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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Trump y la conciencia histórica

La elección de Trump significa sin duda un retroceso en el proceso de desarrollo de la humanidad

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Noviembre 14, 2016

“El trabajo de Lonergan concibe el proceso histórico no sólo en términos de las intenciones humanas que guían al progreso y al desarrollo en todos los campos de acción y en logros culturales, construcción social de instituciones para el bien humano…sino también en términos de sus limitaciones, decadencia e involución”.

Joseph Ogbonnaya. (Lonergan, Social Transformation, and Sustainable Human Development, p. 141).

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“El progreso procede de los valores originantes, es decir, de los sujetos que son verdaderamente ellos mismos…. Ser atento incluye el prestar atención a los asuntos humanos.  Ser inteligente exige que perciban las posibilidades hasta ahora desapercibidas o no realizadas…”

Bernard Lonergan. (Método en teología, página 57).

Todavía sin recuperarme del golpe anímico que significó para mí y para muchos ciudadanos de los Estados Unidos, de México y de todo el mundo el resultado de la elección en nuestro vecino del norte  que dio el triunfo –ampliamente en votos electorales, a pesar de su derrota por un mínimo margen en el voto popular- a Donald Trump, escribo estas líneas tratando de explicar y explicarme este fenómeno en términos de lo que Fernand Braudel llamó el tiempo de larga duración, es decir, desde la perspectiva histórica y no desde la visión del momento presente.

Mucho se ha escrito y dicho en los medios impresos, audiovisuales y digitales en los días que han transcurrido desde el día de la elección estadounidense acerca de las causas probables que explican esta derrota de Hillary Clinton que tenía al iniciar las votaciones el 80% de probabilidades de convertirse en presidenta de la nación más poderosa del planeta pero terminó perdiendo esta oportunidad histórica de convertirse en la primera mujer que ocupara ese cargo.

También es mucha la tinta y el tiempo que han corrido describiendo desde distintos ángulos el enorme peligro que significa para el mundo y en especial para México el triunfo de un personaje caracterizado por su discurso racista, xenofóbico, machista, excluyente y violento y por su visceralidad en el actuar.

Este discurso de amenaza ha empezado a traducirse en acciones de hostigamiento en contra de los ciudadanos de origen mexicano que viven al otro lado de la frontera por parte de grupos ultraconservadores que se empoderaron a partir del triunfo de un candidato que reivindica todos los prejuicios que tras la elección y los ocho años de gestión del presidente Obama, primer presidente negro en la Casa Blanca, creíamos ya superados para siempre.

La elección de Trump significa sin duda un retroceso en el proceso de desarrollo de la humanidad en camino hacia una convivencia incluyente, pacífica y justa a partir del principio de proclamado por Robert Antelme de “no exluir a nadie de la humanidad”. Se trata de un paso atrás –que todavía está por definirse de qué proporciones llegará a ser- en el tránsito de la humanidad hacia la construcción de una sociedad integralmente global que asuma al planeta entero como la Tierra-patria que postula Edgar Morin.

Pero leyendo el planteamiento lonerganiano –que coincide con los planteamientos de Morin y otros autores- acerca de las características del proceso histórico, del devenir de la humanidad en el “instante de su ser que es todo el tiempo”, podemos encontrar elementos para comprender lo ocurrido y tratar de no perder la esperanza en la posibilidad de que ese camino ascendente de la humanidad pueda seguir su marcha.

Porque como afirma Ognaya en la cita que encabeza esta entrega, Lonergan explica claramente que el proceso de la humanidad en la Historia no consiste únicamente –como nos hizo creer la promesa de la modernidad- en un progreso lineal en todos los campos de la vida sino también en decisiones y cursos de acción limitados que llevan a la decadencia y a la involución.

Una mirada a la historia de nuestra especie puede darnos claros ejemplos y evidencias de que este proceso de avance y retroceso que plantea Lonergan es parte de la naturaleza misma del desarrollo de la humanidad. Un vistazo a los procesos históricos puede también brindarnos elementos para concluir que en momentos y etapas de progreso se han gestado elementos de decadencia humana y que aún en los tiempos más obscuros de decadencia se han gestado, silenciosamente a veces, procesos que conducen al progreso y a la humanización.

No es fácil, sobre todo para las generaciones actuales, aceptar y asumir esta naturaleza dialécica del proceso histórico ni mirar los acontecimientos presentes en clave del tiempo de larga duración para conservar la paciencia histórica y seguir luchando por lo que puede realizar a la humanidad para salvarla de la catástrofe.

Vivimos tiempos que se concentran casi exclusiva y obsesivamente en el momento presente, olvidan las enseñanzas del pasado y no esperan nada del futuro.

Sin embargo una de las tareas centrales de la educación, sobre todo si se define como humanista como lo hace el nuevo modelo educativo en proceso de revisión en la SEP federal, es la formación de conciencia histórica en los estudiantes. Esta dimensión de la educación consiste precisamente en facilitar la comprensión de la historia humana en términos que van más allá de lo inmediatamente presente y la lectura de los hechos actuales como parte del dinamismo histórico que viene del pasado y apunta hacia el futuro. Este proceso, debemos enseñarlo, es dialéctico y no consiste en un camino irreductible hacia el progreso.

Otra cara de este reto de formación de la conciencia histórica tiene que ver con el desarrollo de la comprensión del papel que cada uno de nosotros juega en el desenvolvimiento de los procesos sociales y su dirección hacia el progreso o hacia la decadencia y la responsabilidad que esto implica.

Porque como afirma Lonergan el progreso procede de los sujetos que son verdaderamente ellos mismos, de los sujetos que son atentos, inteligentes, razonables y responsables y que por ello se vuelven capaces de amar a la humanidad y trabajar por su realización plena. Ojalá todos los educadores lo tengamos entre nuestras prioridades en estos tiempos difíciles que vivimos.

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