Existe una característica común en todos los seres humanos que han habitado este planeta, que les ha permitido identificarse con su contexto y adaptarse a su realidad. ¿Cuál es esta característica? “El tiempo”; todos vivimos en un tiempo pero, ¿a qué se refiere? El tiempo es un recurso valioso, imposible de controlar, imposible de luchar en contra de él; de tal manera que lo mejor es aliarse, es decir, adecuarse, refugiarse e ir de la mano de él, en realidad la vida no cambia, cambian las personas y su forma de mirar y reaccionar a los acontecimientos, a las cosas e inclusos a otras personas. Sin embargo, una vez consciente de trabajar con el tiempo a favor, es posible controlar, predecir e incluso provocar cada una de las cosas que suceden alrededor, esta es una muy valiosa capacidad totalmente desconocida para la mayoría de las personas y valdría la pena dedicar parte de la vida para entenderlo, así la recompensa sería poder dirigir parte de esta.
El tiempo sana, permite olvidar lo necesario, sobreponerse al dolor o al rencor, evolucionar una idea, reconciliar sentimientos, adecuarse a situaciones, entender lo injusto, favorece a la tolerancia, permite lograr propósitos, el tiempo conduce historias… existe un mundo definido de acuerdo a la relación con los demás, se sitúan imágenes de acuerdo al contexto; el tiempo impone ritmos de movimiento y mecanismos de compensación de la realidad.
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“Hay una forma de experiencia vital –la experiencia del tiempo y el espacio… Llamare a este conjunto de experiencias «la modernidad». Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos” (Berman. p. 1).
La modernidad crea un sentido de pertenencia a ella, impone modelos, estereotipos, modas que inconscientemente se adoptan y se manifiestan en la vida cotidiana; la modernidad absorbe el tiempo, sugiere reacciones, estilos de vida, plantea un modelo de vida apresurado, guiado con la inmediatez para “ahorrar tiempo” y con ello se pierde la profundidad de la vida, su viveza, su resonancia.
Nada es sólido, incluso lo que en este momento refleje total estabilidad, pues esta solidez se desvanece a cada momento, conforme pasa el tiempo existen modificaciones y un rumbo distinto que dirige a las personas.
“Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” (Berman. p. 7).
Por esta razón es conveniente atesorar el tiempo del que disponemos y no en sentido de detener o bien aprehenderse de él, sino haciendo referencia a apreciar y dar la utilidad conveniente, disfrutarlo al máximo y aprovechar cada segundo, tomando en cuenta que es irrepetible cada momento y que absolutamente todo pasa, sea bueno o malo; es por ello que ser aliado del tiempo favorece determinantemente las condiciones humanas.
Bibliografía
Berman, M. (1989): Todo lo sólido se desvanece en el aire. Editorial: Siglo XXI editores. México.