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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Nada que festejar?

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Septiembre 14, 2015

“..Quieren morir tu ánima y tu estilo,
cual muriéndose van las cantadoras
que en las ferias, con el bravío pecho
empitonando la camisa, han hecho
la lujuria y el ritmo de las horas…”

Ramón López Velarde. La suave Patria.

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(http://www.poemas-del-alma.com/ramon-lopez-velarde-la-suave-patria.htm)

“No hay nada que celebrar”, denuncian como cada año por estas fechas, desde hace ya varios septiembres, los grupos que se autoasumen como progresistas y críticos del sistema, del gobierno, de la partidocracia que nos tiene sumidos en esta crisis profunda de la que parece que no podremos salir nunca.

“No asistas a la ceremonia del grito de Independencia”, proclaman en las redes sociales estos grupos que se autonombran los guardianes de la consciencia nacional y se abrogan la facultad de decir a todo el pueblo mexicano lo que debe hacer en estos momentos de desaliento colectivo.

“Dejemos solo a Peña Nieto en el zócalo”, arengan en Facebook y Twitter los que se miran a sí mismos como críticos del priísmo pero reflejan en estos llamados la profunda introyección de la cultura política priísta con la que han sido sellados a lo largo de casi un siglo de creación de un sistema que no es solamente una forma de organización y proceder político sino toda una manera de entender el mundo y vivir el día a día.

“Los que van al grito en el zócalo son unos idiotas que se venden por una torta y un frutsi”, señalan desde su pedestal de superioridad moral estos grupos que se precian de su pureza cívica y por ello se sienten con el derecho de menospreciar a todos sus compatriotas que se atreven a actuar de manera distinta a la que ellos consideran correcta.

En las calles uno puede ver mucho menos puestos que venden banderas y otros elementos decorativos con motivos alusivos a las fiestas patrias. Circulando por la ciudad hay un número muchísimo menor, casi imperceptible de automóviles con pendones o banderas y en las fachadas de las casas prácticamente pasa desapercibida esta fiesta nacional.

No cabe duda que vivimos en un país desmoralizado, un país que se encuentra muy bajo de moral, es decir, con un muy reducido deseo de vivir como comunidad cohesionada y luchando por su desarrollo. Esta es la verdadera crisis moral que marca nuestros tiempos y que condiciona nuestros comportamientos antisociales y contrarios a la cultura de la vida. No se trata pues de que existan muchas acciones inmorales, es que la desmoralización nos lleva a relativizar todo y a perder la capacidad y el ánimo de distinguir entre lo que construye comunidad y lo que la destruye.

De ahí que el círculo de corrupción-impunidad-cinismo y la dinámica de violencia-muerte-indefensión se hayan convertido en las bases de nuestra sociedad mexicana. Este círculo y esta dinámica producen y a la vez son producidos por la desmoralización, por la bajísima moral que experimenta nuestra patria en un ciclo de decadencia aparentemente irreversible.

Este es el principal bien que los poderes fácticos –políticos, económicos, culturales- le han robado a nuestra nación: el deseo de vivir como sociedad humana, la energía vital para celebrar lo que somos como país, el ánimo y el ánima que es indispensable para dinamizar nuestra fuerza de cohesión, la capacidad de auto conocernos y auto valorarnos, de reconocer y valorar al otro en lugar de descalificarlo porque piensa o vive de manera distinta, el conjunto de motivos para mantener y fortalecer nuestro tejido social.

Más que el dinero robado por la corrupción y el conflicto de intereses, más que el poder político usurpado por quienes ven al servicio público como oportunidad de negocio personal, más que la igualdad de oportunidades para crecer y aportar al desarrollo de la sociedad, lo que nos han quitado es el alma: la vitalidad, la seguridad, la unidad y el orgullo de ser mexicanos.

Durante casi un siglo nos han tatuado la idea de que la Patria es igual al gobierno y el gobierno es igual a un partido –aunque hoy ese partido, esté subdividido en muchas expresiones distintas en lo superficial pero iguales en sus significados y valores- y conforme a esta falta de distinción sentimos hoy, en un contexto en el que el gobierno y la partidocracia se encuentran en su etapa de mayor degradación, que es la Patria la que está degradada y que no hay nada que celebrar.

“Quieren morir tu ánima y tu estilo…” cantaba el poeta ayer y quizá hoy hayan muerto o estén a punto de desaparecer a manos de los violentos, de los corruptos, de los ineptos, de los que miran solamente por sus propios intereses.

Sin embargo, si logramos salir de la confusión y empezamos a distinguir la enorme riqueza histórica, cultural, social, humana y espiritual de esta patria en crisis, si logramos diferenciar esta riqueza de la Patria del mal gobierno y de la corrupta partidocracia que lo regenera cada seis años, tal vez podamos poco a poco, en un camino lento, arduo y doloroso, recuperar el deseo de vivir como la Suave Patria a la que cantó López Velarde y tener nuevamente una sociedad con alta moral que pueda organizarse de manera incluyente y respetuosa de las diferencias para escribir nuevas páginas más esperanzadoras de nuestra historia nacional.

Por lo pronto un buen antídoto sería gritar desde lo profundo y como un compromiso efectivo más que como una fugaz y superficial bravuconada: ¡Viva México!

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