Después de varios meses de incertidumbre electoral Donald Trump logró vencer a Hillary Clinton, en un resultado que pocos esperaban. La opinión pública internacional pasó de la duda a la sorpresa a medida que se iban conociendo los resultados del colegio electoral, sólo el triunfo en California, permitió alentar una esperanza de una posible victoria de Hillary. Los demócratas sabían que la derrota estaba cerca desde el momento que su candidata y el presidente Obama enviaron vía Tuiter, mensajes de resignación sobre los posibles resultados de la elección.
Las razones por las cuales Trump ganó son multifactoriales. Sin embargo, ninguna conclusión es suficiente ante un escenario mundial que ahora tendrá que adecuarse a la nueva realidad americana. Para México en especial puede ser el despertar del "sueño americano", al que aspiraban millones de migrantes connacionales. No es la mejor noticia, que la postura proteccionista y xenofóbica de Trump haya sido respaldada por los propios latinos y méxicoamericanos. Nuestro país no está preparado para una deportación masiva de mexicanos, y nuestra economía, no tiene la capacidad para dar oportunidades de empleo a quienes sean víctimas de esa decisión.
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La pregunta que todos nos hacemos es: ¿qué nos espera con el triunfo de Trump?
Es muy claro que los ciudadanos de EEUU en lo menos que pensaron al emitir su voto fue en las repercusiones internacionales que podría acarrear su decisión. El electorado americano, sólo pensó en los beneficios que Trump les ofreció basado en un nacionalismo económico, que hacia afuera parece difícil de cumplir, como sería echar abajo los tratados comerciales, incluido el TLC con México y Canadá o el acuerdo Transpacífico de reciente aprobación. Los analistas profesionales piensan que esto no será fácil porque el Congreso no lo permitirá, lo que se basa en la creencia de que el sistema de pesos y contrapesos del federalismo americano funciona. Nosotros décimos que sólo este tema pondría a prueba al sistema político de ese país ante la personalidad de un presidente de corte populista, que está dispuesto a romper las reglas de la política tradicional. Esa postura antisistema fue la clave de su victoria.
Hasta este momento existen más preguntas que respuestas ante la inminente llegada del millonario a la presidencia de EU. Lo cierto es que Trump está construyendo su propio escenario y blindando su gestión, aliándose a países y gobiernos de derecha principalmente en Europa, además de su "simpatía" hacia el presidente ruso Vladimir Putin. Tal vez estaremos ante el nacimiento de un nuevo orden mundial en el que Trump aspira a ser el líder de esta iniciativa lo cual a pesar de su postura mesiánica y de la cultura imperialista americana, suena imposible, en un mundo globalizado. Sus aliados de coyuntura, los" tontos útiles" para Trump, no serán suficientes, pues todavía tendrá que enfrentar los intereses de las grandes corporaciones económicas y financieras, que influyen en los gobiernos y las instituciones de todo el mundo, incluidos los Estados Unidos. Sin embargo, ese puede ser el problema menor cuando Trump anteponga los intereses económicos que representa sobre los acuerdos políticos. El magnate al parecer está buscando nuevos "socios", que estén dispuestos a ser aliados más que amigos de los Estados Unidos en este nuevo esquema.
Por lo mientras, ha encontrada en Nigel Farage a su primer aliado internacional, quien es el principal promotor del Brexit, así como en la derecha europea, Le Pen en Francia y Putin en Rusia.
El triunfo de Trump, legalmente, aún no se ha definido, y muchos le apuestan a que los “electores sin fe” pudieran revertir lo definido por los colegios electorales, basándose en que Clinton obtuvo la mayoría del voto popular; sin embargo, las manifestaciones antiTrump no son suficientes, mientras no exista un replanteamiento del sistema electoral americano para pasar a una democracia directa, sólo han surgido propuestas separatistas como la de California las cuales son igual de radicales.
A pesar del optimismo con que algunos miran la llegada de Trump al poder, viéndolo como una oportunidad más que como una amenaza, lo peor que nos podría suceder es caer en la ingenuidad. México tiene que prepararse, no sólo para una eventual deportación masiva o la construcción de un muro en la frontera norte, sino desde hoy enviar mensajes, hacia adentro y hacia afuera, de que una política de "buen vecino", pasa por el respeto a la soberanía de nuestro país. Eso se dice fácil, pero tenemos como vecino al país, todavía, más poderoso del mundo, incluido su presidente. Y eso es lo más preocupante.