El día de hoy los diputados federales mexicanos están discutiendo el tema de los pasivos laborales de Pemex y CFE como parte de la reforma energética. Ayer se hizo público que el tamaño de estos pasivos en ambas empresas supera los 1.8 billones de pesos (Unos $142 mil millones de dólares a un tipo de cambio de $13 por dólar), de los cuales $1.35 billones corresponden a los pasivos de Pemex y $500 mil millones a los pasivos de CFE. Para la mayoría de mexicanos que día a día están trabajando este problema puede parecer lejano a ellos ya que no participan directamente en las relaciones con CFE y Pemex; pero déjeme explicarle a través de esta columna lo cercano que estamos a él, como ciudadanos y como empresarios familiares. En principio creo que debemos poner en ceros y comas una deuda de 1.8 billones de pesos.
Debo confesar que para poder escribir apropiadamente el tamaño del pasivo laboral de ambas empresas tuve que acudir al diccionario para estar seguro del número de ceros y comas que hay en un billón, y también me apoyé en las antiguas comillas que hasta hace tres décadas se usaban para identificar a los millones. El ejercicio anterior me permite mostrarle que en el caso de Pemex el pasivo laboral acumulado es de $1,350,000,000,000 y en el caso de CFE su pasivo laboral es de $500,000,000,000, todo en pesos mexicanos por supuesto. Entenderá que la comprensión de estos números kilométricos es realmente complejo por lo que se me ocurre ponerlos en tamaños relativos. Para esto dividí el pasivo laboral de Pemex entre la suma de sus 150,000 trabajadores y 70,000 jubilados, lo que me permitió identificar que el pasivo laboral promedio que tiene Pemex con cada uno de sus trabajadores es poco más de $6,000,000 en promedio, y haciendo el mismo ejercicio con los empleados y jubilados de CFE tenemos una pasivo aproximado por empleado de $5,000,000.
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El tema de la discusión de hoy en el congreso es si el gobierno se hará cargo del pasivo de ambas empresas, y en qué porcentaje lo hará. Por esto dividí los 1.8 billones de pesos del pasivo laboral de ambas empresas entre los 110 millones de habitantes que tiene el país, el pasivo laboral que debe asumir cada mexicano, sin importar la edad que tenga, es de $16,777 por habitante. Por ejemplo, si usted es un padre de familia que mantiene a su esposa y a tres hijos, la deuda familiar que tiene con los empleados de CFE y Pemex es de $83,864. Y si es madre soltera con dos hijos, la deuda familiar que tiene que enfrentar por los empleados de ambas empresas es de $50,319. Y ahora que le he mostrado la deuda que tenemos todos los mexicanos con los casi 320,000 empleados y jubilados de CFE y Pemex ¿cree usted que es importante que nuestros diputados evalúen con tiempo, independencia política, profesionalismo y transparencia la decisión que tomarán?
En este momento usted se preguntará qué son estos pasivos laborales que nos van a costar tanto. En una expresión muy sencilla nos referimos a las pensiones de más de 320 mil empleados y jubilados de ambas empresas por los próximos 50 años ¿Recuerda cuando en mis columnas pasadas le explicaba sobre el beneficio de las cuentas individuales de las afores? Pues ni los empleados de Pemex ni de CFE aportan a cuentas individuales en afores sino que ambas empresas pagan de su presupuesto las pensiones que están en un fondo colectivo, y que en lugar de pagar por rendimiento paga de manera discrecional y por lo visto sin ninguna transparencia y límite alguno. Ahora que estamos en plena discusión de la reforma energética se evalúa que el que ambas empresas sigan haciéndose cargo de pagar las pensiones las haría poco competitivas frente a nuevas empresas, entonces los legisladores están evaluando recién quién las tendría que pagar. La solución que más aceptación tuvo entre los legisladores hasta el día de ayer era que la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública (SHCP) asuma esa deuda (o parte de ella) y la incluya en el presupuesto federal desde el 2015, sin explicaciones sobre el origen de tremenda deuda, sin transparencia, y sin compromiso de que se reduzca. La SHCP pagaría esta deuda emitiendo deuda, o aumentando los impuestos o reduciendo gasto. El problema se hace más complejo porque significaría que el gobierno federal aumente su deuda en más de 40%, requiriendo más ingresos para pagar los pasivos y los intereses de esa deuda, los que saldrían de nuestros impuestos sin regalarnos ni un litro de gasolina o una bombilla ahorradora, o una acción de estas empresas. Y a esto falta sumarle los pasivos laborales que están acumulando el IMSS y el ISSSTE y que en algún momento en el futuro nos lo cobrarán.
