En el número de la revista Proceso dedicado a Julio Scherer García con motivo de su fallecimiento se publicó un texto donde Fátima Fernández Christlieb, reconocida académica en el campo de las Ciencias de la Comunicación, hacía una semblanza de Scherer desde el ángulo de profesor de periodismo, que es el rol en el que a ella le tocó conocer a este icono del periodismo mexicano del siglo XX.
Hacia la parte final de esta semblanza, la autora cita una anécdota que pinta la postura política y existencial de Scherer de manera nítida. Fernández y Scherer comparten una mesa en un restaurant con un grupo amplio de amigos y exalumnos del periodista. Ella lleva entre sus cosas un libro de Scherer recientemente publicado y en un momento de la reunión le pide que le escriba una dedicatoria. Reacio a los reconocimientos y el culto a su persona, don Julio se niega a escribir la dedicatoria y le dice: “mejor te la dicto”. Ella accede. Scherer le dicta la siguiente frase: “Que chinguen a su madre los matices”.
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No soy experto en periodismo, pero como lector prefiero siempre a los reporteros, analistas, opinólogos y medios que en contra de esta postura de Scherer buscan siempre los matices al cubrir o analizar los temas que aporta la realidad mexicana y mundial, compleja por naturaleza.
En mi papel de docente universitario y de formador de profesores en servicio trato también de manejar las temáticas de mis cursos buscando los matices en cada tema e invitando a los estudiantes a hacerlo y a evitar en la medida de lo posible la visión “de bulto” de las realidades en que están involucrados y la postura en blanco y negro ante los distintos elementos del proceso educativo y de la sociedad.
Como investigador educativo he trabajado y me preocupa cada vez más el tema del pensamiento crítico como uno de los elementos fundamentales de todo proceso que pretenda llamarse educativo. Está por demás señalar la obsolescencia de una educación que se dedica únicamente a transmitir contenidos para ser aprendidos mecánicamente por los estudiantes. Está por demás señalar la relevancia de diseñar e instrumentar procesos formativos que desarrollen la comprensión sobre las distintas asignaturas y a partir de ella la adecuada conceptualización de los elementos que se estudian.
Sin embargo, sigue siendo relevante y desde mi punto de vista muy urgente destacar el papel central que juega el desarrollo del pensamiento crítico en la formación de los futuros ciudadanos. En mi libro Pensamiento crítico y creatividad en el aula parto incluso de la idea de que “educar es enseñar a pensar y a tomar decisiones”.
Vivimos en un México cada vez más dividido y polarizado por dos formas cerradas de ver la realidad “de bulto” y sin matices: la de los que se consideran críticos porque se oponen a cualquier información que difundan los medios de comunicación o periodistas considerados como “malos” o “vendidos al régimen” y por supuesto a cualquier versión gubernamental y por el otro lado los que de manera tal vez ingenua o interesada pero también posiblemente de buena fe defienden todo lo que estos medios cercanos al gobierno difunden y lo que el gobierno y sus distintas dependencias promueve.
Resulta por ello cada vez más importante la formación en el pensamiento crítico, esa dimensión de nuestra consciencia humana que nos libera de las visiones “de bulto” y nos lleva a partir de la pregunta fundamental por lo verdadero, por lo real, a buscar evidencias, recopilar pruebas, encontrar fundamentos y llegar a la afirmación de juicios de hecho sustentados sobre lo que se puede probar y a asumir la postura humilde de no pronunciarnos de manera tajante sobre lo que no conocemos y a distinguir claramente entre nuestras percepciones, nuestras opiniones y nuestros juicios y posturas.
No basta con promover en nuestros estudiantes la inconformidad, la duda o el escepticismo frente a lo que se les plantea o la oposición sistemática a todo lo que venga del lado contrario a lo que los educadores consideramos correcto o pertinente. Educar pensadores críticos no es formar opositores de oficio que crean y difundan cualquier versión que refuerce la batalla contra los que detentan el poder sin importar la seriedad de la fuente o la calidad de las evidencias en que se sustenta.
Un verdadero pensador crítico combate el oscurantismo que excluye determinadas preguntas por considerarlas políticamente incorrectas y evita las comprensiones a medias de los fenómenos por temor a indagar del lado de lo que de antemano y de manera pre-juiciada se considera como el lado correcto de la realidad. El auténtico pensador crítico es precisamente el que busca afanosamente los matices.