En cuanto a la elección de gobernador de Puebla, es muy temprano para echar cohetes y publicar esquelas. Las campañas formalmente aún no empiezan, mucha agua habrá de correr bajo el puente todavía. Cierto, los escuadrones se forman y velan armas. Y ello da lugar a elucubraciones mil, cual más con apariencia de docta y sapiente.
Pero falta que hablen los hechos, y ese invitado puntual, tan imprescindible como impredecible: la condición humana.
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Ni Tony Gali es una criatura celestial ni Blanca Alcalá está atada de manos.
Atrás de ambos hay personajes, grupos, estrategias…e intereses. Los dos aspirantes tienen, en su derredor, severos detractores del equipo rival. Y los dos bandos, igualmente, poseen fortalezas y puntos vulnerables. Y el juego consiste en avanzar sufriendo el menor daño posible.
Habremos de ver propaganda formal y de la otra, la que explota sin miramientos verdades, verdades a medias y mentiras ruines. Hay destreza en las dos escuadras para este tipo de manejos. Y hay materia prima para hacerlo, desde luego.
Ojalá tomen en cuenta que la sociedad ya está cansada del ambiente y olor a estercolero. Suficiente corrupción, impunidad, trapacerías y negocios turbios saturan el clima con fétidos olores, como para agregar la contribución de los contendientes.
Hubo en la semana ida malos presagios para Blanca. Los integrantes de la alianza PAN, PANAL y PT dieron lugar a augurios de una elección perdida para la ex alcaldesa. Ella ha tenido, frente a ese y otros embates, una reacción dispersa. No se advirtió de su frente de guerra, como réplica, una respuesta articulada, seria y contundente, que habría sido lo esperado.
Extraña estrategia, cuando de guerra inteligente se trata. ¿Es acaso demasiada cautela?, ¿carencia de unidad de mando y configuración de acciones?, ¿silencio táctico para no humedecer la pólvora? Es posible. En el otro lado y en algunos medios lo interpretaron como debilidad en el arranque.
Hay que tomar en cuenta que Blanca, en otras contiendas, ha remontado marcadores ampliamente adversos en las encuestas, y ha ganado lo que se ha propuesto. Y que, lo que se juega en Puebla, Veracruz y Oaxaca, consideradas como las elecciones realmente valederas, es el peso estratégico de los votos, acumulables para la elección presidencial.
Es decir, estas elecciones son peldaños útiles y utilizables para la escalera mayor, la presidencial.
Echando a volar la imaginación se pueden tejer muchos escenarios. De todos los colores y sabores, y para todos los gustos . Nadie en su sano juicio puede, en estos momentos, hacer cuentas color de rosa en un sentido o en otro. La historia, más de una vez, nos ha demostrado que lo que parece estar al alcance de la mano, en realidad se encuentra a una distancia de años luz.
Nos ha dicho también, que la realidad supera a la más febril fantasía.
Y desde luego, los imponderables. Eso que casi nadie advierte y sin embargo existe. Y se presenta de modo disruptivo, sin invitación alguna.
Esta palabrita (imponderable) tiene tres acepciones: “Lo que no se puede pesar”, “lo que excede a toda ponderación”, y “las circunstancias imprevisibles o cuyas consecuencias no pueden estimarse”. Y en este cajón cabe todo, absolutamente todo.
Me refiero al factor humano.
Individualmente o en forma colectiva, la sociedad tiene comportamientos impredecibles.
Cito, como otras veces, dos hechos de la historia reciente de México que nos han dado un portazo en la nariz enseñándonos lo fugaz de las circunstancias. Carlos Salinas gozaba los fastos navideños en el ocaso de su sexenio, con encuestas halagüeñas, rebosante optimismo, laureles en la testa calva y casi tocando con la diestra el cielo.
De pronto se apareció Marcos, el sexenio saltó en pedazos y el país en el ojo del huracán. Salinas se acomodó pefectamente a la medida su traje de villano favorito de los mexicanos. Y la historia fue otra.
Colosió marchaba sólido y firme para ocupar la presidencia. Superaba nubarrones y era cuestión de contar los días. Fue ejecutado en Lomas Taurinas en los arrabales de Tijuana y varios disparos en unos cuantos segundos enrumbaron la historia de México por otros senderos.
Lo dicho, los imponderables son siempre invitados puntuales en la historia de los pueblos.