Desde una perspectiva empresarial estos pasivos laborales no se deben enfrentar a través del endeudamiento porque lo único que se logra es patear el problema hacia el futuro, es decir que en pocos años más estaríamos acumulando pagos de deudas más intereses tan grandes que nos podrían poner en las dificultades de pago que vivimos entre los años 1981-1982 y 1994-1995. Además, todos los escenarios que se han planteado para Pemex es que cada año deberían vender menos, ya sea por la reducción de las reservas del petróleo, mayor empleo de energías renovables y el ingreso de nuevos competidores. En el caso de CFE la promesa es la reducción del costo de producción por la reducción de los insumos necesarios para la generación de energía. Para ninguna de las dos empresas se ha hablado de una mayor eficiencia por empleado, entonces si vendemos menos con el mismo número de empleados es normal que las pérdidas aumenten y la situación financiera de ambas compañía sea cada día más precaria, haciéndolas incapaces siquiera de apoyarnos con su problema actual.
Lo que cualquier empresario privado haría frente a las condiciones expuestas sería eliminar las fuentes de estos pasivos, vender activos, reducir el número de sus empleados, fusionarse con otras empresas, realizar aportaciones de capital o incluso incorporar nuevos accionistas. Esta situación debe llamar la atención de los legisladores para replantearse si realmente es conveniente para los intereses nacionales endeudarnos para mantener a Pemex y CFE como hasta ahora lo han hecho o hacer uso de la soberanía nacional sobre estos energéticos de una manera diferente a la propiedad estatal. Los pequeños, medianos, grandes y súper grandes empresarios tienen que enfrentarse a duras decisiones de reestructuración, reducción de gastos e incluso pérdida de control o venta de sus empresas. A diferencia de nuestros legisladores y directivos de Pemex y CFE, para los empresarios familiares sus empresas son todo lo que tienen, y todas las decisiones que toman están en función de sus intereses y los errores que cometen lo pagan ellos. Las decisiones que tomen nuestros legisladores hoy, y las consecuencias de sus actos, no serán asumidas por ellos, sino por los millones de hombres y mujeres trabajadores y empresarios en México, así como por los bebés que estos días están naciendo.
Los empresarios familiares, y algunas instituciones privadas, tampoco están alejados de pasivos similares. Es normal que los empresarios destinen parte de sus ganancias a mantener a sus familiares o amigos en difícil situación económica o de salud, o incluso como prestaciones o pensiones en reconocimiento a muchos años de trabajo y lealtad en la empresa. Los herederos en la dirección de empresas familiares también asumen la responsabilidad de velar por la salud de los fundadores del negocio, sus padres y familiares que dependen de ellas, y hasta de las futuras generaciones. No es malo que los empresarios familiares asuman estos pasivos, que normalmente asumen en épocas de bonanza, pero se cuestionan sobre la justicia de estos pasivos cuando en situaciones de adversidad. El verdadero reto de los empresarios familiares es cómo preservar la viabilidad de esta protección para los dependientes del patrimonio familiar sin importar lo favorable o adverso de la situación de la empresa. Es necesario que se asuma el compromiso en los protocolos familiares y en los órganos de dirección de la empresa y la familia, que se considere como una prestación a la que todos tienen derecho según las reglas establecidas por la familia, y que la administración realice las previsiones necesarias para preservar, administrar y enriquecer estos pasivos laborales ya que no existirá ningún gobierno federal que salga a su rescate como lo tienen CFE y Pemex, sino serian de los bolsillos de la siguiente generación con los comprensibles malestares.
La dificultad que enfrentan hoy las dos mayores empresas públicas mexicanas debe dejar un precedente de que la propiedad no sólo se trata de los beneficios de las ventas y las ganancias, sino de la necesidad de ser transparente, de la responsabilidad de responder ante las pérdidas y las aportaciones de capital, de prever el costo de los compromisos y de reevaluar la conveniencia de continuar neciamente en un camino que no tiene futuro ni solución. También son un ejemplo de la responsabilidad que tienen los representantes de los dueños, consejeros o diputados, de tomar decisiones apropiadas en beneficio de todos, y de la terrible tentación a la que están expuestos los legisladores y consejeros de trasladar los problemas al futuro para que otros lo resuelvan, o lo paguen. La discusión de la reforma de telecomunicaciones llevó meses porque se pusieron en conflicto los intereses de los más ricos empresarios mexicanos y ellos pudieron influenciar en las discusiones a través de los legisladores con intereses en el sector. Por el contrario, hasta el momento la discusión de la reforma energética está tomando días, esperemos que por respeto a los intereses de más de cien millones de personas que pagarán sus decisiones la discusión tenga más calidad que rapidez. Al igual que en el gobierno, los empresarios familiares deben establecer mecanismos de gobierno y dirección que permiten la participación de todos los familiares y accionistas en una búsqueda de balance entre los intereses de corto y largo plazo, y los intereses societarios, empresariales y familiares, y evitar así que algún familiar obtenga beneficios extraordinarios sobre sus parientes.
Si su empresa está frente a una situación de pasivos familiares o laborales, o la necesidad de mejorar el gobierno en su empresa familiar, quedo a sus órdenes para profundizar al respecto.
William Steinwascher
@billsteinwa