Un conocido y reconocido fotógrafo de esta ciudad publicó una foto de un cinturón masculino (de cuero negro y hebilla gruesa plateada) y lanzó la consigna: “Cuenta la leyenda que gracias a este artefacto muchos de ustedes no son vagos, ni irresponsables, ni malvivientes, ni malas personas, ni maleducados”.
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“Yo les doy cinturonizas de amor a mis hijos y sí funciona”, “es pura jalada que los niños se traumen”, “si no les das duro, por eso ya hay tanto niño malcriado, respondón, y si no lo corriges a tiempo, se vuelven unos irresponsables”, “por eso hay tanto nini (ni estudia, ni trabaja)”, “yo les daba con el cinturón y ‘la chancla voladora’ y sí funciona, ahora ya están grandes y cómo me lo agradecen. Me adoran”, “Hoy, todo lo que tengo al respecto de la disciplina física a tiempo, correctora, con autoridad, (léase: el cinturón), es agradecimiento. No se traumen, ¡la disciplina no trauma!, y sí te permite enderezar una vida que va, sin duda alguna, derechito al fracaso personal”, “Mis hijos conocieron chancla y cinturón, (con medida, claro) y tengo 5 nietos de mis hjos, y gracias a Dios me respectan, y lo que es más bonito, me quieren un chorro, y no es que presuma, es una Bendición”.
Lo lamentable del asunto es que muchas personas, más de las que creemos (como lo muestra el Face), aprueba la violencia como método correctivo para sus hijos.
La violencia no puede tolerarse, ni justificarse y mucho menos asumirla con naturalidad... ni contra la mujer (que acabamos de festejar ‘nuestro día’), ni mucho menos contra un niño. La violencia es la respuesta más instintiva cuando no sabemos negociar, ni ser ejemplo para nuestros hijos. Tampoco puede utilizarse como sinónimo de disciplina.
Pegarle a un niño no es ‘un recurso educativo’; es la muestra de nuestra falta de habilidades como padres, de liderazgo, de paciencia. Es la evidencia del fracaso del padre como educador.
Nadie nace sabiendo, pero es nuestro deber informarnos para poder educar a los niños de hoy, sobre todo en esta era, cuando la información está al alcance de todos.
María Esther Sosa López, educadora certificada en Positive Discipline Parenting Educator, y quien actualmente se dedica a dar cursos sobre disciplina positiva para padres y maestros, explica que: “tradicionalmente en la educación de los niños y niñas se ha empleado la disciplina punitiva basada en el castigo, la cual provoca efectos negativos (resentimiento, venganza, rebelión y reducción de la autoestima).
“En contraposición a ésta se ofrece la disciplina positiva, basada en el respeto mutuo y que propone implicar al niño/a en la solución de problemas, fomentando su autocontrol y autoestima, y enseñándoles al mismo tiempo habilidades sociales y de vida.
“Todos los padres coincidimos en que para educar a los pequeños se necesita disciplina, entendiendo por ésta a poner orden, límites y estructura, sin embargo, los niños no nacen sabiendo comportarse y por ello necesitan de nuestra guía amorosa y entrenamiento continuo para que puedan saber lo que pueden y no pueden hacer, aprender que son responsables de sus actos y que toda acción tiene por lo tanto una consecuencia.
“La disciplina positiva enseña a los padres herramientas y estrategias eficaces como alternativa a los premios y castigos que les ayudarán a resolver y enfrentar las situaciones propias de la infancia como: berrinches, peleas entre hermanos, desobediencia, luchas de poder, etc.
“La disciplina positiva es un modelo de crianza que combina la firmeza y la amabilidad al mismo tiempo y fomenta en todo momento el sentido de pertenencia y significancia (sentirse reconocido y valorado) a través del fortalecimiento de los vínculos entre padres e hijos y solucionado los problemas involucrando a los niños en la resolución de los mismos.
“La disciplina positiva se basa en el respeto mutuo y tiene como objetivo favorecer la maduración de los niños y niñas, para que se conviertan en adultos responsables, autónomos y felices.
“Ser padres es sin duda la profesión más difícil del mundo y aunque nadie nace sabiendo ser padre, siempre podemos prepararnos y aprender a educar con amor y respeto.”.
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