“Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.
Al escuchar aquello, el Director, que era un grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.”
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Augusto Monterroso. El grillo maestro.
(http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/monte/el_grillo_maestro.htm)
Hubo una vez un país rico y lleno de pobres, un país imaginario y casi inimaginable en el que parecía que todo funcionaba al revés y sin embargo seguía funcionando. Era un país que entre otras cosas se caracterizaba por ser de los más atrasados en cuestiones educativas: no tenía escuelas sino “no escuelas” –se les llamaba así porque la mayoría carecían de las instalaciones, servicios, equipamiento y personal indispensables para realizar sus actividades- y quienes dictaban las políticas para guiar la formación de las nuevas generaciones no eran los educadores o los investigadores educativos sino un grupo de grillos maestros, una especie muy rara de activistas que se disfrazaban de profesores –de ahí lo de maestros, aunque en realidad eran grillos camuflados- que tenían como misión evitar que las cosas cambiaran para poder mantener su poder y el manejo de un buen pedazo del tesoro nacional.
Además de las “no escuelas” había otras instituciones reservadas para los grupos relacionados con la monarquía de ese territorio –les llamaban “mirreyes” y se identificaban fácilmente por las manera ofensiva de hacer ostentación de su riqueza- y a las que aspiraban ingresar los hijos de políticos, empresarios o delincuentes que adquirían riqueza económica de manera rápida y a veces inexplicable pero necesitaban también de reconocimiento social para vivir. Estas instituciones eran en realidad clubes sociales que aparentaban ser escuelas pero en ellos no se iba a buscar conocimientos sino conocidos, según el dicho de un prestigiado Sociólogo de la Educación que habitaba en esas tierras.
La situación de la educación se reflejaba en que los jóvenes y adultos que egresaban de las no escuelas o de los clubes sociales con apariencia de escuelas mostraban múltiples carencias en conocimientos básicos, eran bastante incompetentes para resolver los problemas que les presentaba su trabajo diario, carecían de la ética elemental para construir un clima de convivencia social positivo y respetuoso y de la formación ciudadana indispensable para vivir en democracia.
Sin embargo la educación de ínfima calidad resultaba muy conveniente para los gobernantes de ese país que lograron construir por más de siete décadas una “dictadura perfecta” –según la llamó un escritor extranjero que fue inmediatamente excomulgado-, una dictadura tan perfecta que se fue inoculando hasta permear los genes de la mayoría de los políticos de todos los partidos y un altísimo porcentaje de la población hasta convertirse en una forma de ver la vida y de actuar para sobrevivir. De manera que no importó que durante algunos años gobernara otro partido a nivel nacional y que hubiera alternancia de varios partidos en las regiones y las ciudades porque todos ejercían el poder de la misma manera y mantenían la estructura que hacía que la educación siguiera siempre igual.
De vez en cuando, si se notaba que la sociedad y los medios de comunicación alzaban la voz un poco más alto de lo acostumbrado para exigir una mejora en la educación, llegaba un gobernante que leía discursos bonitos acerca de “los niños que son el futuro de la patria” y “la labor entregada y casi apostólica de los maestros” y decía que iba a cambiar todo y que las escuelas serían escuelas, los profesores mejorarían sus condiciones laborales y su formación, los grillos maestros serían sancionados porque “no se permitiría más la impunidad” y la calidad educativa mejoraría llevando al país a estadios inusitados de progreso.
Pero estas eran simples estrategias gatopardistas que, como su nombre lo indica, buscaban que todo cambiara para que todo siguiera igual.
Hubo una vez en que parecía que las cosas podrían realmente cambiar. Llegó de regreso el gobierno del partido creador de la dictadura perfecta y dijo con gran convicción que reformaría la educación y crearía un sistema profesional de carrera docente y un instituto nacional autónomo, encargado de la evaluación de todos los estamentos del sistema educativo. Se impulsaron cambios relevantes en las leyes, se encarceló a la lideresa de los grillos maestros del momento y se eligió un consejo que gobernara el instituto autónomo previa consulta a los expertos, un consejo formado por especialistas muy bien preparados, con una visión y experiencia amplia e integral de la educación, socialmente comprometidos y honestos.
Todo parecía caminar hacia el cambio real, largamente esperado para apostar en serio por la educación como un instrumento para el cambio social. Los expertos y decenas de personas iniciaron su trabajo y fueron construyendo de manera profesional los nuevos instrumentos y procesos para la evaluación de los estudiantes y los profesores y se encaminaban a aplicar estos mecanismos y a seguir construyendo los sistemas de evaluación de los demás elementos.
Sin embargo, como ya se dijo antes, en ese país imaginario e inimaginable las cosas siempre funcionaban al revés y para garantizar que todo siguiera igual, el gobierno sustituyó a la lideresa de los grillos maestros por otro grillo maestro que fuera más amigable y dócil; por su parte los grillos maestros que actuaban como opositores pero como buenos grillos maestros compartían la misma misión, organizaron movilizaciones, bloquearon calles y plazas, incendiaron autos y edificios, privaron ilegalmente de la libertad a funcionarios y se organizaron finalmente para impedir las elecciones en varias regiones de ese país.
Hasta que los dos polos confluyeron: el del gobierno que no quería el cambio sino un nuevo gatopardismo y se aliaba para esto con el nuevo líder de los grillos maestros y el de los grillos maestros “opositores y críticos del sistema”. Lo que ocurrió después es previsible: las autoridades educativas de ese país rico lleno de pobres anunciaron sin dar razones que se suspendía de manera indefinida la evaluación planeada y largamente esperada.
Los grillos maestros se sintieron entonces satisfechos porque lograron nuevamente su objetivo: en la Escuela todo seguiría como en sus tiempos.