Eran los finales de los años ochenta, época en la que comenzaba un ciclo de austeridad y astringencia presupuestal en la vida del país que hoy por hoy nos coloca ante el desmantelamiento gradual de la educación y la salud pública; por esas fechas trabajaba en el jurídico de la Confederación de Cámaras de Comercio servicios y turismo, cuya sede se ubica frente a la “ciudadela”, lugar en el que se habrían escenificado los trágicos sucesos de la “decena trágica” reseñados magistralmente tanto por el embajador de Cuba: Manuel Márquez Sterling, como por la incomparable pluma de don Martín Luis Guzmán; al salir del elevador a la hora de la comida, solía coincidir con Jacobo Zabludovsky quien, saliendo de Televicentro, visitaba con asiduidad el restaurante ubicada en la planta alta del edificio de la CONCANACO; en el habitual encuentro, Zabludovsky siempre brindaba un saludos gentil, cordial y modesto que le hacían particularmente grato, atendiendo sobre todo, a la fama y poderío del que gozaba por aquellas fechas.
A lo largo del año 2008, escribí una serie de artículos sobre los proyectos de ley materia de la reforma energética impulsada en aquel año por la administración de Felipe Calderón, y Zabludovsky, tuvo la enorme gentileza de referirse elogiosamente a mi persona en la emisión de su programa radiofónico “de una a tres” transmitido por la cadena “Radio Centro”, diciendo que, los referidos artículos le parecían lo mejor que se habría escrito sobre el tema.
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Nos ha dejado un hombre al que con toda justicia habría que enumerar junto a García Cubas, Marroquín y Valle Arizpe, entre los grandes cronistas de la Ciudad de México y, acaso también, junto a figuras como Heriberto Frías en su carácter de cronistas de los sucesos relevantes de su tiempo.
La cultura y la vasta experiencia de Zabludosky en la cobertura informativa de la noticia, será digna de extrañarse ante los sucesos que se nos presentan en el horizonte cercano.
Grecia saldrá el euro y de la OTAN y acabará recibiendo el respaldo, logístico de Rusia y financiero de China, con lo que se determinará de paso la derrota de occidente en Ucrania; por lo demás, cobrará aliento el triunfo de PODEMOS en las urnas en España, si acaso no se suscita una Guerra antes de que dichos sucesos llegasen a tener lugar.
En su “Don Juan”, Lord Byron toma el mito del seductor sevillano acuñado por Tirso de Molina para narrar su autobiografía, en la que expone su pasión por la lucha independentista de Grecia frente al poderío Otomano, antes que él, François-René de Chateaubriand según lo expone en sus “Memorias de ultratumba”, habría esgrimido la independencia helena como política de Estado en su condición de canciller de la restauración de Luis XVIII, aduciendo consideraciones que, hoy por hoy, bien podrían acoplarse con la tesis de Samuel Huntington referente al “Choque de las civilizaciones”.
De aquella pasión por la independencia griega que Lord Byron encarnaría y emblematizaría a cabalidad, dada su plena independencia y libertad de criterio al respecto, surgiría la nación que añoraría su pasado pagano, al unísono de que erigiría su identidad sobra la negación del mismo al identificarse con la Iglesia Ortodoxa, según esgrime al menos el historiador británico Arnold J. Toynbee.
En las fechas que corren, habrá sin duda quien dé testimonio de los graves sucesos que se ciernen sobre los hombres en nuestros días, habrá siempre mientras subsista la condición humana quien se halle dispuesto a brindar tal testimonio, en ello reside la esencia del sentido profético en su acepción profunda; sentido que acaso, en sus últimos años de vida sobre todo, hizo eco en la conciencia de Jacobo Zablodovsky pese a todos los claroscuros de los se vio rodeado a lo largo de su vida, después de todo, en anhela de ser testigo de los hechos ensamblaría a plenitud con el raigambre espiritual de sus ancestros judíos.