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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

(No) Cualquiera puede ser docente

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Marzo 28, 2016

“La educación inicial de los maestros ya no es únicamente responsabilidad de las Normales. Lo es también, a partir de la Reforma (Educativa), de las universidades.

Hoy ya cualquiera que tenga un título de licenciatura se puede presentar al examen para ser maestro y si obtiene el puntaje adecuado puede ser maestro.

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No es ya el monopolio de quienes estudian en una Normal”.

Aurelio Nuño. Secretario de Educación Pública.

(http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/03/22/1082282)

Con el gusto de retomar el contacto con mis cuatro lectores, regreso a este espacio que generosamente me brinda E-Consulta después del receso de la Semana Santa. Lo hago retomando esta declaración del Secretario de Educación Pública que ha causado una intensa ola de críticas y descalificaciones en los medios y en las redes sociales por parte de la comentocracia educativa y de los docentes.

Me parece relevante seguir impulsando entre quienes nos ocupamos del tema educativo desde las distintas trincheras –investigadores, docentes, estudiantes, padres de familia, sociedad civil- la necesidad de pensar críticamente, entendiendo el pensamiento crítico no como el que cuestiona y destruye todo lo que viene de los distintos estratos del poder público sino como el que busca combatir los prejuicios y llegar a juicios razonables a partir de información suficiente y relevante y de una adecuada comprensión y contrastación de las distintas interpretaciones y ángulos posibles.

Inicio señalando por una parte que soy conciente del riesgo de ser tachado de goiernista, oficialista o cómplice del “complot perverso para privatizar la educación” al tratar de analizar esta declaración de manera desprejuiciada y viendo las dos caras de la moneda y por otro lado, que escribo desde la perspectiva de un docente, formador de docentes e investigador con treinta años de experiencia en distintos niveles educativos sin tener formación normalista y ni siquiera una licenciatura en Pedagogía (situación muy similar a la de la mayoría de los comentócratas educativos y académicos de reconocido prestigio que se rasgan las vestiduras ante esta declaración  y se erigen en defensores del normalismo sin ser tampoco normalistas).

En primer lugar es indispensable para entender y analizar esta afirmación, señalar la lectura sesgada que se ha hecho de lo dicho por el titular de la SEP. Mientras el secretario dijo textualmente: “cualquiera que tenga un título de licenciatura se puede presentar al examen para ser maestro y si obtiene el puntaje adecuado puede ser maestro…” las críticas que han inundado las redes sociales parten de la lectura sesgada que dice que Nuño afirmó que “cualquiera puede ser maestro” en un tono despectivo y de claro menosprecio a la exigencia que requiere la profesión docente.

Una lectura desprejuiciada deja claro que para ser maestro se tendrá que tener una licenciatura en cualquier campo, presentar los exámenes necesarios para ingresar al Servicio Profesional Docente –es decir, someterse a una evaluación sobre los conocimientos y competencias indispensables para ejercer la docencia- y obtener el puntaje adecuado que certifique que se tienen estos conocimientos y competencias.

Esta apertura de la normatividad oficial que como afirma el mismo Nuño “rompe con el monopolio de las normales” como únicas responsables de la formación inicial de los profesores para el Sistema Educativo Nacional (SNE) e incluye ahora también a las universidades tiene dos posibles lecturas.

Por una parte puede ser una señal negativa respecto al compromiso que debe tener la SEP para emprender una reforma profunda del sistema de escuelas normales en la que se apoye con toda la voluntad política, el talento y los recursos necesarios, el fortalecimiento indispensable para que el país pueda contar con una formación normalista que esté a la altura de los desafíos de nuestros tiempos.

Si es el caso y la SEP está planteando esta apertura para seguir evadiendo la responsabilidad de renovación de las normales del país, todos los que nos dedicamos al estudio de la Educación y creemos en la relevancia que tienen los docentes como un factor esencial –aunque no el único- para la mejora de la calidad de la formación de nuestros niños y jóvenes, tenemos que estar atentos y alzar la voz para exigir que la autoridad educativa federal asuma su responsabilidad en este campo.

Pero hay otra lectura posible para entender esta apertura y esta lectura tiene que ver con la urgente necesidad de ensanchar el campo de la docencia para permitir la aportación de las visiones multidisciplinarias de los universitarios y enriquecer la cultura escolar en el diálogo entre profesores universitarios y normalistas con lo que ambas perspectivas se verían fortalecidas.

En mis tres décadas como profesor universitario he tenido contacto con muchos profesionistas de todas las carreras –y especialmente de carreras de Educación o Pedagogía- que a pesar de tener una clara vocación para la docencia y mostrar competencias que podrían hacerlos unos profesores excelentes tenían cerrado el acceso al trabajo docente por no ser egresados de alguna normal.

De la misma forma, he trabajado con estudiantes y egresados normalistas de gran calidad y vocación pero también con otros que no mostraban ni el compromiso, ni la vocación, ni las capacidades para ser buenos profesores y que tenían una plaza docente solamente por haber egresado de una normal.

De manera que parafraseando la famosa frase de la Universidad de Salamanca: “Quod natura non dat Salmantica non praestat” (lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo otorga), también puedo afirmar que “lo que la persona no tiene, la normal no lo garantiza” y por ello es de celebrarse que tanto universitarios como normalistas puedan acceder al trabajo docente siempre y cuando demuestren en la evaluación que son capaces para formar a las nuevas generaciones con la calidad que se requiere en un país como el nuestro con enormes rezagos cada vez más urgentes de resolver.

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