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OPINIÓN

Candidaturas independientes

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Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Jueves, Octubre 1, 2015

Quizá uno de los mejores argumentos a favor de las candidaturas independientes sean las exageradas restricciones que diversas legislaturas locales les han impuesto recientemente. Restricciones que hacen imposibles a estos candidatos evidencian el temor de parte de la clase política ante las mismas. Tratan de impedirlas, ¿por qué? Principalmente porque amenazan su control sobre el acceso a los cargos de elección.

En lo personal las candidaturas independientes no me generan gran entusiasmo. Algunos de sus impulsores se basan en una ilusión: que los “políticos” son malos y que los “ciudadanos” son buenos. Al igual que las coaliciones entre partidos, se centran en el problema de acceder al poder y no en el del ejercicio del mismo. Es interesante que un joven candidato independiente haya llegado al congreso local de Jalisco, y otro no tan joven a la cámara de diputados federal, pero ¿qué tantas posibilidad tiene de construir desde ahí bienes públicos? Carecen de aliados, de la experiencia, de los recursos y conocimientos que da la pertenencia a un partido político.

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En el caso de una institución centrada en una persona, como una gubernatura o la presidencia de la República, las posibilidades de un candidato independiente que llegue al cargo son mayores. Pero igual, no contará con los apoyos que le da pertenecer a un partido político. Hay que observar estas nuevas experiencias y valorarlas. Pero no prometen cambios radicales y rápidos, aunque sí dan la esperanza de algo mejor.

¿Por qué entonces el miedo, expresado en leyes que imposibilitan las candidaturas independientes? Porque, ya se demostró, independientemente de que signifiquen grandes beneficios para el interés público, las candidaturas independientes pueden desplazar del poder a los partidos. Eso es lo que les preocupa: la pérdida del oligopolio en el acceso y ejercicio de los cargos públicos.

Y aquí está precisamente la virtud de las candidaturas independientes. Al ser un desafío a los partidos políticos, los dinamizan y obligan a tener mejores gobiernos y candidatos. Al menos en la teoría. Cuestionan y pueden vulnerar el oligopolio partidista, el llamado “sistema de partidos cártel”, que como todo oligopolio tiende a perder eficacia y eficiencia. La mera posibilidad de candidatos independientes tiene, en principio, esta virtud. Por eso hay quien defienda su oligopolio.

Por supuesto que las candidaturas independientes, al igual que los partidos políticos, deben ser regulados. Ya se ha comentado que pueden atraer a oportunistas interesados simplemente en las prerrogativas económicas que recibirán al ser candidatos. Lo mismo que ha sucedido con algunos partidos. El problema aquí no es que haya candidatos independientes, sino que exigen, para tener un mínimo de funcionalidad, recursos públicos. Y éstos son escasos y demandados por las múltiples necesidades sociales. Hay que evitar que oportunistas o protagónicos se apropien de ellos sin generar ningún beneficio social.

Y como en todos los casos, siempre conviene ver otras experiencias. ¿Qué lugar tienen en las democracias consolidadas las candidaturas independientes? Un lugar muy secundario, menor, casi inexistente en la mayoría de los casos. Pero aún, en América Latina los casos de candidatos independientes que han llegado a la presidencia son ejemplos de irresponsabilidad política: Fernando Collor de Melo en Brasil, Alberto Fujimori en Perú, Hugo Chávez en Venezuela. Los dos primeros fueron más o menos catastróficos como presidentes. El caso de Chávez es más polémico. Pero ninguno de los tres es un modelo aceptable para México.

En fin, entre una ilusión ingenua y la conservación del oligopolio partidista debe haber una solución sensata para las candidaturas independientes.

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