El miércoles pasado cuando manejaba camino a mi clase caí en uno de los millones de baches y zanjas –de las que el “nuevo” SOAPAP abrió y jamás cerró- que existen por todos los rumbos de la ciudad de Puebla. El resultado fue que una llanta de mi coche quedó inservible. Además de llegar muy tarde a mi clase, con la consecuente afectación de las actividades planeadas, tuve que adquirir una llanta nueva, gasto con el que desde luego no contaba dentro de mi presupuesto de este mes.
Mi caso es uno entre miles en esta ciudad gobernada para el lucimiento personal y no para el servicio real a los ciudadanos. Conozco muchos casos cercanos de personas que han padecido lo mismo en esta temporada de lluvias. Una o dos llantas nuevas, arreglo de amortiguadores y suspensión son los daños menores para muchos ciudadanos que pagamos puntualmente nuestros impuestos y no recibimos a cambio los servicios públicos de calidad que deberían brindarnos las autoridades.
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Expresé mi enojo en las redes sociales y recibí un tuit de la dirección @ProgresoConTony que decía textualmente: “Buenas noches Martín, nos puedes indicar la dirección exacta, por favor?” Es decir, en el mejor estilo de “tapar el pozo después del niño ahogado” este medio de comunicación del gobierno municipal no expresaba absolutamente ninguna disculpa por el daño causado por su falta de eficiencia –o su negligencia- sino que ofrecía “generosamente” mandar a tapar ESE bache en particular como si con eso se reparara todo.
¿Cuántas horas-hombre, cuánto tiempo productivo se ha perdido este año por este y otro tipo de problemas causados por la falta de atención del gobierno a las necesidades básicas de la población? ¿Cuánto dinero se ha tenido que gastar en reparar averías causadas por la mala calidad del pavimento, del servicio de agua potable y alcantarillado, del drenaje y el alumbrado, etc.?
La respuesta recibida por mí –y seguramente por otros ciudadanos que como yo han expresado sus quejas- evidencia que al gobierno municipal no le interesa responder a estas preguntas, ni le preocupa el daño que causa a la vida cotidiana y al bolsillo de los ciudadanos a los que se supone debería servir.
Mi respuesta fue que no servía de nada tapar ese bache en concreto si toda la ciudad está llena de ellos y diariamente manejamos en el mismo riesgo de dañar nuestros autos por cualquier rumbo de la ciudad que vayamos. En otro tuit señalaba que la dirección exacta era Puebla, Puebla porque toda la ciudad requiere de un trabajo intenso de bacheo. Obviamente ni se ha tapado el bache que causó el daño a la llanta de mi auto ni recibí respuesta a lo que contesté.
Pensando esta situación en términos educativos, que es el tema del que se ocupa este espacio, recordé una respuesta que leí a una entrada de Facebook en la que alguien se quejaba amargamente del gobierno. La queja estaba escrita en los términos en que comúnmente pensamos la relación entre gobierno y ciudadanos. La visión predominante está basada en la idea de que “ellos” –los gobernantes- hacen mal su trabajo y no cumplen con la responsabilidad que les corresponde y “nosotros” –los ciudadanos- somos víctimas de estas personas, lejanas a nosotros, que fueron elegidos por un montón de gente sin consciencia que cree en las falsas promesas y recibe regalos y dádivas a cambio de las cuales “vende” o compromete su voto.
Sin embargo la respuesta que recordé y que pienso pone las cosas en la perspectiva adecuada afirmaba que no es correcto ver a los gobernantes como personas lejanas a nosotros puesto que los que gobiernan, sean del partido que sean, son personas que han nacido y crecido en la misma sociedad, son gente como nosotros que se inserta en la política y va escalando puestos hasta ser candidato y posteriormente ocupar un puesto de elección popular.
De manera que como dice el refrán: “los pueblos tienen el gobierno que se merecen” o dicho de otro modo, tal vez más preciso: “los pueblos tienen gobiernos que los reflejan además de representarlos”.
Si tenemos gobiernos negligentes e irresponsables es porque somos una sociedad en la que no se educa en la proactividad y la responsabilidad. Si tenemos gobiernos preocupados por la imagen y el lucimiento y no por el servicio eficaz a los ciudadanos es porque nuestra sociedad educa para cuidar la imagen y el lucimiento personal y no para servir a los demás. Si nuestros gobiernos responden a la llamada “Civilización del espectáculo” y se enfocan en la construcción de obras espectaculares o llamativas en vez de satisfacer adecuadamente las necesidades de los ciudadanos, es porque nuestra educación está inmersa en esta civilización y de manera explícita o implícita van formando a los ciudadanos en esta idea que no valora lo básico y sobrevalora lo superficial.
Si queremos tener gobiernos diferentes debemos pues redoblar los esfuerzos educativos para formar ciudadanos diferentes. Si necesitamos gobernantes que sirvan a la sociedad en vez de servirse de ella, necesitamos reformar de raíz nuestra educación para formar en el servicio y no en la visión egocéntrica. Si buscamos tener un gobierno democrático que se preocupe genuinamente por la sociedad, resulta urgente construir una escuela democrática, centrada en el diálogo y la colaboración, concebida como una comunidad de aprendizaje y no como una fábrica de “triunfadores” individualistas y egocéntricos.