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OPINIÓN

Crónica de una charla afortunada

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Fernando Maldonado

Estudió Ciencias Políticas y ha trabajado en prensa, radio y televisión. Ha publicado en diversos medios. Autor de la columna Parabólica

Viernes, Abril 24, 2015

“Es mi dinero y no he pedido el voto a nadie a cambio” dijo este hombre entrado en años que compite por la presidencia municipal de Guadalajara y que vive la recién descubierta pasión de la política en su natal Jalisco.

Era Antonio Pérez Garibay, el candidato del Partido Nueva Alianza que ganó notoriedad en espacios del calibre de CNN, Reforma, El Universal y otros de la gran prensa por una característica familiar: es el padre del piloto de la escudería Force India en la categoría Fórmula 1, Sergio ’Checo’ Pérez.

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El jueves una coincidencia afortunada me llevó a una mesa en la que este empresario que ya ganó un lugar en la disputa por el poder público en la capital del estado que gobierna el priista Aristóteles Núñez, contaba la historia de un día de campaña en su tierra.

Una fotografía publicada en el periódico Mural de aquélla tierra, propiedad de Grupo Reforma alentó una oleada en redes sociales que lo acusó de compra de votos por un acto espontáneo, rasgo distintivo de este empresario y candidato: el miércoles se fue a bolear los zapatos en la Plaza de la Liberación para luego dejar al aseador de calzado un billete de 500 pesos.

La acción la repitió luego con una mujer que vendía globos y más tarde con uno de los llamados artistas callejeros. Fui bolero, repartidor de periódicos y sé de las necesidades de la gente, me dijo enérgico. 

Allá en su tierra la noticia de un candidato en la búsqueda del voto por la presidencia municipal de Guadalajara que regala billetes de 500 pesos corrió en forma de apetitoso platillo periodístico. El social media del microcosmos jalisciense tomó el dato para luego decodificarlo, según la conveniencia.

-¿Se desilusiona de la política? pregunté a este hombre dicharachero, aún después de la vapuleada recibida en las redes sociales la víspera de nuestro encuentro espontáneo en un restaurante especializado en pastas y vino. “Al contrario, me encanta”, respondió.

Tomó el teléfono, atendió la llamada de su primogénito Checo Pérez para confirmar el compromiso al que estaba convocado más tarde. Era la presentación del nuevo Mercedes AMG GT en el Estado de México, al que asistiría como ícono de la industria por su desempeño en el máximo circuito mundial del automovilismo.

Y cómo no estaría de buen talante tras la ocurrencia de soltar dinero a la gente que encontró a su paso en su miércoles de campaña. Una fuente cercana al presidente Enrique Peña Nieto le adelantó al oído: ese gesto le subiría unos tres puntos en las encuestas de preferencia electoral. Volvió a sonreír.

Avanzó la media tarde con temas de la política, el proceso electoral y la dificultad de los partidos políticos y sus candidatos para recuperar la confianza de la gente, harta como está de las trampas de la clase política para esconder intereses inconfesables.

Y luego salió volado (sin avión o helicóptero como ahora acostumbra la clase política) en un vehículo prestado, para cumplir con el compromiso de padre, siempre de buen humor y sin más aparato de seguridad que un asistente y el compromiso de un nuevo encuentro.

Tengo la nota, me dije.

Twitter: @FerMaldonadoMX

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