“¿Podremos inhibir la megalomanía humana y regenerar el humanismo?...
¿Podrá proseguir la hominización como humanización?
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¿Será posible salvar a la humanidad realizándola?
Nada está seguro: tampoco lo peor”
Edgar Morin. El Método V. La humanidad de la humanidad, p. 330
Nada está escrito en este mundo marcado por la desigualdad, la violencia y la exclusión. Nada está escrito en el planeta gobernado por el dinero y el afán ilimitado de lucro, de poder y de placer.
Nada está escrito en esta tierra en la que como decía Pedro Arrupe S.J. los seres humanos podríamos hacer que todo fuera más justo, pero no queremos. Nada está escrito en piedra, nada está predeterminado ni tiene que suceder inexorablemente.
Vivimos en un momento histórico de transición y confusión, un tiempo de cambios acelerados y constantes que más bien es un cambio de tiempo, el camino hacia una época que no sabemos aún cómo será ni qué traerá de positivo y de negativo para esta humanidad que es siempre ya y todavía no, que se define por la búsqueda incesante, por la pregunta con mayúsculas que se expresa limitadamente en miles de preguntas con minúscula.
Nos encontramos ciertamente en una circunstancia difícil en la que por un lado se vive una batalla campal de todos contra todos, una lucha sin cuartel por la supervivencia y por otro, se desarrolla una búsqueda marginal, minoritaria y silenciosa para salvar a la humanidad, realizándola, para tratar de construir nuevas formas de organización y convivencia que sean propicias para desarrollar la dimensión poética de la existencia, para hacer realidad el deseo de vivir para vivir humano, el vivir para vivir humanamente.
Pero aunque la ley de la selva parezca ir ganando la batalla, aunque el delirio de poseer, parecer y dominar se nos presente como la única forma aparente de no perecer en estos tiempos oscuros, aunque el deseo de ser, convivir y realizarnos resulte muy difícil de mantenerse en medio de la importancia de lo urgente que opaca la urgencia de lo importante, no está escrito el destino de la humanidad ni cerradas las posibilidades de cambio de paradigma.
Nada está escrito, tampoco lo peor para la especie humana y su proyecto de humanización.
Nada está escrito, tampoco lo peor en este México herido por la corrupción, la impunidad y la prepotencia de los poderosos. Nada está escrito, tampoco lo peor en esta patria nuestra lastimada por la polarización y el encono creciente entre los ciudadanos que deberíamos estar unidos por el fin común de transformar profundamente las estructuras económicas, políticas y sociales que reproducen continuamente la desigualdad, la pobreza y la injusticia.
Nada está escrito, tampoco lo peor en este país que parece moverse conforme a la imagen de la serpiente que se muerde la cola, en un círculo vicioso eterno en el que los rostros y los nombres cambian pero los hechos se repiten. Desde la “Colina del perro” hasta la “Casa blanca”, desde Tlatelolco hasta Ayotzinapa, desde Aguas blancas hasta Tlayaya, desde el “Arriba y adelante” hasta el “mover a México”, los slogans se modifican en un supuesto ejercicio de innovación pero las realidades se mantienen en una necia reiteración carente de creatividad auténtica para transformar a la sociedad y mejorar la calidad de vida de los mexicanos.
Nada está escrito, tampoco lo peor a pesar de que la política parece mantenerse en la misma dinámica gatopardista: que todo cambie para que todo siga igual. Nada está escrito, tampoco lo peor a pesar de que la ciudadanía se polariza en luchas estériles en las que predomina la “falsa seguridad de la vida en blanco y negro”, la ingenua convicción de que se trata de una lucha entre los malos –los gobernantes, los políticos, los policías, los empresarios, etc.- y los buenos –los activistas, los indígenas, los pobres, el pueblo- y que basta con hacer que los malos renuncien y los buenos tomen el poder para que este país se vuelva el paraíso terrenal.
Nada está escrito, tampoco lo peor en este fin de año marcado por la desesperanza de una economía que no creció y que parece venir aún peor para el próximo año. Nada está escrito, tampoco lo peor en este panorama hacia unas elecciones intermedias en las que los golpes y la guerra sucia parece no tener límite ni calcular responsablemente el peligro inminente de la manipulación de la indignación social.
Nada está escrito, tampoco lo peor para este país herido que sin embargo, se mueve y parece estar despertando de un letargo de varias décadas y haciendo que al fin este viejo sistema toque fondo y pueda tal vez regenerarse a partir de su gravísima degeneración.
Que estas fiestas de navidad y año nuevo renueven nuestra esperanza y reanimen nuestra convicción de que otro México es posible.
Este espacio entra en receso vacacional. Nos volvemos a encontrar el lunes 12 de enero. Felices fiestas para todos los lectores.