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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sucesos del pasado

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Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Viernes, Julio 25, 2014

“La historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa”;  durante la campaña presidencial de 1970 el candidato del Partido Revolucionario Institucional Luis Echeverría Álvarez rindió un homenaje a los estudiantes caídos en los sucesos de Morelia de 1966,  cuando el General Hernández Toledo ocupó las instalaciones de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo y su Rector, el filósofo Eli de Gortari , terminó encarcelado.

Los acontecimientos de 1968 en “la Plaza de las tres culturas” en Tlatelolco,  se habrían erigido en una mancha permanente e indeleble en la imagen del gobierno en turno, y,  terminarían siendo al paso de los años, un estigma para el régimen imperante y el liderazgo político de la nación en su conjunto.

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El  referido acto de campaña en Morelia disgustó profundamente al presidente de la República,  quién intentó incluso que el PRI  despojara a Echeverría de la  nominación  a la primera magistratura del país, según llegó a trascender  en su momento.

Una vez operado el relevo institucional en la jefatura del Estado, el  nuevo gobierno  se dio a la ardua tarea  de enfrentar a un grupo importante y destacado de gobernantes locales que se encontraba plenamente identificado con el ex presidente  Gustavo Díaz Ordaz; en tal tesitura, Echeverría establecería una turbia y opaca  alianza  con el  Partido Comunista Mexicano, en esos momentos en la clandestinidad,  al que se le entregó el control de un número importantes de universidades públicas desde donde se inició una álgida etapa de agitación política, la cual habría tenido la doble finalidad  de derrocar a los gobernadores diazordacistas por una parte,  y, por la otra, la de contener el avance guerrillero que  habría  tenido en el asalto al cuarte militar de Madera , Chihuahua por parte de los hermanos Gámiz, su más significativo momento de expresión.

 En Nuevo león habría sido defenestrado el primer mandatario en cuestión  y   en medio de sucesos que repercutieron mucho más allá de las faldas del  “Cerro de la Silla”, según puede recordarse en las arterias que conformas la Avenida de Rivera de San Cosme  y Puente de Alvarado en la Ciudad de México , en  donde  los “halcones” habrían  embestido el 10 de junio de 1971  a un grupo de manifestantes que protestaban, precisamente, en contra de la expedición por parte de la legislatura de Nuevo león de una nueva Ley Orgánica Universitaria por demás draconiana y que habría sido promovida por  el Gobernador Elizondo.

En el mismo tenor, sobrevendrían posteriormente sucesos en los que los percances aeronáuticos no estarían ajenos como sería el caso de los terrible incidentes en los que perdieran la vida el gobernador de Guerrero Caritino Maldonado y el dirigente de la Confederación Nacional Campesina  Alfredo V. Bonfil; finalmente, el 20 de julio de 1972 fue asesinado en puebla el dirigente universitario Joel Arriaga,   cuyas consecuencias culminarían con  la  renuncia del gobernador en funciones.

El bueno lector de  teatro griego puede muy bien concluir que el pasado aflora siempre y  termina por determinar nuestro destino : “los hombres hacen la historia, pero no la  hacen libremente, las generaciones de los muertes subyuga siempre la conciencia de los vivos a la que determinan”.

albertoperalta1963@gmail.com

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