Un ingeniero mexicano por demás peculiar, Sergio Peña Medina, habría diseñado, desarrollado, patentado e industrializado un artefacto denominado "antecarburador de combustión interna", cuyos efectos benéficos estribarían en mejorar la combustión de los vehículos automotores, reduciendo en consecuencia de manera drástica y notable las emisiones de dióxido de carbono.
Por aquellas fechas estaba por verificarse en Río de Janeiro la llamada “Cumbre de la Tierra” auspiciada por la Organización de las Naciones Unidas, cuyos acuerdos básicos fungiría como marco para que, un lustro después de su celebración, la comunidad internacional suscribiera el famoso “Protocolo de Kioto” mediante el cual se asumiría el compromiso planetario de reducir las emisiones de los denominados “gases con efecto invernadero”.
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Acompañé a don Sergio Peña a la comisión de ecología de la entonces Asamblea de Representantes del Distrito Federal que presidía a la sazón Demetrio Sodi de la Tijera; quién, en concordancia con los lineamientos fijados por el entonces subsecretario de Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, el físico Sergio Reyes Luján, ignoró por completo la posibilidad de brindarle promoción o apoyo institucional alguno al invento en cuestión.
Don Sergio Peña contaba con el respaldo de un socio de relativa importancia entre las empresas de transporte de pasajeros foráneos, quién repentinamente fuera asesinado frente a su casa, ante lo que las autoridades ministeriales de la capital del país esbozaron sospechas en torno a su vida marital sin jamás esclarecer a cabalidad el trágico suceso.
De manera oficiosa las autoridades ambientales promoverían por aquellas fechas un aditivo denominado “Dural”, cuya función sería, precisamente la de contribuir a la reducción en la emisión de dióxido de carbono; al cabo de pocos años, el distribuido p de dicho aditivo, el señor Frank Carvajal Paternina, sería materia de un memorandum del entonces denominado "Cendro" en relación con el Cártel de Juárez.
La industria automotriz se reconvirtió a partir de aquellos momentos eliminando el carburador como pieza integrante de los vehículos e implementando el dispositivo denominado "convertidor catalítico" que, por lo visto, al menos en el caso de las piezas construidas por Volkswagen en su planta de Puebla, no contribuye en nada a mejorar las condiciones ambientales; al menos así lo considera el abogado Thomas E. Loeser, de la firma legal “HAGENS BERMAN SOBOL SHAPIRO LLP”, domiciliada en el número1918 8th Avenue, Suite 3300 de Seattle, Washington.
El abogado Loeser habría presentado ante la Corte de Distrito de Seattle una demanda en contra de Volkswagen el pasado día 21 de septiembre de los presentes, en los términos de lo que la legislación angloestadounidense denomina “Class Action”, fundando la misma en el hecho de que, según afirma en su libelo, dicha compañía habría transgredido leyes locales y federales de los Estados Unidos, representando a la sazón a los siguientes ciudadanos estadounidenses:
Nicholas Benipayo, Mark Carnett, Daniel Robinson, Jonathon Horacek, Stefanie Beaudreault, James Babiak, David Goodson, Emily Fisher, Kshanti Greene, John Halloran, Scott Moen, Grant Gall, Anthony De Martino, Petar Ramadanovic, Christopher Monroe, Melissa Bracken, Rezeda Dozier, Jon Dull, Melissa Fedorczyk, David Antellocy, Joshua Campbell, Alfred Howe.
La base fundamental de la demanda en cuestión, estriba, precisamente, en que la denominada Agencia de Protección al Ambiente cuenta con atribuciones de lay para velar que la emisión de contaminantes no dañe la salud de los habitantes de los Estados Unidos, en consecuencia, la materia propia de la controversia en cuestión, no es el daño patrimonial causado a los adquirentes de los vehículos, sino el daño a la salud humana derivado de una maniobra fraudulenta; y que, muy probablemente habríase contribuido en mucho a preservar si la labor de don Sergio peña Median hubiese sido debidamente impulsada en su oportunidad.