Para Beto Merlo, con mi solidaridad.
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“La democracia es la regeneración continua
de un bucle retroactivo: los ciudadanos producen
la democracia que produce a los ciudadanos.
La democracia se funda a la vez en el contexto
de los ciudadanos que aceptan su regla del juego,
y en el conflicto de intereses e ideas. La regla
del juego sanciona el afrontamiento de las ideas
por la elección y no el recurso a la violencia.
La democracia constituye la unión de la unión
y la desunión: se alimenta endémicamente de
conflictos que le dan su vitalidad”.
Edgar Morin, El Método II: La vida de la vida.
(http://www.casadellibro.com/libro-el-metodo-2-7-ed-/9788437623313/1106232 )
Los tiempos pre-electorales que vivimos y las últimas decisiones y señales del gobierno federal han agudizado el hartazgo ciudadano respecto a la clase política y evidenciado con cada vez mayor claridad las señales de una estrategia que busca la regresión a la “dictadura perfecta” de la que hablaba Mario Vargas Llosa en la etapa del sistema priísta post revolucionario que como vemos hoy, se niega a morir a pesar de su evidente anacronismo.
Por otra parte, resulta cada vez más clara la ausencia de alternativas reales a este sistema que parece no tocar fondo en cuanto a sus síntomas de descomposición: corrupción, autoritarismo, impunidad y falta de transparencia y rendición de cuentas. Tenemos en México una oposición que no se opone porque participa y se beneficia de los vicios de un sistema político que se ha vuelto cultura y parece estar en los genes de los mexicanos.
La situación está llegando a su límite pues aunque la clase política parezca no entenderlo, la sociedad mexicana está mostrando síntomas de un nivel de desesperación y rabia que pueden desbordarse en cualquier momento. Estamos en un momento de emergencia política.
Escuchamos continuamente la queja acerca de los políticos corruptos, autoritarios y centrados en sus propios intereses que predominan hoy en el contexto nacional pero no es común que en estas quejas se tenga consciencia de que no estamos hablando de seres extraterrestres o venidos de algún país lejano sino de ciudadanos que se dedican profesionalmente a la política. En efecto, los políticos que tenemos son producto de la sociedad y si como afirma Morin: “los ciudadanos producen la democracia que produce a los ciudadanos…” podríamos concluir que nuestra democracia está en un momento de emergencia porque ha sido producida por ciudadanos que no asumen sus principios ni aceptan sus reglas y está generando a su vez a los nuevos ciudadanos corruptos que gobernarán en el futuro.
La educación tiene un papel fundamental en esta emergencia política que hoy vive el país porque es en las familias y en las aulas donde se puede generar una ruptura del círculo vicioso y formar ciudadanos diferentes que apuesten por le regeneración democrática y trabajen para construir una sociedad de leyes y justicia que produzca nuevos y mejores ciudadanos orientados por la búsqueda del bien común y no solamente por sus intereses egoístas de riqueza, poder y prestigio.
En mi libro Educación humanista (http://www.ibero-publicaciones.com/filosofia/articulo_detalle.php?id_volumen=6&id_articulo=140&id_seccion=36&active=1&pagina=347 ) planteo como uno de los ejes fundamentales de reflexión que “la educación produce la sociedad que la produce”, es decir, que el sistema social con sus intereses dominantes, sus significados y finalidades legítimas o ilegítimas condiciona al sistema educativo en sus objetivos, estrategias, dispositivos y formas de organización y operación pero al mismo tiempo, el dinamismo de la vida escolar y universitaria van contribuyendo a reproducir o a regenerar ese sistema social que las rige.
De manera que la educación puede y debería enfocar sus esfuerzos hacia la formación de ciudadanía para la regeneración democrática y esto implica la educación de niños y jóvenes capaces de afrontar dialógicamente los conflictos evitando el recurso a la violencia; estudiantes que desarrollen sus habilidades de pensamiento complejo de manera que sean capaces de entender a la democracia como la unión de la unión y la desunión y de entender los conflictos como un alimento de la vitalidad democrática y no como realidades indeseables que hay que erradicar mediante la cooptación o la represión.
La emergencia política en que hoy nos encontramos es en buena medida una emergencia educativa a la que los educadores de buena fe debemos responder con estrategias inteligentes, proyectos colaborativos y trabajo eficiente que forme a los futuros ciudadanos, contribuyendo a progresar resistiendo este embate regresivo de quienes añoran los tiempos de la “dictadura perfecta”.