La mentalidad conspirativa es seductora y riesgosa. Es fácil adentrarse en ella y muy difícil salir. En la historia de la Modernidad nos dejó amargos recuerdos. El totalitarismo fue uno de ellos. Stalin, Hitler, Mao y muchos más culparon a enemigos reales o imaginarios de los males existentes. En su momento el propio Fidel Castro no dejaba de acusar a Estados Unidos de conspirar contra la Isla. Hoy sabemos que hubo varios intentos buscando eliminarlo, pero sería reduccionista pensar que la bancarrota de Cuba haya sido responsabilidad de eso o del bloqueo decretado. En todo caso, fue un error de la potencia en cuestión porque sólo lograron cohesionar a los cubanos ante un adversario externo. La postración financiera procede de la inviabilidad del sistema económico instalado y no de una presunta conspiración orquestada desde enclaves en Washington o Nueva York…
La teoría de la conspiración genera dos efectos casi en automático: culpar a otros de los desatinos propios e intentar eliminar a los supuestos culpables. Son consecuencias correlativas con tal de ‘justificar’ toda persecución o exterminio a que haya lugar. En el caso de Venezuela, Chávez, Maduro y Cabello han perseguidos a críticos y opositores a dos manos. Hechos sangrientos, exilios forzados y prisión política deben cesar. En lugar de aceptar que la ciudadanía se hartó de la situación y de los gastos faraónicos del régimen, Maduro ha vuelto a culpar a una conspiración económica contra la ‘revolución bolivariana’…
Más artículos del autor
En Argentina también se han escuchado las acusaciones contra el FMI cuando antes la entonces gobernante le solicitó préstamos, en una clara maniobra para no aceptar que el manejo de los recursos echó por la borda todo lo que pudo beneficiar al país…
En la misma España tienen el caso del separatismo catalán que dedicó a ello dinero que bien pudo destinarse a otra cosa, para terminar solicitando más ante las instancias de las cuales se desea separar. En cada ejemplo citado hay proyectos ideológicos en detrimento de la sociedad…
“La globalización del desatino…”
Primero Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro implantaron un sistema político y económico tendiente a sostener un proyecto geopolítico en lugar de atender al futuro de los venezolanos. Dedicaron esfuerzos y recursos a sus aliados geoestratégicos, entre ellos el petróleo, a fondo perdido. Verdaderos despilfarros con la intención de encabezar el sueño de una revolución global que está naufragando. ¿Qué van a hacer los aliados del chavismo cuando dejen de recibir esa ‘ayuda’? En el camino, tendieron puentes con grupos extremistas musulmanes, algunos de los cuales realizan actividades de corte terrorista, para conformar un eje de aliados con fines compartidos…
No debemos engañarnos. Los terroristas son asesinos crueles y despiadados. No enarbolan causas justas, sino instrumentos propagandísticos. Llama la atención que tan pronto España decidió tratar la ampliación del combate al terrorismo hasta después del 20 de diciembre, sea presa de sus efectos sangrientos. Alguien intenta meter a los españoles en la espiral del terror en la recta final de sus elecciones…
Dictadores populistas y terroristas, aliados o no, representan un factor de riesgo para la libertad. Ante la globalización del desatino y del terror, tenemos que globalizar la lucha a favor de la libertad. La democracia es una forma de asegurar la libertad, no la única, y no hay que olvidar que, igual que ocurre con la libertad, no se conquista de una vez y para siempre. Tenemos que refrendarla de manera permanente…
Los ciudadanos de cada país no debemos ver lo que nos pasa a nosotros o a los demás como ‘asuntos nacionales’, sino de ‘interés global’. España no debe estar atenta sólo a sí misma e igual México, Argentina, Venezuela y el resto del mundo. Es un hecho que la conectividad global hace insostenible otras fronteras que no sean estrictamente necesarias. En redes sociales hacen mal los que se acotan a conocer ‘sus asuntos’. En cierta forma es un contrasentido meterse a las redes pensando ‘nacionalmente’. Su propia naturaleza exige hacerlo en términos globales. Lo contrario es absurdo…
