De todos es conocido, que en México desde 1968, se había venido imponiendo una plutocracia encabezada por Gustavo Díaz Ordaz (GDO) que no implicó nada de progreso para nuestro pueblo, profundizándose sólo a la corrupción y el despilfarro de lo que no era suyo, robándose descaradamente todo lo que pudo y financiando a un grupo de oligarcas, encabezado por un sujeto tramposo y falso como Luis Echeverría Álvarez (LEA), que se propuso hacer pasar en su gobierno como “redentor de causas sociales”, y quienes más bien se fueron dedicado a despojar a la sociedad.
Con las obras y servicios públicos manipulando las necesidades indispensables para nuestro país y especialmente para nuestros jóvenes, que carecen de todo y son el único futuro para que México sobreviva desde el pasado y presente siglo en las futuras generaciones.
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La política que llevó a cabo este cacicazgo sexenal en contra de los habitantes, y sobre todo que se movía en varios frentes: Es también de todos conocida, la situación de riesgo social, de violencia, de inestabilidad social, de descomposición política, de manipulación, demagogia, engaño y robo descarado de nuestros recursos públicos que padecimos en ese sexenio 1964--1970, desde hace ya muchos años; pero se trató de una política tramposa y de corte impositivo que se fue implantando de manera autoritaria por unas cuantas decisiones personales, ensoberbecidas de poder y de impunidad, que se despacharon a sus anchas del dinero público y que enmascararon sus acciones, disfrazándose de supuestos servidores públicos y abusando de sus puestos de poder.
Situación que llegó a un límite francamente intolerable de represión, con el país entero, cuya ambición desmedida de disponer el poder omnipresente verdaderamente insoportable para las demandas sociales en un principio de carácter estudiantil. Fortuna mal habida, utilizando para ello el poder municipal y el dinero público.
GDO se dedico a encabezar, junto con LEA donde forjaron una serie de acciones encaminadas a destruir nuestra vida social productiva, nuestras aguas, nuestras tierras, nuestras fuentes de trabajo y nuestra escasa estabilidad social, con el claro propósito de empoderarse de nuestros recursos en general, de los recursos públicos y de imponer a los futuros gobiernos sexenales de nuestro pueblo, rompiendo con la paz, armonía y con la vida productiva de la sociedad y condenando a generaciones de jóvenes a un futuro de violencia, de delincuencia, de inseguridad y de pobreza como ocurre hoy día.
Por ello el combate y la erradicación de esa soberbia que oprime, saquea e impide el progreso de la ciudadanía, representa la lucha central del legado del movimiento estudiantil popular de 1968, hasta su total desaparición de la soberbia y substitución por un modelo de democracia política y social, incluyente, en el que se logren acuerdos mediante el diálogo, para construir un país más justo, con una democracia que respete derechos humanos, incluyente, participativo, con rumbo y progreso social para todos.
Estos fueron los puntos que conformaron, como en estos tiempos, los objetivos de la lucha social reivindicativa, para darnos cuenta de la magnitud del problema que vivimos o del hoyo en que hemos caído, valdría la pena hacernos algunas reflexiones, como las planteadas, que ilustran la grave situación que se repite hoy día a 48 años de conmemorar el 68.
Con base en todo lo aquí expuesto, en nuestro país la sociedad en general, debe seguir dando una batalla sin cuartel al estado autoritario que actualmente gobierna y quieren seguir mal gobernando a México, que se sigue conduciendo por el camino de la corrupción, el robo y saqueo descarado de los recursos públicos, y sobre todo porque este grupo oligárquico que encabeza Enrique Peña Nieto (EPN) continúa con la mala intención de vender los recursos naturales con sus Reformas privatizadoras y a seguir imponiendo gobernadores como el de Puebla que se sometan a sus intereses mafiosos y corruptos y no a los intereses sociales y colectivos de la nación y, a dar esta batalla hasta terminar con la existencia del actual gobierno neoliberal que sólo se dedican a violar los derechos humanos con proyectos de muerte, de mineras o hidroeléctricas, etc., etc., se debe organizar un mejor futuro y de progreso para nuestras nuevas generaciones.
Y entre todos aquellos que compartan la lucha del movimiento de 1968 y sus objetivos: pequeños propietarios, usuarios de aguas, campesinos, trabajadores y productores en general, pequeños empresarios, comerciantes, artesanos, grupos de jóvenes, asociaciones civiles, partidos políticos democráticos que tengan una visión social, de progreso y de diálogo en la búsqueda de acuerdos, amas de casa, taxistas, profesores, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, a luchar y defender: un nuevo Estado Social y Democrático de derecho en México.