En un amplio segmento del servicio público federal hay más preocupación que algarabía. La llegada del proceso electoral es aduana por la que debe transitar la gestión de Enrique Peña Nieto y su partido.
El PRI que en 2012 había despertado la esperanza ciudadana tras la última gestión panista de Felipe Calderón Hinojosa vive momentos de preocupación insomne, pero inconfesable. Van a una batalla sin cuartel, pero sin armamento adecuado.
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Atados de manos, sin dinero público para maniobrar como dictan usos y costumbre del sistema mexicano, están convertidos en blanco fácil de la metralla de la oposición que un día y al otro también acusa al priismo en el gobierno de ineficiencia, opacidad y corrupción.
El último anunció de recorte al gasto que decidió el gabinete económico pegó fuerte en programas en Desarrollo Social. El discurso oficial dirá que no, pero la realidad dicta otra lógica. Levanta cejas y altera a operadores del sistema que ven en los programas de asistencia herramientas para concitar votos y voluntades.
Quejas y alarmas van en la misma sintonía. No sólo redujeron montos presupuestales para gastos de operación que supone el uso de parque vehicular y personal para implementación de políticas públicas, sino la operación misma de la política social que valide la gestión.
Ya en Querétaro, Aguascalientes, Baja California, Nuevo León o Puebla la queja y alarma es coincidente. Recorte de plazas de personal e inmovilización de equipos e insumos hasta en 30 ó 40 por ciento, es exactamente proporcional al número de votos que podrían dejar de cosechar en la campaña que arranca en menos de 30 días.
Tuvo acceso el autor de la Parabólica a una sesión virtual de un grupo de responsables de programas de sociales. La alarma cunde como virus por las venas del gabinete social que no termina de reponerse de los anuncias fatídicos en reuniones a puerta cerrada en oficinas centrales en la Ciudad de México.
Convocados en las últimas semanas en grupos, delegados de los 31 estados han recibido la instrucción de reducir al máximo para aguantar el impacto de la caída del precio del petróleo en el mercado internacional y la salida del país de dinero privado como parte de un desquite del gran empresariado incomodado por la ultima reforma fiscal que tiene matices de izquierda.
Son como los quiso ver el axioma de Carlos Hank en la década de los ’80, convertido el doctrina para el mexicano en el poder público: un político pobre es un pobre político. La chequera del gasto social carece de fondos.
No solo se esperan momentos difíciles para operadores de la gestión peñista, sino para el aparato en su conjunto que pretende por lógica elemental perpetuar al priismo tras doce años de ayuno en el poder público federal frente al Partido Acción Nacional que parece recuperarse con rapidez evidente.
Twitter: @FerMaldonadoMX