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OPINIÓN

El tiempo desvanecido

El tiempo. Alianza con él. Pone las cosas en su lugar.

Nyx Diahann Sánchez Fierro

Licenciada en Psicología Social UAT. De 2011 a la actualidad se ocupa en la labor docente en distintos niveles educativos, debido a esta trayectoria estudio la maestría en Pedagogía en la UPAEP

Jueves, Enero 12, 2017

Existe una característica común en todos los seres humanos que han habitado este planeta, que les ha permitido identificarse con su contexto y adaptarse a su realidad. ¿Cuál es esta característica? “El tiempo”; todos vivimos en un tiempo pero, ¿a qué se refiere? El tiempo es un recurso valioso, imposible de controlar, imposible de luchar en contra de él; de tal manera que lo mejor es aliarse, es decir, adecuarse, refugiarse e ir de la mano de él, en realidad la vida no cambia, cambian las personas y su forma de mirar y reaccionar a los acontecimientos, a las cosas e inclusos a otras personas. Sin embargo, una vez consciente de trabajar con el tiempo a favor, es posible controlar, predecir e incluso provocar cada una de las cosas que suceden alrededor, esta es una muy valiosa capacidad totalmente desconocida para la mayoría de las personas y valdría la pena dedicar parte de la vida para entenderlo, así la recompensa sería poder dirigir parte de esta.

El tiempo sana, permite olvidar lo necesario, sobreponerse al dolor o al rencor, evolucionar una idea, reconciliar sentimientos, adecuarse a situaciones, entender lo injusto, favorece a la tolerancia, permite lograr propósitos, el tiempo conduce historias… existe un mundo definido de acuerdo a la relación con los demás, se sitúan imágenes de acuerdo al contexto; el tiempo impone ritmos de movimiento y mecanismos de compensación de la realidad.

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“Hay una forma de experiencia vital –la experiencia del tiempo y el espacio… Llamare a este conjunto de experiencias «la modernidad». Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos” (Berman. p. 1).

La modernidad crea un sentido de pertenencia a ella, impone modelos, estereotipos, modas que inconscientemente se adoptan y se manifiestan en la vida cotidiana; la modernidad absorbe el tiempo, sugiere reacciones, estilos de vida, plantea un modelo de vida apresurado, guiado con la inmediatez para “ahorrar tiempo” y con ello se pierde la profundidad de la vida, su viveza, su resonancia.

Nada es sólido, incluso lo que en este momento refleje total estabilidad, pues esta solidez se desvanece a cada momento, conforme pasa el tiempo existen modificaciones y un rumbo distinto que dirige a las personas.

“Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” (Berman. p. 7).

Por esta razón es conveniente atesorar el tiempo del que disponemos y no en sentido de detener o bien aprehenderse de él, sino haciendo referencia a apreciar y dar la utilidad conveniente, disfrutarlo al máximo  y aprovechar cada segundo, tomando en cuenta que es irrepetible cada momento y que absolutamente todo pasa, sea bueno o malo; es por ello que ser aliado del tiempo favorece determinantemente las condiciones humanas.

Bibliografía

Berman, M. (1989): Todo lo sólido se desvanece en el aire. Editorial: Siglo XXI editores. México.

 

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