“No tenemos ninguna seguridad de escapara a la barbarie y salir de la edad de hierro planetaria…”
Edgar Morin. Método IV. Las ideas.
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Cada vez que hablamos de Ética y valores en general o de educar en la ética y formar en valores a las nuevas generaciones surge algún comentario que plantea que los valores y la ética suenan muy bonito pero que un simple vistazo a la realidad que nos rodea puede darnos una idea clara de que se trata de elementos utópicos y fuera del alcance de los seres humanos concretos.
Pero la ética no se ocupa del estado actual del ser humano y de la sociedad, al menos no de todo lo que es el ser humano y la sociedad tal como los conocemos y vivimos sino de una posibilidad, de un “ya y todavía no”, de un horizonte al que aspiramos como seres que están llamados a vivir y no solamente a sobrevivir.
En un taller sobre ética profesional el prestigiado filósofo español Emilio Martínez Navarro inició sus planteamientos haciendo esta aclaración en términos que según recuerdo decían: “la ética no se trata del ser humano como es hoy sino del ser humano como debería ser”. En este sentido, la ética establece ciertas ideas, principios, valores o normas conforme a las cuales el todo ser humano debería plantear su existencia si desea que esta existencia pueda llamarse realmente humana.
Sin embargo el deber ser suena muchas veces lejano y abstracto y en estos tiempos posmodernos y líquidos se nos presenta como una pesada losa que hay que llevar sobre las espaldas y que en general, los individuos de este cambio de época suelen rechazar porque además existe el cuestionamiento acerca de quién determina ese deber ser o desde qué legitimidad moral puede alguien atreverse a decir lo que debe ser en términos de humanidad en un mundo crecientemente plural.
Existe otra manera de plantear el ángulo que define el objeto de estudio de la Ética que es el del contenido y características de una buena vida humana, que no es el del deber ser sino el del querer ser.
En efecto, si analizamos nuestro deseo profundo de ser, el deseo que compartimos todos los humanos independientemente de nuestra raza, cultura, credo, momento histórico o afiliación política podemos llegar a darnos cuenta de que ese deseo puede definirse como lo hace Morin, como el deseo de “vivir para vivir”, que trasciende el instinto elemental de querer sobrevivir que es solamente el soporte biológico, la condición necesaria pero no suficiente para satisfacer nuestra aspiración como seres humanos.
Todos los seres humanos compartimos el deseo profundo de vivir para vivir, es decir, de vivir para gozar de la vida, para dar vida y recibir vida por parte de los demás, para ayudar a vivir a otros y dejarnos ayudar por los demás para poder vivir de una manera humana, es decir, lo más plena y feliz que sea posible.
Este deseo de vivir para vivir es el fundamento de la Ética, por lo que podemos afirmar que esta disciplina filosófica se ocupa, no del ser humano tal como vive aquí y ahora sino del ser humano como desea vivir.
De este modo, la ética profesional, es decir, la ética aplicada a la reflexión sobre el ejercicio de las profesiones tiene que ver no con la manera superficial, incompleta, sesgada hacia la obtención de los bienes externos de riqueza, poder y prestigio sino con la forma en que todo profesional quisiera en lo profundo vivir su tarea, es decir, de la forma o las formas de practicar la profesión de manera que el cumplimiento del ejercicio profesional contribuya a la realización de un proyecto de plenitud humana que se concreta a partir del bien que aporta una profesión a la sociedad que le dio origen y le da sentido.
En un tiempo en el que se descubren día a día nuevos escándalos de corrupción, impunidad y opacidad en la política, convendría tener en cuenta que el ejercicio de las tareas que realizan los políticos profesionales, si se fundamenta en la mera búsqueda de enriquecimiento, poder y fama, no responde al deseo profundo del ser humano de ejercer su profesión, en este caso la política, en beneficio de la sociedad que tiene múltiples necesidades.
Convendría también tener claro que por cada político corrupto existen ciudadanos que están ejerciendo su profesión en la misma clave de enriquecimiento fácil, poder artificial y prestigio efímero; ciudadanos, muchos de ellos profesionistas que no practican su profesión de manera ética sino que se convierten en cómplices de los procesos de corrupción, falta de transparencia e impunidad que muchas veces critican desde una doble moral muy característica de nuestra sociedad mexicana.
El desafío de la ética profesional se encuentra en esta enorme brecha entre el ser del ejercicio de las profesiones y el querer ser de un ejercicio profesional orientado al beneficio social que redunde en una realización humana personal de quien ejerce la profesión.
Para compartir búsquedas, hallazgos, aproximaciones teóricas y metodológicas, avances y limitaciones en la comprensión del ejercicio ético de las profesiones se realizó la XIV Reunión del Proyecto Interuniversitario sobre Ética Profesional que agrupa a alrededor de diecisiete equipos de investigadores de instituciones públicas y privadas de toda la república.
La reunión tuvo lugar en esta ocasión en la Facultad de Pedagogía e Innovación Educativa de la Universidad Autónoma de Baja California con sede en Mexicali.
Como es evidente, los retos son innumerables y la tarea parece a veces utópica si miramos el ser del ejercicio profesional actual, pero si miramos más allá del ser y trascendiendo el deber ser abstracto e impuesto, si indagamos sobre el verdadero uy profundo querer ser de los seres humanos que ejercen una profesión podemos seguir luchando y buscando formas de conocer y transformar este panorama plagado de conductas no éticas que están determinando la decadencia de esta sociedad que necesita urgentemente un cambio de visión, una transformación de mentalidades e instituciones que cambie paulatinamente al mundo en que hoy vivimos para hacerlo un lugar más propicio para la humanización de todos.