Hablar de innovación es un tema común, pero además necesario en las organizaciones modernas. Sin embargo resulta interesante cuestionarnos si al hacerlo, ¿hablamos de la innovación como un resultado, o de la innovación como un proceso?
Los dos enfoques están ligados, pero hablar sólo del primero sin tomar en cuenta el segundo puede afectar de gran manera la efectividad en el diseño, de las condiciones para la creatividad individual y organizacional y con ello de la efectividad e impacto de la innovación.
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Se persigue un resultado que impacte en el valor agregado y en general en la calidad de los productos o servicios de una organización. Y se intenta a través de hacer algo nuevo que no se ha hecho antes, o bien hacer algo de distinta manera en beneficio del valor al cliente y la eficiencia de la organización. Todo ello nos conduce a ver la innovación como un resultado.
Sin embargo, lograr las propuestas e implementaciones de las mismas, implica un proceso que resulta complejo y que requiere de condiciones adecuadas para la creatividad. Es un proceso generativo que involucra conocimiento, aprendizaje y colaboración, siempre enfocados con claridad a las variaciones en el ambiente organizacional que demanda formas nuevas de agregar valor.
Se requiere de un ambiente que promueva un pensamiento que nos lleve a reconocer el comportamiento de nuestros sistemas, más allá de lo que somos capaces de explicar. David Bohm llamó a esto el orden explicado. Se requiere desarrollar capacidades pero también espacios para suspender nuestras creencias y poder abrirnos a otras posibilidades que pueden ir más allá de lo que somos capaces de percibir de manera inmediata.
La calidad de la innovación dependerá entonces de la calidad del proceso generativo y esta, de la calidad de la reflexión e interacción de las personas que participan. La calidad de las conversaciones que todo esto implica, depende ahora de la calidad del ambiente que la organización promueva para ello.
El liderazgo que fomenta y da soporte a los procesos para la innovación en las organizaciones, requiere mucho más que sólo enfocarse y exigir los resultados esperados de la innovación. Requiere de capacidad para descubrir las necesidades y oportunidades en el ambiente del negocio y la habilidad para apasionar a las personas dentro de la organización para diseñar y construir las capacidades, los procesos y los resultados específicos que se requieran lograr a través de la innovación.
En los individuos se requiere desarrollar habilidades de pensamiento para romper los paradigmas del orden explicado y desarrollar la inquietud para ir más allá de lo conocido y aparentemente obvio. Requiere trabajar con la incertidumbre y una visión sistémica de la operación de la organización y de su relación con los demás actores en el sistema.
Como equipo se requiere construir y poner en práctica el aprendizaje en equipo. Trabajar en la capacidad para interpretar al ambiente y diseñar formas para responder y desarrollarse agregando el valor esperado por el sistema. Compromiso con el aprendizaje y con la creatividad.
De la organización se requiere un liderazgo transformacional que se mantenga preocupado por generar condiciones para que en lo individual puedan desarrollar la creatividad y en lo colectivo la capacidad para aprender en equipo y transferir de manera detallada el conocimiento hacia la acción organizacional. Es un proceso complejo pero que si descuidamos, puede afectar la efectividad en el logro de los resultados esperados de la innovación misma.