Desde tiempos muy remotos el viaje ha sido una actividad presente en la vida del ser humano y ha tenido motivos tan variados como el comercio, la búsqueda de salud, el ánimo de conquista, la educación, o la simple diversión o recreación. Por ello, y en función de su motivo principal, las formas y comportamientos de viaje se han transformado notablemente hasta llegar a adoptar todas las modalidades que podemos observar en la práctica del turismo moderno.
El hecho de hacer turismo conlleva inevitablemente a la interacción entre el viajero y los entornos que visita, propiciando el contacto físico y cultural con los individuos que habitan los lugares visitados y, en virtud de esos contactos, se derivan efectos provechosos como la difusión y/o compartición de la cultura, de las ciencias y de las artes, pero también se generan efectos perniciosos como la degradación del medio ambiente, la pérdida de la identidad cultural, el agotamiento de recursos naturales o la propagación de plagas o enfermedades, por mencionar solo algunos de ellos.
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Aunque la noción de sostenibilidad es en realidad confusa y no claramente comprensible, este concepto se ha ido incorporando paulatinamente al vocabulario de una gran cantidad de documentos, discursos y declaraciones relacionadas esencialmente con la protección ambiental. El término “sostenibilidad”, también llamado “sustentabilidad” -como una adaptación castellana del término inglés sustainability- aparece por primera vez en un documento titulado “Estrategia Mundial para la Conservación” elaborado en 1980 por una organización conservacionista originalmente denominada “Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza” (UICN), hoy denominada “Unión Mundial para la Naturaleza”. La preocupación por la preservación del medio ambiente en todos los ámbitos mundiales también ha sido compartida por organismos de carácter económico como el Consejo Mundial para los Viajes y el Turismo (The World Travel and Tourism Council WTTC).
La Organización Mundial del Turismo (OMT) establece que el turismo sostenible es aquel que visualiza satisfacer las necesidades de los turistas protegiendo los destinos visitados mediante normas que permitan satisfacer las necesidades económicas, sociales y estéticas que busca la práctica turística, mientras se mantiene la integridad física y cultural, los procesos ecológicos y los sistemas de vida de los lugares visitados. Bajo esta perspectiva, la noción de sostenibilidad aplicada al turismo conlleva necesariamente a la conjunción de dos grandes áreas de interés operativo: a) la rentabilidad económica y social que se deriva de las actividades de producción y comercialización de la práctica turística y b) la protección de los recursos naturales y culturales que se conjugan para crear los atractivos turísticos visitados por los viajeros.
Es importante enfatizar que el turismo de carácter sostenible, no es una forma más de hacer turismo, sino un objetivo a lograr cuando se practique cualquier tipo de turismo, sea de sol y playa, de naturaleza, urbano, cultural, deportivo, de negocios, de placer, etc., etc., sin embargo, al hablar de los efectos sostenibles que se esperan de la práctica de un turismo con responsabilidad ecológica y social, se vuelve ineludible relacionarlos con las maneras diferentes de hacer turismo, las cuales, a su vez, están condicionadas por la disponibilidad de los recursos naturales y/o la existencia de atractivos turísticos que constituyen la oferta turística.
Los aspectos a vigilar en lo concerniente a la sostenibilidad del turismo son esencialmente los siguientes:
Tipos de turismo Dimensiones Parámetros de sostenibilidad Turismo de sol y playa Económica y social Asegurar su rentabilidad sin anteponer el beneficio económico a los demás fines.
Conservar su poder generador de empleos directos e indirectos en gran escala dando prioridad a la población local para ocuparlos.
Diversificar la oferta de alojamiento y restauración para diferentes tipos de segmentos del mercado o mercados turísticos que visitan las playas. Ambiental: Motivar al turista hacia el cuidado de las playas y otros sitios de litoral.
Establecer sistemas adecuados para el tratamiento de las aguas residuales que genera el turismo y para el manejo de desechos contaminantes. Turismo cultural Económica y social Evitar excesos en la carga turística de los lugares visitados amenazando la integridad física de los monumentos, obras de arte o conjuntos arquitectónicos. Ambiental: Evitar molestas y conflictos con la población residente por la aglomeración en las vías de acceso a las poblaciones y/o saturación de la demanda de servicios públicos que los visitantes comparten con la población residente de los sitio. Turismo rural Económica y social Enfocarse a compensar los ingresos que se dejan de generar por el cese de las actividades agrícolas, avícolas o ganaderas tradicionales de los enclaves rurales en donde generalmente se desarrolla.
Ser una fuente rentable y duradera de beneficios económicos para poblados y villas con recursos propios para recibir turistas. Ambiental: Evitar el flujo excesivo de visitantes que pudiera dañar ecosistemas frágiles.
Evitar el abuso en la práctica del turismo cinegético, del senderismo, la espeleología y de otras actividades asociadas con el turismo rural para no provocar daños ecológicos irreversibles.
Evitar trastornos en la flora y fauna por deshechos y productos tóxicos, la alteración perniciosa de los recursos naturales o la contaminación visual, acústica y cultural de los lugares visitados por los turistas. Turismo deportivo Económica y social Realizarse utilizando las infraestructuras y los servicios necesarios y apropiados en los sitios donde se desarrollan los eventos, así como en sus vías de acceso o en sus áreas aledañas.
Propiciar que las poblaciones residentes se conviertan en proveedores de bienes y/o servicios de hospedaje y alimentación ofrecidos a los turistas.
Mantener el equilibrio entre los niveles de convivencia de los visitantes con la población residente para evitar que los habitantes de los sitios sede de los eventos experimente sentimientos de “invasión” o agresión a sus valores, costumbres, modos de vida cotidiana o de hábitat físico. Ambiental: Evitar que los diseños y técnicas de construcción de las instalaciones deportivas no modifiquen y/o impacten negativamente los paisajes naturales ni provoquen daños ecológicos.
En el caso del turismo en medios acuáticos, evitar la utilización de combustibles altamente contaminantes para el funcionamiento de las embarcaciones, tanto de competencia como de servicios de transporte local.
Reglamentar los niveles de intensidad, duración y frecuencia del ruido provocado por los motores de las aeronaves que participan en las competencias deportivas, con el fin de no molestar a las aves y otros animales terrestres y acuáticos.
Además de las tipologías de turismo antes mencionadas, el turismo religioso, de salud o de congresos y convenciones deben ser apropiadamente manejados para atenuar los daños colaterales que pudieran causar en los entornos naturales y sociales. En este contexto, se ubica la reglamentación de la magnitud de los flujos de personas que visitan un determinado sitio, de manera tal, que los visitantes puedan hacerlo sin causar daños materiales, sociales o ambientales al lugar visitado. En efecto, uno de los principales problemas que enfrentan los sitios turísticos es el de la determinación de la cantidad de visitantes que deben recibir, la cual, es conocida técnicamente como “capacidad de carga turística”.
En materia de turismo, la carga turística de un sitio se traduce como un determinado número de visitantes de manera que su llegada, estancia y partida no influya negativamente en sus condiciones ecológicas, sociales y económicas. Así, mediante la determinación de la carga turística, un número controlado de visitantes puede disfrutar de los atractivos del lugar haciendo uso apropiado de los servicios de infraestructura disponibles en un ambiente confortable y placentero que garantiza la preservación del lugar.
En síntesis, la práctica del turismo con enfoque sostenible garantiza que las generaciones futuras podrán disfrutar del turismo en todas sus formas, sin provocar la extinción de hábitats naturales o la pérdida irreparable de conjuntos arquitectónicos, obras de arte o expresiones culturales que la humanidad debe conservar para siempre.