Hace algunos años Venezuela era un país más de América Latina con una economía sostenida en el petróleo y con un concepto de gobierno basado en el comunismo de antaño con la llegada de un militar al poder, a saber, Hugo Chávez. A la llegada del llamado comandante, el desarrollo de este país empezó a llamar la atención de muchos analistas porque la instauración de este sistema traía aparejadas ciertas bondades, aunque quizá efímeras. Por mencionar, la tasa de pobres en el país disminuyó de casi 50 a menos de 30 por ciento, el desempleo se colocó a la par de las otras economías en Latinoamérica, el gasto en salud aumentó y en general en la parte social como la conocemos se logró un desarrollo positivo.
Sin embargo, el cambio de Gobierno trajo aparejados también otros problemas que quizá no salieron a relucir como los cambios positivos; la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes se disparó casi al doble, la desigualdad social no logró disminuirse, el gasto militar aumentó de manera espectacular, la dependencia petrolera se agudizó y la inflación se disparó. Un balance general nos diría que la situación social mostró una mejora con el chavismo mientras que los factores de la economía se contuvieron con una economía petrolizada.
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A la muerte de Chávez, el sucesor de la República Bolivariana, Nicolás Maduro, al continuar con las políticas populistas, pero en medio de un desplome de los precios del petróleo, ha llevado a este país a una de las más grandes crisis que hoy vemos en la región. De acuerdo a estudios recientes, desde la llegada de Maduro a la presidencia el nivel de pobreza del país ha escalado nuevamente hasta posicionarse en lugares cercanos los inicios del chavismo y se dice que, de seguir esta tendencia, en el corto plazo el país tendrá una de las tasas más altas en la región.
Existe una escasez de alimentos en el país que ha puesto al borde de la emergencia por problemas ya de hambruna en algunos lugares; al ser el Estado quien controla los precios de bienes y productos, y ser el encargado de su distribución, se ha generado un mercado negro de bienes que ha puesto a la sociedad en un estado de tensión constante; se tienen que hacer largas filas para conseguir los insumos básicos y con las medidas económicas de Maduro el aparato económico venezolano se ha desarmado por completo y, a pesar de los bajos precios del petróleo, se sigue en la dependencia de este bien.
Con todo ello, todo apunta a que Nicolás Maduro desea perpetuarse en el poder mientras nadie haga algo para impedirlo; recientemente el país entró en crisis con la OEA ante la amenaza del organismo de apoyar un referéndum para saber si Maduro debe permanecer en el poder. Hoy según podemos observar por diferentes medios, Venezuela vive una de sus peores crisis en todos los aspectos, político, social y económico. De acuerdo a la Directora de Amnistía Internacional para las Américas, Erika Guevara Rosas, la negación casi obsesiva de las autoridades venezolanas de que la emergencia económica implica una crisis humanitaria en el país, su falta de autocrítica y su empeño por no solicitar ayuda internacional están poniendo las vidas y derechos de millones de personas en alto riesgo.
Tal como lo hemos mencionado en otras ocasiones, todos los gobiernos sin duda desean tener resultados rápidos en materia social dado que esta implica mejoras en los grupos más vulnerables de la sociedad; sin embargo, también hemos mencionado que de nada sirven las mejoras que no están sustentadas en un sólido crecimiento. Lo que pasa en Venezuela el día de hoy es algo que debe llevarnos a una reflexión de qué es lo que deseamos como sociedad; un desarrollo estable y que permita el desarrollo de todos los grupos sociales o un modelo de gasto social rápido, pero sin sustento económico.
El gobierno del presidente Peña ha generado las bases de un sistema que busca cambiar la condición de nuestra economía a un sistema no dependiente de la renta petrolera y como todo cambio, llevará tiempo ver sus frutos reales. Sin embargo, esta Administración entiende que el sacrificio político es válido para evitar un futuro que empeore la situación de la sociedad mexicana; tengamos cuidado de los falsos argumentos que prometen acabar con los problemas en el corto plazo y evitemos estar algún día en la camisa que hoy viven nuestros hermanos venezolanos.