Durante 65 años, comprendidos entre el 4 de marzo de 1929 y el 1 de diciembre de 1994, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos otorgó al presidente de la república la facultad de designar, unipersonalmente, a los gobernantes del Distrito Federal. Lógicamente todos ellos surgieron siempre de las filas del PRI y de sus 2 versiones anteriores. El PNR y el PRM.
Dentro de esta rutina, a los habitantes de la capital del país, únicamente les reconocía la obligación de aceptar a los gobernantes que resultaran buenos, tolerar a los regulares y soportar, contra su voluntad, a los peores.
Más artículos del autor
Fueron 13 lustros de hegemonía priista en el Distrito Federal. Tiempo suficiente para crear, entre los capitalinos, un ambiente de hartazgo en contra de todo lo que oliera a PRI.
En 1993, poco antes de concluir el mandato del presidente Ernesto Zedillo, se promovió una reforma constitucional para que los gobernantes capitalinos fueran electos, en lo sucesivo, mediante el voto secreto y directo de los electores.
El repudio generalizado contra el PRI y la inconformidad popular que produjo el supuesto fraude electoral de 1988 (supuesto, no porque no se haya cometido, sino porque fue imposible demostrarlo documentalmente, debido a que el gobierno manejaba, en forma absolutista, los procesos electorales), se reflejó, sin obstáculo alguno, en las elecciones locales de 1997.
Así de esta manera, por primera vez en la historia del Distrito Federal, se produjo la alternancia gubernamental con la derrota del PRI y el triunfo del PRD.
Sin embargo, no hubo de transcurrir mucho tiempo para que la ilusión ─y necesidad─ de contar con buenos gobiernos de izquierda se viera avasallada por una espiral desvanecedora que puede hacer crisis, en cualquier momento por lo errático del gobierno de Miguel Ángel Mancera Espinosa.
Alternancia que tras 19 años de gobiernos perredistas grisáceos como los de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador y nefastos, además de altamente corruptos, como los de Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera Espinosa, ha resultado costosa para la Ciudad de México y sus habitantes, en materia de calidad de vida.
Cárdenas, López y Ebrard, utilizando como trampolín al gobierno del Distrito Federal en su beneficio personal, trataron de obtener la candidatura presidencial.
Los 2 primeros lograron su propósito, pero Cárdenas, quien gobernó a duras penas 1 año 9 meses, fue derrotado por Vicente Fox y López resultó vencido por Felipe Calderón, tras 4 años 7 meses de gobierno. El multimillonario fraude que se cometió durante el gobierno de Ebrard en la construcción de la Línea Dorada del Metro, hizo inviable la candidatura presidencial de quien desde hace más de 2 años se encuentra refugiado en la ciudad de París.
Mancera, el peor de los 4, merece mención especial.
Los lectores preguntarán: ¿Cuál es la razón por la que durante 19 años continuos el Distrito Federal y ahora la Ciudad de México, han estado bajo el mandato de gobernadores ineficientes del PRD?
La respuesta es sencilla. ¡Porque han lucrado con los programas sociales!
En vez de contar con gobernantes de mejor calidad para avanzar en la impartición de servicios públicos suficientes, eficientes y de mejor calidad, los perredistas resultaron peores que los priistas.
Hoy esta importante entidad federativa vive los tiempos más críticos de su historia, con Miguel Ángel Mancera Espinosa al frente del gobierno de la Ciudad de México.
La situación de la capital del país se ha agravado notoriamente. La inviabilidad de la ciudad, evidentemente, avanza en forma inexorable. En muchos aspectos es invivible. Los servicios públicos cada día empeoran.
El transporte público de pasajeros está en crisis. El servicio concesionado a particulares (autobuses, microbuses y taxis) se proporciona, mayoritariamente, en vehículos viejos y en mal estado físico y mecánico, ante la negligencia, tolerancia y complicidad de las autoridades.
El metrobus es insuficiente en unidades de transporte y en cantidad de líneas.
El Metro, que hasta hace 19 años era motivo de orgullo para el país, no únicamente para su ciudad capital, hoy ofrece el servicio de transportación con 33% de unidades menos (por descompostura) y mayor cantidad de pasajeros (por incremento de la demanda).
La mayor parte de las vialidades de la ciudad están colapsadas por una creciente cantidad de baches ─y hoyancos─ difícil de cuantificar. En este aspecto el gobierno de Mancera ha mostrado incapacidad para resolver el problema.
El desperdicio de agua potable por mal estado de la red pública de distribución constituye otro de los principales problemas de la ciudad. Alcanza hasta el 40% de pérdida (que pudiera evitarse), según un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).
Poco, muy poco ─o nada─ , ha hecho el gobierno de Miguel Ángel Mancera para
renovar la red de distribución que desde hace años llegó al final de su vida útil.
En el mejor de los casos, solamente se mal atienden las fugas de agua.
El sistema de drenaje público es semejante.
La corrupción e ineptitud en las instancias del gobierno capitalino es evidente. Sobre todo en las secretarías de Seguridad Pública, de Movilidad, del Medio Ambiente, de Educación y en las 16 delegaciones políticas.
Las invasiones de predios e inmuebles deshabitados se extienden por diversos puntos de la ciudad bajo la conducción de grupos y organizaciones vinculadas al PRD sin que ninguna autoridad les ponga freno.
Los actos delincuenciales van en aumento ante la ineficiencia de la policía y en muchos casos con su complicidad. Abundan los asaltos a mano armada en medios de transporte público de pasajeros ─metro, metrobus, microbuses, autobuses y taxis─ y en la vía pública. Ante la falta de confianza en las autoridades judiciales pocos casos son denunciados y de los que se denuncia el 98% quedan sin castigo.
Lo mismo sucede con los robos en cajeros automáticos y casas habitación.
Todos estos acontecimientos se han tornado más intolerables porque el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera Espinosa en vez de cumplir con sus obligaciones de gobernante, desde hace dos años está dedicado a promocionar políticamente su imagen en busca de la presidencia de la república por el PRD.
En días y horas laborales viaja a diferentes entidades federativas con la finalidad de establecer posibles alianzas con gobernadores y hasta con algunos presidentes municipales.
Su demencial y desbocada carrera por la presidencia, le ha nulificado la capacidad de observación a Miguel Ángel Mancera Espinosa porque no le permite enterarse que de los aspirantes a obtener la ansiada postulación, es el peor posicionado con porcentajes que oscilan entre el 6% y 9% de la intención del voto, según la más reciente encuesta levantada por el periódico Reforma.
Esta es una magnífica noticia para el país, dentro del desfavorable futuro que se vislumbra para los mexicanos durante el sexenio 2018-2024, en el factible caso que triunfe López Obrador como consecuencia natural de la desastrosa actuación del presidente Enrique Peña Nieto.