Cuando en 1904, Mackinder escribió ‘El Pivote Geográfico de la Historia’, no imaginó que sería el ensayo de referencia de los bandos en pugna en la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Daba por concluida la era de los grandes descubrimientos geográficos (Colombina) y afirmaba la importancia de saber sobre otras latitudes. En 1919, publicó ‘Ideales Democráticos y Realidad’. Llamó ‘Isla del Mundo’ a la gran masa continental, dividida en: Europa Costera, Asia Costera, Arabia, Sáhara, Sud-Centro del Mundo y el ‘Heartland’. ‘El Corazón de la Tierra´ sería Eurasia o ‘Pivote del Mundo’. El control de Eurasia giraría alrededor de un corredor geopolítico: Europa del Este, que sería el centro de la disputas…
“Los Anillos de la Isla del Mundo…”
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“Quien controle Europa del Este, dominará el ‘Corazón de la Tierra’. Quien controle el ‘Corazón de la Tierra’, dominará la Isla del Mundo. Quien domine la Isla del Mundo, dominará el Mundo”. Así inició Mackinder una de las aventuras más atrayentes de la Historia y Vladimir Putin viene dispuesto a escribir el último capítulo…
Mackinder hablaba de un ‘Anillo interior o marginal’ de seguridad para Eurasia: Europa Costera y Asia Costera. Por fuera, estaba el ‘Anillo exterior’, integrado por América y Australia. Putin se apresta a la conquista de Europa, impulsando partidos aliados en las elecciones que se avecinan, para completar geopolíticamente a Eurasia, mientras Siria y Turquía serían el eje rumbo al Mediterráneo y al Sudeste asiático…
“Trump y Putin: El Águila y el Oso…”
Mackinder advertía que el dominio mundial de Inglaterra peligraría si una potencia extranjera conquistase Eurasia o si el polo dominante ahí se aliase con otra potencia. ¿Rusia y EEUU? ¿Algún parecido con el acercamiento entre Donald Trump y Putin? Para alguien como Zbigniew Brzezinski, no pasa inadvertido que el proyecto de Donald Trump podría dar la voltereta al resultado de la Guerra Fría: de haber sido Estados Unidos el país vencedor y Rusia el marginal, Putin podría convertirse en el dueño de la Isla del Mundo y del Orbe, en tanto los estadounidenses serían periféricos…
Pretender modificar los tratados trilaterales que vencieron a la URSS, amagando con salirse para ir en pos de acuerdos bilaterales, quizá convierta a Rusia en la primera superpotencia global. Es el factor de riesgo que advierte Brzezinski. Debilitar la posición de Inglaterra conduce a minar el poder de Estados Unidos en Eurasia…
Vladimir está siguiendo a Mackinder, pero no a ciegas. También lee una novela, con la esperanza de que se torne real…
“Las tres caras del poder global…”
En los últimos cien años, la geopolítica ha tenido un fuerte componente trilateral. De un modo u otro, se percibe en Mackinder, en Haushofer, Brzezinski y hasta en Trump, al intentar desmontar la élite ganadora de la Guerra Fría para implantar otra igualmente trilateralista. El escenario actual se presenta como multipolar y fragmentario, pero entre los geoestrategas parece haber propensión a configurar tres polos mundiales…
Putin es un hombre muy simbólico. Parte de Mackinder y Haushofer, autor convencido de que, en el siglo XX, el poder mundial pasaría de Occidente a Oriente, siendo Rusia la beneficiada. Vladimir cree que lo anterior se truncó con el nazismo y ha llegado la hora de cumplir lo previsto por Haushofer. Sin embargo, el futuro no lo está viendo desde la perspectiva geopolítica, sino literaria…
Corría el año de 1949, Cuando George Orwell publicó su segunda obra más célebre: ‘1984’ (en 1945 fue: ‘Rebelión en la granja’). Es una distopía, que narra un mundo regido por tres superestados: Eurasia (casi toda Europa, excepto las islas británicas, y Asia), Oceanía (América, Oceanía, islas británicas, islas del Atlántico y sur de África) y Estasia (China, Indochina, Japón, Mongolia, Tíbet y sudeste asiático). Más un corredor fluctuante: Asia Central, África Central, Medio Oriente, sur de India y de Indochina…
Los tres bloques se critican, pese a poseer rasgos similares. Eurasia es regida por una especie de neobolchevismo y la tecnología permite vigilar a todos, mediante un sistema al que llama ‘El Gran Hermano’. Al iniciar los actuales programas transmitidos en directo durante meses, se usó la misma expresión para indicar que podías ver desde casa lo que hacían los participantes…
“En busca de Eurasia…”
El eurasianismo surge como resultado de dos variables. Primero, en el ámbito de los intelectuales inmigrantes rusos, afianzados a Eurasia como principio de identidad. Segundo, en respuesta al atlantismo, visto como amenaza al eurasianismo. Se entiende que, en la primera parte del siglo XX, está corriente haya sido eminentemente cultural e histórica. Lo más importante era asegurar el vínculo con el pasado, como justificación de la grandeza presente o futura. No podía ser de otra manera: el marco interpretativo fue el ‘Testamento de Pedro el Grande’ y Vladimir Putin tan caminó en esa dirección que varias publicaciones occidentales lo visualizaron como ‘zar’ de la globalidad…
Putin entendió que debía recomponer la alianza histórica del gobierno ruso con la cúpula de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Leni y Stalin, sobre todo el segundo, creyeron en la existencia de ‘tres Romas’: la católica, la bizantina y la moscovita. Concluyó que era hora de rescatar la tercera, en el contexto de la Rusia post-soviética…
En eso estaba Vladimir, cuando le hicieron ver que el eurasianismo clásico estaba superado y resultaba inviable en el escenario de la globalización. En una nueva síntesis con las teorías de Mackinder y Haushofer, y la ‘geopolítica literaria’ de George Orwell, debía ser reinterpretado y reformulado como alternativa al atlantismo, pero en el horizonte de la globalidad. De lo contrario, no pasaría de ser un proyecto, más o menos genial, de revivir el pasado. ¿Quién le está susurrando al oído a Vladimir Putin? Porque, en dupla con Putin, es el adversario a vencer por parte de Donald Trump. Lo veremos. Se trata de una mente brillante…
Hasta entonces…
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