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OPINIÓN

Petróleo, el oro negro en el mundo; oro rojo en Puebla

Petroleo, riqueza del país. Robo, una vergüenza. Tiángulo rojo. El obispo. Tehuacán. Policía caído.

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Martes, Enero 17, 2017

En memoria del oficial: José Saúl Alcobas Torres, caído en servicio.

Por muchos llamado el oro negro de nuestro país, el petróleo es una de las riquezas naturales de México; sin embargo, es inconcebible que municipios enteros mantengan como principal actividad económica y forma de vida la extracción y venta ilícita de un derivado de este hidrocarburo; sin importar las normas cívicas, morales y sobre todo el derramamiento de sangre que siempre será un hecho injusto e indignante para los ciudadanos.

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En los últimos meses se han suscitado enfrentamientos entre las fuerzas armadas y los llamados huachicoleros en diversos Estados del país. En Puebla, en el denominado Triángulo Rojo, integrado por los municipios: Palmar de Bravo, Amozoc, Tepeaca, Quecholac, Acatzingo y Esperanza, es en donde se registra la mayor incidencia de robo de combustible en ductos de Petróleos Mexicanos (pemex); municipios con alto grado de creencias religiosas, pero ¿Es aceptable concebir el robo como una forma de vida?, ¿Es aceptable el homicidio para lograr su cometido delictivo?

La palabra cura – encargado del cuidado, instrucción y doctrina espiritual de una feligresía,- deviene de curar los males morales del pueblo, de quienes habitaban las villas: los denominados villanos; y lo digo porque el líder religioso en el Estado hace todo, menos preocuparse por la gente, aquella a la que ha entregado su apostolado el Santo Padre Francisco I, quien recientemente ha dicho que los católicos debemos de participar en política, esto es preocuparnos por la ciudadanía.

Mucho se ha degradado la palabra villano hasta darle la connotación de maldad que hoy tiene, y en Tepanco de López se ha dado un verdadero crecimiento amoral e ilegal de gran parte de sus pobladores, lo que puede llamarse un grupo de maleantes tolerados y protegidos -por temor o no- por su población.

En esa zona se registró el decomiso más grande de combustible robado en el Estado, al asegurar un camión con más de 14 mil litros de gasolina; acto liderado por el policía federal de la División de Seguridad Regional en la Estación Tehuacán, el oficial José Saúl Alcobas Torres; quien perdiera la vida el pasado martes en San Andrés Cacaloapan, en Tepanco de López, Puebla; en cumplimiento de su deber, tras ser abatido por un grupo de veinte hombres armados que acudieron al rescate de dos chupaductos; mismos que fueron detenidos por el oficial cuando transportaban un cargamento de gasolina robada en la carretera Puebla-Tehuacán. Sin duda alguna, un acto de cobardía, pues con la vasta experiencia del oficial combatiendo la delincuencia, incluso a la delincuencia organizada –pues en años recientes estuvo en Tamaulipas, un estado considerado por los propios policías con alta peligrosidad-; y con el gran amor y compromiso con su labor y su país en un enfrentamiento parejo seguramente los hubiese abatido. Así es como atacan los cobardes y más aún aquel que ordenó matarlo, sin siquiera atreverse a dar la cara. ¡Qué marica!

Octavio Paz nos explicó muchas palabras, el agachado aquel que se esconde –los autores del cobarde crimen-. El que no se abre; así era Saúl, un hombre que enfrentaba, que no se abría.

En cuanto a Tepanco de López, su forma de vida me da lástima, la misma Biblia maldice a sus descendientes hasta su séptima generación, y a los autores del cobarde homicidio espero la justicia los castigue con todo el rigor y respetándole sus derechos, porque esa es la función del juez.

En cuanto a los que compran gasolina robada les digo que en ella verán también gotas de sangre, sangre de hombres que tratan de guardar el orden para bienestar de ustedes.

El oficial Alcobas; abogado de profesión, policía por convicción, hombre enérgico, comprometido, solidario y buen amigo es,  al igual que los miembros del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea de México uno de nuestros héroes anónimos, pues siempre representó seguridad, protección y ayuda para todos los habitantes de nuestro país, efectuando día a día grandes labores de apoyo a la sociedad de forma eficaz y oportuna pero modesta y callada, con la sencillez que siempre lo caracterizó a bordo de su inseparable chevy. Le sobreviven su esposa Karen León y dos hijas menores de edad a quienes les envío mis más sentidas condolencias.

Descanse en paz, José Saúl Alcobas Torres, caído en servicio.

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