Estimado lector, en primer lugar disculpa esta pausa tan prolongada que he hecho en mis reflexiones y escritos, pero sucesos no previstos han dado un giro a mi vida. Afortunadamente el destino me recuerda lo que soy y me invita a continuar de nuevo pese a la incertidumbre del presente.
La otra noche soñé que me encontraba con mis alumnos de Oaxaca en el aula, en una clase sobre el tema de la felicidad y yo veía con asombro cómo cada uno de ellos prestaban interés para poder comprender lo que significaba, haciéndome preguntas, tales como, si la felicidad tenía que ver con las pasiones, con los deseos, con las emociones, con las acciones, con el destino, con la suerte; o si sólo remitía a estados pasajeros por el cual el hombre sólo buscaba un sentido en sus vidas, un significado, etc…
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Y ahí me tienen, en esta aula del sueño, tratando de explicar este tema tan apasionante como escabroso, mencionando a Aristóteles, aunque a decir verdad, en mi inconsciente me preguntaba a mí misma, ¿y qué sé yo de este tema?, ¿cuándo hice la planeación debida para dar esta cátedra? Entonces, las palabras comenzaron a brotar, de esta forma:
Queridos míos, los hombres, de acuerdo a Aristóteles siempre aspiran a un bien y ese bien se llama “eudaimonía”, que corresponde a “la felicidad”. Puesto que el vivir bien es lo mismo que ser feliz. Sin embargo, el término “eudaimonía”, aunque corresponde a la felicidad, no se limita sólo a ello, ya que de acuerdo a Emilio Lledó Íñigo (1985), existen testimonios más antiguos que indican que este término puede significar “prosperidad” e incluso implicar un estado de paz, de serenidad interior.
Y continuando con la clase, un alumno preguntó si sólo los hombres virtuosos, los hombres en paz podrían conseguir la felicidad. Y el silencio surgió, y las miradas de todos recayeron sobre mí:
Aristóteles en su libro: “Ética Nicomáquea”, dice que la felicidad en una actividad de acuerdo a la virtud. Todos estarán de acuerdo conmigo, y por supuesto con Aristóteles, que un hombre feliz vive bien y obra bien, pues a esto es, poco o más o menos a lo que se llama buena vida y buena conducta, además de que todas las condiciones requeridas para la felicidad se encuentran en la definición que cada uno de nosotros tengamos respecto a ésta. Lo que para algunos es la virtud, a otros es la prudencia o la sabiduría, las cuales pueden estar acompañadas de placer, además de la prosperidad material que uno deseé.
– Entonces, ¿la felicidad tiene que ver con las pasiones?, preguntó una alumna.
Por supuesto, porque nuestras virtudes están relacionadas con las acciones y pasiones, y el placer y el dolor siempre están acompañando a la pasión.
– ¿Y qué entiende por virtuoso?, otro alumno preguntó.
Un hombre virtuoso es aquél que está determinado por la razón y no sólo por la emoción. Un hombre prudente, determinado por un modo de ser selectivo en busca del bien de él y de los demás. Pero, regresando a nuestro tema principal, ¿qué es la felicidad para ustedes?, ¿son felices? ¿Cómo lo saben?
De repente, los alumnos se miraron: dos dijeron que si, otros sólo callaron y algunos más miraron y comenzaron a leer la página 413, del Libro I de la “Ética Eudemia”, acerca de la Naturaleza y Condiciones de la Felicidad.
De repente un alumno preguntó:
– Usted Maestra, ¿es feliz? Y fue en ese momento que desperté.
Referencias
Aristóteles. (1985). Ética Nicomáquea y Ética Eudemia. Madrid, España: Editorial Gredos. Disponible en: file:///C:/Users/HP/Downloads/ARIST%C3%93TELES%20-%20%C3%89tica%20nicom%C3%A1quea%3B%20%C3%89tica%20eudemia%20(Gredos,%20Madrid,%201985-1998).pdf