Este sábado se habrán cumplido ocho días de que Mario Marín Torres, el estigma de una forma de hacer la rancia política del priismo viejo llegó al hotel Camino Real de Tijuana, en Baja California.
El inmueble en el que se hospedó se ubica sobre Paseo de los Héroes frente a la Glorieta Cuahutémoc, a unos minutos en automóvil de zonas comerciales exclusivas como La Jolla (así la escriben) y Missio Valley, en San Diego, California. Solo es cosa de avanzar unos 15 minutos por la Vía Rápida José Fimbres Moreno y se cruza la frontera que divide el territorio nacional.
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Lejos del escarnio de que fue objeto por el affaire Lydia Cacho la periodista radicad en Cancún, Quintana Roo y encarcelada durante su sexenio, lo que constituyó en buena medida la pérdida de la gubernatura en 2010, Marín parece vivir sus mejores días.
Un grupo numeroso de escoltas lo acompañaban. Unos cuatro en el interior de la recepción del hotel y otros cinco fuera del inmueble. Nueve en total. Aguardaron atentos a que el exgobernador de Puebla terminara el trámite de registro y el de su familia. Viajaba con sus hijos, nuera y su esposa.
Todos con el aspecto del militar: corte de pelo extremadamente corto, enfundados en trajes oscuros y equipados con armamento y aparatos de radiocomunicación. En todo momento le llamaron “señor gobernador” al originario de Nativitas Cuautempan, un pueblo polvoso de la mixteca poblana.
Marín iba ataviado de pantalón de casimir de color gris, camisa blanca y suéter de color azul marino. Portaba solo una bolsa de piel cruzada por el torso. Zapatos mocasines de color negro y parecía absorto en sus pensamientos mientras era atendido por el personal del hotel.
El reloj marcaba las más o menos las 20:00 horas (22:00 para el uso horario del centro de México). El hombre que concita los odios en la esfera local no parecía tener prisa y tampoco mucha presión.
A 2 mil 890 kilómetros de distancia del territorio poblano, las cosas se ven de un color distinto, más apacibles, menos iracundas e inhóspitas, sin linchamiento mediático ni político, pues.
La fuente presencial del episodio ocurrido el sábado 3 de enero aseguró al reportero, sólo pudo advertir el bolso de la señora, un Carolina Herrera; en el interior de la camioneta que movía a los Marín un porta trajes Ermenegildo Zegna y una tranquilidad que solo da la seguridad de quien va al shopping en San Diego la víspera de Reyes Magos.
Twitter: @FerMaldonadoMX