A tres meses de la toma de posesión o Inauguration Day del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es poco el tiempo para hacer un balance general de su administración, pero sí podemos tener algunos elementos para analizar su bajo rendimiento en cuanto a las políticas internas y diplomáticas que ha llevado a cabo el "Jefe de Estado" norteamericano.
Al parecer el presidente de los Estados Unidos tiene problemas para cumplir con sus promesas de campaña y por eso no ha podido superar el papel de candidato a la presidencia, de hecho, continúa utilizando su cuenta personal de Twitter @realDonalTrump para polarizar sobre temas de interés nacional e internacional, mientras que su cuenta oficial @POTUS, claramente llevada por el equipo de prensa, mantiene en un perfil más diplomático y en varias ocasiones ha tenido que "corregir la plana" al mandatario.
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Ya como presidente de los EEUU ha acusado al expresidente Obama de espiar su campaña a través de los servicios de inteligencia del Reino Unido, algo que el director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) Michael Rogers, declaró: “sin sentido” y “absolutamente ridículo”.
Trump es un mitómano y narcisista, que además está obsesionado con compararse todo el tiempo con el expresidente Obama tratando de demostrar que su gestión es la culpable de los problemas de EEUU como lo dijo durante la contienda electoral. Hoy esa tesis se está viniendo abajo, ante la clara pérdida de respaldo popular de su gobierno en tan poco tiempo. Mientras tanto, Obama se muestra como un expresidente dedicado a su vida cotidiana, alejado de los exabruptos de Trump.
A pesar de comenzar su presidencia firmando órdenes ejecutivas con lo que pretendía dar la impresión de cumplir con lo prometido como candidato, lo cierto es que su política migratoria se ha vuelto un tema de controversia a nivel mundial, lo cual quedó de manifiesto en la visita de la canciller Angela Merkel. A esto se suma la acción del poder judicial que ha invalidado las ordenes que impiden la entrada de determinados grupos de inmigrantes a territorio norteamericano.
Sin embargo, la que ha sido su más dura derrota hasta hoy, es que no pudo llevar a cabo la derogación de la Affordable Care Act mejor conocida como Obamacare, lo que estuvo a punto de dejar sin servicio médico a más de 14 millones de ciudadanos estadounidenses.
El descalabro es mayor ya que el partido republicano controla ambas cámaras y aun así no pudieron negociar con el ala ultraconservadora para obtener los votos necesarios para echar abajo una de las principales promesas de campaña, el Obamacare, por lo que nuevamente culpó a los demócratas de su fracaso. Una vez más la división de poderes en el sistema político norteamericano funcionó ante los excesos del poder presidencial.
Parece ser que, en este corto tiempo, los republicanos han reflexionado sobre su papel en esta administración y han decidido en un buen número, no apoyar a Trump, en temas que ponen en riesgo su permanencia en el congreso. Sin duda, los bajos índices de aceptación de Trump, son el principal motivo de sus decisiones. Los congresistas republicanos cada vez se muestran más decididos a no ser "compañeros de viaje" del ejecutivo norteamericano. Mientras las iniciativas de política no surjan de los legisladores republicanos, nadie estará apostando al gobierno de Trump.
La separación de poderes en Estados Unidos funciona porque los congresistas son políticos profesionales que se deben a sus electores y no arriesgarán su curules por apoyar ocurrencias de Trump afectado a sus votantes. Esa es la ventaja de la rendición de cuentas en un sistema que se defina como democrático.
El problema de Trump es que ve a la política como un show de entretenimiento, y busca con sus decisiones superar los ratings, lo que sin duda no ha logrado y antes al contrario la imagen del expresidente Obama sigue intacta al grado que se ha convertido en la "sombra" de la administración Trump. Por esta ocasión el Obamacare se convirtió en un triunfo contundente para los demócratas, pero también lo fue para los congresistas republicanos. Si la administración Trump no redirecciona sus políticas y cabildea con sus compañeros congresistas de partido y con los de oposición, éste será el camino que seguirán sus posteriores iniciativas.