Los mecanismos para burlar el sistema de espionaje político del ejecutor del Gobernador Rafael Moreno Valle, Eukid Castañón Herrera, alcanza dimensiones demenciales… o confesionales, según el perfil de cada uno de los objetivos de las escuchas ilegales del régimen poblano.
Los hay desde quien coloca un reproductor de música de Bruno Mars o Fifth Harmony pegado al teléfono “para que no se aburran” los operadores de los aparatos de intervención telefónica, hasta quien decide colocar la grabación en latín de una oración para igualmente “despistar al enemigo”.
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Si no fuera por la gravedad del caso, lo que se advierte como la propagación de una idea de ser objeto de espionaje que tiende a generalizarse para convertirse en una suerte de psicosis colectiva, el fenómeno podría fácilmente producir hilaridad sin disimulo.
Hoy en día sentarse a tomar café para conversar con activistas, dirigentes políticos o empresariales supone un conjunto de prácticas para evadir a “los orejas” de quien en Puebla se conoce como Míster Siniestro nos ha convertido en un grupo amorfo, pero visible en el que cada uno sin ton ni son aventura una práctica inusual pero recurrente para evitar ser alambreado.
Un político priista llegó hace algún tiempo a una mesa de café como una especie de agente de contra inteligencia del capítulo de la serie televisiva del momento. Saludó y acto seguido extrajo del bolsillo interior del saco su teléfono inteligente al que sin miramiento despanzurró.
Extrajo la pila del aparato, luego la tarjeta de almacenamiento de datos y las colocó una junto a la otra con un metódico ritual que me dejó más sorprendido que espantado. No quiero que sepan en donde estoy, dijo resignado y convencido.
En otra ocasión y otro sitio un interlocutor diferente traía colgado del hombro con una correa un pequeño objeto de color negro que me recordó al señor de “los toques” que recorre los portales del Puerto de Veracruz en la búsqueda de un cliente incauto o ebrio, para colocar en sus manos los tubos metálicos para luego subir la intensidad de la descarga eléctrica que producirá el solaz de la concurrencia, igualmente ebria.
No era así. La caja negra producía un ruido terriblemente molesto similar al que produce el dial de la radio en la búsqueda de una señal en el cuadrante. Tomó su teléfono y lo colocó en la bocina que producía el ruido pertinaz. Volteó la mirada y preguntó: ¿te importa?
Extendió la mano derecha, tomó mi teléfono móvil y lo colocó igualmente a un costado de la bocina infernal. Subió un poco el sonido y volteó satisfecho para comenzar una plática que resultó terriblemente incómoda por el fondo ruidoso nos acompañó la hora y media en la que hablamos de política, fútbol y hasta de la familia.
Y cuando el reportero había asumido que ya había visto todo artilugio para evitar ser espiado por un régimen que cada vez acerca más a los totalitarismos de la Guerra Fría, escucha las palabras en latín de un rito religioso claramente católico que debió haber provocado que los espías elevaran alguna plegaria, supongo.
No existe hoy en día un solo actor de la vida pública en Puebla que esté ajeno al miedo de ser escuchado y grabado. No solo por la eventual posibilidad de complotar contra el régimen del Gobernador Moreno Valle, sino porque muchas de las conversaciones son absolutamente ajenas a ese tenor.
Apenas había sido revelado el sistema de espionaje ya popularmente conocido cuando una madre de familia contactó al reportero para lamentar con justificada razón las escuchas de las que podría haber sido víctima al hablar con su hija adolescente de temas que atañen sólo a una madre y a una hija.
No tuve una respuesta al reclamo aquél. Es una canallada que no puede dar risa.
Twitter: @FerMaldonadoMX