La declaración biliosa (y con intento frustrado de sarcasmo) que hizo el diputado federal y exalcalde Enrique Doger sobre la posible candidatura del alcalde Tony Gali a la gubernatura, más que ser atinadas, valiosas o certeras, dejan en claro algo: que si continúa la percepción de que el gobernador Rafael Moreno Valle es el principal promotor de Tony para que se convierta en su sucesor, ésta percepción podría ser el ancla que hunda a la candidatura más viable y prometedora del PAN para las próximas elecciones.
Enrique Doger, por obvias razones, es un personaje con poco autoridad moral para opinar sobre quién está calificado para jugar por la gubernatura, por la sencilla razón de que él jugó sobre ese tablero 4 veces y perdió todas las partidas, con todo y los acuerdos pactados ‘en lo oscurito’ con los adversarios y aun cuando su modus operandi fue (y ha sido) apostar en contra de su propio partido infinidad de veces, con tal de salvar su cabeza y de que su carrera política continuara a como diera lugar.
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Estrategia que, para ser honestos, le ha funcionado: es diputado federal y por inercia permanece inscrito en la lista del PRI como uno de los aspirantes mejor posicionados para la gubernatura.
Pero el punto a discutir no es Doger, sino lo que dejó entrever en sus declaraciones después de dar su informe de labores en la Cámara Baja ante el INE: "Estamos ante un intento de imposición, lo que tanto criticó hace cuatro años se está haciendo, el gobernador quiere poner gobernador y eso no lo vamos a permitir los poblanos, más allá de que el joven Gali canta bien en karaoke, nada más, no sirve para ninguna otra cosa porque la ciudad está hecha pedazos".
¿Qué es lo que realmente dijo en entrelíneas Enrique Doger?
Aquí, en punto más álgido para el alcalde de Puebla es que se enfrenta a una arma de dos filos: Si es que Gali decide no responder a la crítica, insinuación y burla de Doger, corre el riesgo de dar banderazo de salida para que el resto de sus competidores emulen a Doger, y en el juego no sólo están los priístas que se mueren de ganas de atacar a Tony (desde Alejandro Armenta, Víctor Giorgana, Blanca Alcalá, Javier López Zavala, en fin), sino también panistas ortodoxos, ponga en primer lugar al presidente del partido estatal Rafael Micalco y al excalde Eduardo Rivera.
Por el contrario, si decide responderle y entrarle al juego, iniciará un proceso de desgaste natural para Tony, que a la larga, le resultaría totalmente contraproducente para sus intereses políticos a largo plazo.
Al parecer, para el alcalde aparecen dos opciones más viables: inicia un proceso real (o mejor dicho, que parezca real) con el gobernador y su equipo, o bien, se construye al mítico ‘caballo negro’ para desviar los dardos envenenados.
De lo contrario, Tony empezará a enfrentar un desgaste natural antes de tiempo, como preferido del gobernador.