Lo que pretendo en este breve texto es hacer un acercamiento al pensamiento ético desde el enfoque de Romano Guardini, este pensador nacido en 1885, es una de las figuras más relevantes del pensamiento católico de la primera mitad del siglo XX. Desarrolló su labor académica como docente desde 1922 hasta 1962 en universidades de Bonn, Berlín, Tubinga y Múnich, abordando problemas de la filosofía de la religión, la cristología, la liturgia, la eclesiología, la ética, la política y los problemas existenciales del creyente católico.
Para lograr tal acercamiento, se tomará como principal referencia sus lecciones sobre ética (Guardini, Ética: Lecciones en la Universidad de Múnich, 2000) y partamos de la siguiente afirmación de nuestro autor:
Lo que yo entiendo por Ética es algo más que simplemente una investigación sobre lo que se debe hacer o no hacer, y los problemas resultantes. Aquí me interesa una interpretación de la existencia humana en general, tal como es posible partiendo de la obligación moral que está sobre ella y de la dignidad que le da esta obligación (Guardini, 1994b, p. 35).
Para entender esta afirmación escudriñemos lo reflexionado en la obra base. Guardini desarrolló varios cursos dedicados a profundizar en la cuestión ética, algunos de ellos fueron trabajados durante su estancia como docente en la Universidad de Berlín, y otra parte fue desarrollada en la Universidad de Múnich. Este segundo grupo de lecciones, fue recogido y publicado de manera póstuma en 1993 tras veinticinco años de su muerte, agrupando los cursos comprendidos entre 1950 y 1962. Esta publicación encierra, de forma más acabada, el pensamiento ético de Guardini y permite entrever el peso que tiene en el conjunto de su obra.
La obra se compone de dos partes. La primera se encuentra dedicada a lo que Guardini llama la ética natural y que define como “el conjunto de fenómenos que encontramos en la conciencia moral inmediata, en la naturaleza del ser humano que se nos muestra a la experiencia, en sus relaciones con otros seres humanos” (Guardini, 2000a, p. 7). En esta parte aborda asuntos como: el bien, el mal, la conciencia moral, las condiciones antropológicas que hacen posible el fenómeno ético, los niveles en que dicho fenómeno se realiza y las figuras del valor en la vida personal y en la acción. La segunda parte aborda la relación ética y revelación cristiana, en la cual busca plantear una ética cristiana.(Sanpedro, 2014)
Para enfocarse en el trabajo, abordemos el tema con la siguiente frase de Guardini:
Nosotros vamos a partir del fenómeno mismo tal como lo encontramos en nosotros y en nuestro alrededor, vamos a partir de la experiencia ética. Por tanto, voy a procurar no decir nada que cada uno no pueda comprobar directamente. Y si lo que yo diga es acertado, tendremos que reconocernos a nosotros mismos en ello (Guardini, 2000, p. 224).
Ya con estas palabras notamos un método de raíces fenomenológicas dejando de lado el mero uso de conceptos. Este punto de partida señala una clara distancia con el racionalismo aplicado a la ética y con un planteamiento formalista de la misma. No se parte de ideas preconcebidas o esquemas teóricos y abstractos, por el contrario, se parte de lo concreto. “Por lo tanto, el acto específico de conocimiento que capta lo concreto en cuanto tal, no puede ser una mera conceptualización abstractiva. Debe poseer una viva concreción, plenitud, rotundidad” (Guardini, 1996, p. 71).
Esta postura epistemológica, antepone el objeto al método y privilegia el encuentro sobre el análisis, y esto nos lleva a tener un carácter realista y existencial.
Se nota cómo la persona humana ocupa un lugar central, en tanto el fenómeno último de estudio en las lecciones, marcado por el bien como exigencia ética y la conciencia moral como órgano para el conocimiento y realización del bien:
De esta manera el bien es para cada individuo la correspondiente realización de sí mismo. En seguida se ve claro que estamos ante una tarea compleja, porque «uno mismo», es ya de por sí, un dato extremadamente complicado [...] Se plantea de este modo la tarea de conocerse y discernir dentro de uno mismo: dentro de mi ser, qué tiene derecho a realizarse y qué no. Desde este punto de vista podemos afirmar que el bien es la autorrealización del hombre acorde con la verdad de su naturaleza. La ley fundamental de la auténtica autorrealización dice que el hombre se encuentra a sí mismo en la medida que se sale de sus propios límites y se entrega a su tarea, de forma que se realiza en la medida en que, olvidándose de sí mismo, cumple la exigencia que en cada momento se le plantea (Guardini, 2000, p. 50).
La finalidad del obrar ético es entonces el conseguir ser quien se es. Dicho de otro modo, que la persona se haga persona. En ese sentido, la ética de Guardini puede tomarse como una Ética para llegar a ser (Sanpedro, 2014, p. 173).
Bajo este parámetro son fundamentales los temas de bien, mal y conciencia moral, que si bien es cierto no se podrán abordar de manera profunda en este texto, se tratará de dilucidar grosso modo para tener un referente general.
Dentro de las lecciones éticas, al momento de tratar el problema del bien como valor, Guardini sostiene que el autonomismo (problema que plantea la modernidad) se expresa en términos de subjetivismo axiológico:
El subjetivismo sostiene que el ser en sí mismo nada tiene que ver con el valor, que son las necesidades basadas en la estructura físico-psíquica las que confieren al ser el carácter de valor. Esta subjetivación llega todavía más lejos cuando Nietzsche habla de la Transvaloración de los valores. Según él, el fundamento de la existencia es la voluntad, que pone los valores según le conviene a su acto en cada momento histórico, de forma que lo que ella considera apropiado para su realización, no sólo lo encuentra valido sino que lo convierte en valores (Guardini, 2000, p. 21).
