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OPINIÓN

El acontecer de Colombia en sus placas tectónicas

Eliecer Gaytán, los antecedentes. Carta de Bogotá. Ejército de Liberación Nacional. Paz colombiana

Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Sábado, Octubre 8, 2016

Lustros antes de surgimiento de las FARC se había desatado en Colombia lo que en su historia política suele denominarse la “época de la violencia”, desatada precisamente  a  raíz del asesinato del líder liberal opositor Jorge Eliecer Gaytán.

El 9 de abril de 1948 se desataría la ira popular durante tres interminables años, hasta que, al menos de manera parcial y precaria, fuese establecido un orden de índole policial, si no es que abierta mente paramilitarista  bajo el gobierno del presidente Rojas Pinilla.

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Gaytán  había estudiado en Italia con el criminalista Raffaele  Garófalo, figura  emblemático de la escuela científica del Derecho Penal,  formación de la que hizo alarde en la tribuna del senado de la República de Colombia, desde la que, en septiembre de 1929  exhibió con alarde de fiscal, dotado del pleno dominio de las ciencias penales,  la masacre perpetrada en la región bananera por grupos armados al  servicio de la United Fruit Company.

La  exhibición de la compañía agroalimentaria “Chiquita Brands International” como eje de la organización y sostenimiento del paramilitarismo  ventilada lo mismo  ante la justicia colombiana, que la  estadounidense e incluso ante el Tribunal  Penal Internacional establecido de conformidad con el  “Estatuto de Roma y con sede en la Haya, tiene  orígenes remotos en su causahabiente la “United” desde  la referida  masacre, que no obtuvo la inmunidad del silencia a la que aspiraba gracias a la  actuación elocuente del  senador Gaytán, y que, por lo demás, fuera inmortalizada por  Gabriel García Márquez en su novela “Cien Años de Soledad”.

A los sucesos del 9 de abril de 1948  le sucedería la suscripción el 30 del mismo mes y año de la “Carta de Bogotá” constitutiva de la Organización de Estados Americanos, cuyo surgimiento, marcado así por los sucesos históricos del momento,  se erigiría en una instancia de contención ante la primera sublevación popular urbana en el continente, misma  que extendería rápidamente sus ramificación  dado que de inmediato se suscitó en Venezuela un Golpe de Estado de destituyó al novelista Rómulo Gallegos y que, por lo demás,  fue también  acompañado de un conato de rebelión cívico-militar en el Perú que culminó con un célebre litigio ante la Corte de la Haya por los alcances del derecho de asilo,  dado que el líder de la referida conspiración, Víctor Raúl Haya de la Torre se habría refugiado, precisamente, en la embajada de Colombia en Lima.

Año señero el de 1948, si atendemos  sobre todo al hecho de que es el que corresponde, nada más y nada menos al surgimiento del estado de Israel, cuya incidencia en el conflicto colombiano, al menos desde la adopción del denominado “Plan Colombia” acordado  bajo el mando del presidenta  Pastrana  aun cuando su implementación se haya asociado de manera inseparable a la  figura de Álvaro Uribe resulta del todo incuestionable.

 Desde esas fechas, es en realidad desde las que hay que  mensurar la duración del conflicto en cuestión, que abarca, ciertamente, el enfrentamiento con las FARC como otrora lo hizo con el M-19 , grupo con el que el respectivo  acuerdo de paz culminaría con la convocatoria a la asamblea constituyente de 1991 ventilada en medio de la denominada “Guerra de los extraditables del Cártel de Medellín” tal y como lo refiere Gabriel García Márquez en su reportaje “Noticias de un Secuestro”; y, asimismo,  por supuesto, con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), comandado por el padre Pérez, heredero directo de la  figura emblemática de la Conferencia Episcopal de Medellín en 1968, el cura guerrillero Camilo Torres y con el que no existe por el momento proceso alguno de negociación, al menos hasta donde la opinión pública pudiera estar enterada.

El acuerdo de paz con las FARC descarrilado gracias a una operación negra de propaganda desestabilizadora,  convirtió  por espacio de unos cuantos días al presidente Juan Manuel Santos en un cadáver política a partir del anochecer del domingo 2 de octubre para , en pocos días, recibir la gracia de la resurrección política al haber sido galardonado por el Comité  de Estocolmo con el  “Premio Nobel de la Paz”, si atendemos al sustrato y a  las placas tectónicas  de los acontecimientos  en el área podremos acaso comprenderemos a cabalidad  que es aquello  que está en juego bajo los circunstancias actuales.

albertoperalta1963@gmail.com

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