la víctima quisiera huir y no pudiera mientras suplicaba no la tomara de los cabellos. Paola se alarmó y pidió infructuosamente le contestaran qué pasaba. Se percató que el indicador de silencio continuaba puesto y al intentar activarlo no ocurría nada, el aparato se había trabado. La única manera de hacerlo funcionar era quitando la pila, pero Paola no quería hacerlo. Tomó su bolso y corriendo se dirigió al estacionamiento, arrancó el auto mientras la bocina del celular daba cuenta de gritos y llanto. Naty suplicaba:

—Ya no me pegues, no lo hice con intención, recuerda, somos amigas.

—Pero no las mejores amigas, prefieres a otras que a mí.

—No, no, ya no por favor.

Paola sentía el pulso en la cara y respiraba con dificultad mientras evadía obstáculos y se pasaba los altos con tal de llegar lo más pronto posible. Desconocía a su hija, ya no tanto por tener algún tipo de secreto, sino porque quisiera arreglar el problema con tal violencia, no podía recordar que alguna vez hubiese dado muestras de una carácter irascible e incontrolable. Los diálogos continuaban y llegó el momento en que parecían hablar con tranquilidad, pero en un nuevo arranque, el ruido de la pelea se reanudó con gritos. Paola llegó a la acera enfrente del edificio donde vivía y apenas apagó el auto se dirigió corriendo a la puerta y luego al elevador. En el teléfono se escuchaba el llanto ahora de Ame:

—Yo te pedí que me guardaras el secreto, que me escucharas y entendieras.

Dentro del elevador al señal no llegaba muy bien, por lo que la llamada se interrumpió ante la angustia de Paola, quien al abrir la puerta corrió por el pasillo en donde se podía escuchar la voz de su hija. Dio un paso:

—Naty, por favor.

Otro paso más:

—No me hagas esto.

La puerta del departamento parecía alejarse de Paola mientras escuchaba:

¡Noooooo! ¡Despierta, despierta!

De pronto la puerta llegó a ella como empujada por un relámpago y ofreciéndole la manija. Todo sonido de alrededor se esfumó para poder escuchar lo que pasaba adentro y el click del cerrojo fue el preámbulo de sus peores miedos.

Al entrar vio a cuatro muchachos sentados en la mesa del comedor con varios objetos. Naty y Ame estaban sentadas frente a un micrófono y ésta última dijo:

 —¡Hola, mami! Acabamos de grabar una radionovela.

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