En este planteamiento, en el que de alguna forma Guardini se confronta con Nietzsche, señala lo que para el primero es el comportamiento típico del autonomismo: rechazar todo orden que no provenga de su propio criterio o deseo, reduciendo lo concerniente al bien, a una preferencia singular. Para Guardini, la experiencia singular o subjetiva del valor es insuficiente; para él:
El verdadero sentimiento del valor, la estimación, es respuesta a algo que se presenta ante nosotros y que es estimable en sí mismo. Ese algo es una característica que el ser tiene y por la cual provoca la sensación de valor (Guardini, 2000, p. 22).
La persona entonces no funda nada, sino que responde al ser. Dicha respuesta está dada en términos de encuentro, cuyas condiciones propias son la libertad y la gratuidad:
Por eso la vieja sabiduría dice que para el auténtico encuentro son un estorbo el propósito y la planificación […] Hay encerrada una verdad metafísica: que las grandes cosas tienen que ser regaladas (Guardini, 2000, p. 192).
Esto significa que la persona se encuentra con el bien en un ámbito de libertad, sin la cual no es posible la exigencia ética. Lo que propone Guardini es un giro, la persona ya no ocupa un rol principal, como quien propone, sino que ocupa un rol secundario, como depositario de una especie de don (valor) que está invitado a aceptar.
Para Guardini, la aceptación es el acto que da inicio a todo proyecto moral. En otra de sus obras dedicada a tratar temas éticos, define la aceptación de la siguiente forma:
¿Qué es lo que constituye el supuesto previo de todo esfuerzo moral para que sea eficaz, cambie lo torcido, refuerce lo debilitado y compense lo unilateral? Es la aceptación de lo que es, la aceptación de la realidad, de ti mismo, de las personas que te rodean, del tiempo en que vives (Guardini, 2006, p. 139).
Pero la verdad objetiva de la realidad es que no se da plenamente la vivencia ética en el hombre moderno, al contrario, vivimos una crisis valoral, moral incluso hasta existencial. Nuestra vida no está en orden. Se utiliza mucho la palabra «crisis», pero en muchas ocasiones en forma de mero discurso. La realidad es, sin embargo, que toda nuestra existencia ha caído realmente en una crisis que alcanza los fundamentos mismos, en palabras de Guardini:
Lo decisivo es esto: que el hombre contemporáneo está perdiendo cada vez más la intención y capacidad para realizar lo incondicionado. Pero sólo lo incondicional confiere a la vida su sentido, aunque sea en su forma negativa sintiéndose culpable. El hombre que se encuentra frente a esta situación permanece frío ante el valor, que no le conmueve. Encogiéndose de hombros se dirige a la tangibilidad de lo cotidiano. Desaparecen así los grandes pensamientos y sentimientos que justifican la existencia y en su lugar surgen realidades relativas […] De aquí salen todos esos sentimientos de vacío, de fastidio, de carencia de sentido… y que desde hace algún tiempo también son esparcidos mediante una desapacible escritura filosófica y literaria. Se trata de un asunto relacionado con el vivir cotidiano de los hombres, de una “nihilidad de la existencia” (Guardini, 2000, p. 793).
Ante esta situación o diagnóstico planteado por Guardini, él mismo nos propone una salida, que no es tanto la planeación y elaboración de una gran estrategia social o la construcción de una gran teoría salvadora, sino un camino personal de veracidad y encuentro que la crisis misma ofrece como oportunidad de salida. Y con las palabras que nos plantea nuestro autor cierro este trabajo, con la invitación que nos hace él mismo:
De lo que se trata no es de una idea teórica cualquiera, o de una reforma práctica, sino que debemos abrir los ojos y ver lo que es. Y a mí me parece que la gracia de tal ver, la tenemos hoy más cerca que antes. Nosotros podemos ver lo que es: que la autonomía fue un desafuero. Que el mundo no es autónomo sino creado. El ser humano no es un sujeto autónomo, sino un existente llamado por Dios. La cultura no es creación autónoma sino una obra que el ser humano debe elaborar en obediencia al ser de las cosas en que la verdad del creador se expresa. Esto puede verse, y constituye el supuesto de una metanoia sólo de la cual procede la renovación (Guardini, 2000, p. 799).
Así que el reto está en nosotros, en nuestro cambio de mentalidad y asumir nuestra responsabilidad cotidiana, diaria, en cada instante, reconociéndonos lo que somos y para lo cual fuimos creados, no es la postura egoísta del hombre moderno que quiere dictaminar una autonomía de todo, autonomía que lleva al aislamiento, al sinsentido, al vacío; por el contrario, al encontrarse o reencontrarse con uno mismo, nos damos cuenta de que somos seres creados y la causa y origen de nosotros está en ese ser que nos creó y al cual vamos a retornar, donde se encuentra la verdadera felicidad, donde hay alegría y plenitud y no vacío y ansiedad, por eso busquemos en lo más profundo de nuestro ser y encontraremos al SER con mayúsculas, la VERDAD que nos hará libres.
Referencias
Guardini, R. (2000). Ética: Lecciones en la Universidad de Múnich. Madrid: BAC.
Guardini, R. (1996). El contraste. Ensayo de una filosofía de la viviente concreto. Madrid: BAC.
Guardini, R. (2006). Una ética para nuestro tiempo. Madrid: Cristiandad.
Sanpedro, C. (2014). Religión, Ética y Crisis en las lecciones de Romano Guardini. Perseitas , 2 (2), 168-185.