“España y el paradigma de validación…”
En la antigüedad y en el pensamiento clásico lo que validaba a las propuestas era la propia realidad. De un modo u otro, se buscaba el contraste legitimador. La Modernidad cambió el paradigma para que fuese el proyecto, asumido como ideología, el criterio de validación de sí mismo. Vaya disparate, pero así transitó la Modernidad. Desde esa perspectiva, se aprecian mejor las persecuciones a los disidentes y hasta las reclusiones para recibir ‘tratamiento’ médico y mental. Conforme se fue desplomando el imperio soviético, apareció el paradigma validador tecnocrático. Ya no serían las ideologías modernas los raseros, tampoco la realidad, sino los simuladores. Se intentó traducir la realidad humana y social al lenguaje matemático. Lo que intentamos dejar atrás es el reduccionismo ideológico y matemático, para instaurar la realidad ciudadana como parámetro de validación…
Las elecciones generales de España tienen su importancia nacional. Pero globalmente, en mi opinión, poseen un contenido añadido. Al margen de quién gane, lo que está en juego es saber si los ciudadanos se convertirán en el paradigma que legitime a una elección y al gobierno que emerja de ella. Cuando la vida era simple y sencilla, se podía decir sin más que la realidad debía validar a las tesis filosóficas (identificadas con la ciencia). Frente a una situación tan compleja como la nuestra, tenemos que especificar qué significa esa ‘realidad’ validadora y no puede ser de otro modo: en política tiene preeminencia la realidad ciudadana…
“El escenario estratégico…”
En la primera parte del año, Rajoy y el PP se habían enfrascado con sus críticos en una polémica doctrinal y, hasta cierto punto, ideológica. Así también enfocaron la crisis con el separatismo catalán. Luego giraron hacia el ámbito programático y ciudadano, quedando lo otro en la periferia. Para distinguirse como alternativa, el PSOE se cargó hacia lo ideológico, haciendo un llamado a las izquierdas contra el gobierno del PP. No calcularon que la polarización generaría un espacio entre ambos que sería aprovechado por Ciudadanos, por coincidencia centrado en lo programático y lo ciudadano. Sus críticos de izquierdas tratan de identificarlo con el PP. Al tratar de corregir, el PSOE se comenzó a correr al centro pero, en la medida en que lo hizo, puso en riesgo su identidad como izquierda, abriendo otro vacío llenado por Podemos…
¿Por qué la crisis de identidad parece darse sólo en las izquierdas y específicamente en el PSOE? Me parece que por el forcejeo con Ciudadanos y Podemos, pero también al haber terminado mal Rodríguez Zapatero. En México, Manuel Camacho Solís insistía en que las posibilidades de éxito al buscar el poder empezaban por cómo te plantases como oposición. El PSOE no ha podido resolver bien ese aspecto. Por momentos, Podemos se decanta hacia lo programático pero retorna a lo ideológico. No faltan los que le ven cierta semejanza con el chavismo y por ahí lo torpedean. De haber sido el PP el que hubiese perdido el poder, estaría en crisis de identidad. Ciudadanos y Podemos tampoco tienen esa situación. En las generales españolas hay una doble lucha: por la Presidencia y por constituir la alternativa desde la oposición y en las izquierdas. Pienso que España vive una nueva etapa de consolidación democrática que no anula la transición iniciada con el Pacto de la Moncloa, sino que la confirmaría por la vía ciudadana. Vamos a ver si todos los partidos y organizaciones políticas se aferran al paradigma ciudadano como criterio de validación o se fugan hacia el pasado de las ideologías…
Las últimas encuestas que se levanten nos dirán por dónde va caminando la sucesión española. El PP empuja a ampliar la ventaja registrada por varias de ellas; Ciudadanos, PSOE y Podemos, por acortarla…
Hasta entonces…
Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com