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Sano acercamiento | Víctor Reynoso
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sano acercamiento

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Agosto 12, 2015

Las declaraciones de Manlio Fabio Beltrones sobre el fin de la “sana distancia” entre su partido, el PRI, y la presidencia de la república, tiene ante todo un valor retórico. Y como tal ya tuvo su impacto: entusiasmó (mucho) a algunos dentro de su partido y asustó (mucho) a algunos fuera de su partido. ¿Hay algo más que una retórica lograda en esa frase?

El entusiasmo y el temor tienen la misma causa: que se vuelva a la época del sistema hegemónico, donde el PRI ganaba siempre. Tener asegurada la victoria es una buena razón para sentirse bien. Pero ¿es posible hoy? ¿Realmente fue la “sana distancia” entre Zedillo y el PRI lo que llevó a este partido a su primera derrota presidencial? De no haber existido la distancia tal, ¿el PRI se hubiera mantenido en la presidencia?

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La respuesta a cada una de estas preguntas parece ser negativa. En ningún país democrático el mismo partido se mantiene en el poder varias décadas. El ejercicio del poder desgasta y lleva a la alternancia. Y el desgaste del PRI a fines del siglo pasado era muy grande. Ni nacional ni internacionalmente parecía viable su permanencia en el poder.

Todo esto si pensamos en un contexto democrático. Contexto que existe razonablemente en nuestro país desde la reforma electoral de 1996, que quitó, entre otras cosas, la organización de las elecciones al secretario de Gobernación. Quizá alguien pudiera pensar que es posible regresar a los tiempos anteriores a esa reforma, cuando el proceso electoral y sus resultados se controlaban desde esa secretaría. Pero parece poco probable incluso que alguien trate de intentarlo.

Por eso el temor ante la declaración de Beltrones tampoco parece justificado. Fue una frase afortunada, como se ha dicho, como retórica. Arrancó el aplauso. Hasta ahí. Nadie puede oponerse, por otro lado, a que un partido tenga un sano acercamiento, aun muy estrecho, con los gobiernos surgidos de ese partido. Es lo más lógico y sensato.

La cuestión es en qué debe consistir ese acercamiento. Gustavo Madero, el expresidente del PAN, declaró que lo más difícil para él como dirigente partidario había sido definir la actitud del partido hacia el gobierno del presidente Felipe Calderón. Una definición que debe estar entre la total complacencia y la crítica absoluta. No tiene sentido que el partido aplauda todo lo que presidente haga o deje de hacer. Tampoco que se sume a sus críticos más severos.

El partido sí puede y debe hacer que el presidente (o el gobernador, o cualquier otro político que ocupe un cargo de elección) vea, escuche y reflexione mejor sobre la realidad del país. Es relativamente fácil perder el sentido de realidad, la dimensión real de los problemas. Hay intereses en torno a cualquier político importante que tratan de que éste vea y escuche solo lo que a ellos les interese que vea y escuche. El presidente, cualquier político, puede ser secuestrado por sus cortesanos cercanos. Su partido puede impedir ese secuestro.

También han generado preocupación algunos actos dentro del PRI que no se veían desde hace tiempo. Concretamente las actividades con algunos “sectores”, la CNOP y CNC. Éstos parecían parte del pasado negativo de ese partido. Contra los riesgos de regresión están las declaraciones de que hay que terminar de llevar a buen término las reformas realizadas al inicio del sexenio y que la visión del partido no es la de aquel que se propone ganar elecciones, sino el que trabaja por un país mejor. Claro que por “un país mejor” pueden entenderse cosas muy distintas.

En política, como en cualquier otro ámbito, el talento es un bien escaso. Nadie le puede regatear a Beltrones su talento político. Lo que hay que observar es si ese talento se pondrá en función del interés público.

 

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