En los países de tradición vinícola como Francia, España e Italia, el turismo enológico constituye en la actualidad una rama importante y relativamente nueva del turismo cultural. Esencialmente, el enoturismo incluye una gran gama de actividades recreativas asociadas con la visita a viñedos, el disfrute del vino en cavas y bodegas, la gastronomía regional, la apreciación de bellos paisajes, y otras actividades culturales. En México, y a pesar de haber sido el primer territorio americano con cultivo de la vid, la cultura del vino y la práctica del enoturismo son fenómenos relativamente recientes, lo cual, implica una oportunidad invaluable para incrementar la oferta turística de nuestro país.
México es el país más antiguo del Continente Americano en cuanto a producción de vinos pues su historia inicia con la conquista española. Después del Descubrimiento de América, en 1492, se importaron las primeras barricas de vino para consumo de los conquistadores y muy poco tiempo después se importaron sarmientos y semillas de Vitis Vinífera para iniciar la producción de vides y vinos en la Nueva España. En este contexto, los misioneros católicos jugaron un papel muy importante al establecer y desarrollar la producción de vino en México. Franciscanos y jesuitas iniciaron el cultivo de la vid en diversas zonas del virreinato, llegando incluso a lugares donde actualmente se encuentra Napa y Sonoma, en California, siendo Fray Junípero Serra el gran impulsor del vino en estas áreas.
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Desafortunadamente, en 1595, ante el temor de la competencia que representaban los vinos producidos en México, la corona española prohibió el cultivo de vides, lo que generó la imposibilidad de producir vinos nacionales, con el consecuente deterioro del desarrollo de la industria vitivinícola. No obstante, el cultivo de la vid y la elaboración de vinos no desaparecieron en México. Actualmente, los estados de Baja California, Coahuila, Sonora, Aguascalientes, Querétaro, Guanajuato y Zacatecas son las regiones más importantes en la producción de vinos mexicanos, cuyas marcas, merced a su calidad, se van posicionando en la preferencia de los consumidores nacionales y extranjeros.
En el presente, el turismo del vino o enoturismo en México tiene grandes posibilidades de desarrollo. Diversos estudios alrededor del mundo han demostrado que el enoturismo representa una posibilidad viable para incrementar el abanico de ofertas turísticas y de contribuir al desarrollo económico de las regiones vinícolas. La literatura sobre este tema menciona que la práctica del turismo enológico conlleva tres componentes fundamentales: un destino regional visitado, los beneficios promocionales que obtienen las vitivinícolas, y la posibilidad de disfrutar de actividades de esparcimiento diferentes para los turistas.
La oferta de turismo del vino en México ofrece actualmente cinco principales rutas de visita. La primera, y la más importante en términos del número de bodegas visitadas, se extiende a lo largo de los Valles de Guadalupe, Santo Tomás, San Vicente, San Antonio de las Minas y Ojos Negros.
La segunda ruta en importancia incluye los municipios de Parras de la Fuente, Arteaga y Saltillo, en el estado de Coahuila. Una tercera ruta se extiende a través de los municipios de Tequisquiapan y Ezequiel Montes, en el estado de Querétaro. La cuarta ruta, se encuentra en el estado de Aguascalientes y, finalmente, la quinta ruta incluye las regiones de Ojo Caliente y el Valle de Macarena, en el estado de Zacatecas.
El creciente desarrollo del enotursimo en México parece indicar que los productores vitivinícolas mexicanos, están conscientes de la importancia de promover sus empresas mediante el empleo de estrategias de marketing adecuadamente diseñadas. Sin embargo, es necesario crear verdadera conciencia de esta oportunidad entre todos los productores de vino, entre los turistas, y entre las autoridades gubernamentales encargadas del diseñar y poner en operación la política turística de México a fin de que incluyan, entre sus programas promocionales, al turismo del vino mediante la creación y operación de rutas verdaderamente integradas que permitan y faciliten la visita de turistas, tanto nacionales como extranjeros, a las instalaciones de las empresas vinícolas del país.