Desde ahora y en las próximas semanas vamos a observar un activismo entre los grupos de un priísmo que es vigoroso, que ha entendido su dinámica opositora en el estado y de enorme responsabilidad transformadora a nivel nacional.
Esta movilidad se dará de manera natural porque habremos de definir candidato a gobernador para el 2016. Sin duda la disciplina partidista estoy seguro que prevalecerá, pero también la legítima manifestación de mis compañeros de partido por alcanzar la nominación.
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Sin embargo, en paralelo al trabajo de quienes aspiran está la fortaleza de un priísmo que ya dio muestras de estar más vivo que nunca en el escenario político poblano.
En las dos últimas elecciones observamos que la primera fuerza política en el estado es el PRI, porque en 2103 los más de 850 mil votos lo colocaron como el partido que mantuvo su rango histórico de votación en el estado y ahora en los comicios intermedios para las diputaciones federales el resultado superó las expectativas.
¿Qué es lo que viene, entonces?
Viene un gran trabajo que continúe el fortalecimiento de las estructuras y la organización del partido y, por supuesto, un gran ejercicio de humildad y reconocimiento para anteponer el interés de nuestro instituto político por encima de cualquier proyecto personal.
El Presidente del PRI, César Camacho lo señaló hace apenas una semana, en el encuentro de la unidad con el Presidente Enrique Peña Nieto, que nuestro partido tiene una enorme responsabilidad de conducción del rumbo de la nación con una visión modernizadora.
Esos son los preceptos que debemos llevar a los ciudadanos para ratificar su confianza que la hemos visto reflejada en las urnas, incluso cuando algunas voces han cuestionado el proceso reformador que avanza hacia el futuro.
Y es que el PRI ha asumido la oportunidad de gobernar el país como una gran responsabilidad más que como una condición de privilegio, impulsando nuevas formas de hacer gobierno y de hacer política, siempre con el compromiso con la sociedad.
Esto mismo es lo que en Puebla nos significa el trabajo político para los priístas, más allá de nuestra condición opositora, porque finalmente el trabajo del partido está directamente con la militancia y con la sociedad.
Es así que frente a los tiempos políticos que se avecinan a nivel local, en ningún momento podemos desviar el rumbo y sí consolidar nuestra convicción de unidad con una visión transformadora que tiene su brújula en el proyecto de nación que impulsa el Presidente Enrique Peña Nieto.