Ni los propios priístas dan crédito a lo que parece ser la última decisión del CEN respecto a la renovación de la dirigencia del Comité Directivo Estatal de Puebla, la cual se estará verificando en menos de un mes: sí, se va Pablo Fernández del Campo, que en la jerga partidista es mejor conocido como ‘pablito’, así, en minúsculas, igualando el tamaño y los alcances de su dirigencia, según el criterio de la misma militancia: toda.
Pero el drama de lo que representó la dirigencia de pablito, está a punto de convertirse en una tragedia con la llegada de Carlos Sánchez Romero, mejor conocido como ‘Carlitos’ por lo bonachón y simpático.
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Lo habíamos ya comentado como una posibilidad peligrosa hace unas semanas, pero ahora está a punto de convertirse en una realidad. Esto es lo que se publicó el 20 de mayo: “A juzgar por los últimos acontecimientos, todo apunta a que el CEN se abstendrá de impulsar a un presidente estatal fuerte, independiente, inteligente y con carácter. Muy por el contrario, la estrategia se está perfilando para colocar como nuevo líder estatal a un personaje de bajo perfil y manipulable. Que no ocasiones problemas, pues.
Y menos que se ponga con Sansón a las patadas.
Aunque usted no lo crea, lo que pudiera estar a punto de salir de la chistera del mago, no será un conejo.
No.
Será una gallina.
Me explico mejor: Carlos Sánchez Romero, el empresario de gallineras, resulta que es el candidato “más viable” para convertirse en el presidente del Comité Directivo Estatal del PRI.
Si no lo ubica muy bien, este comerciante de gallinas, fue presidente municipal de San Martín Texmelucan, motivo por el cual carga en a sus espaldas un triste recuerdo y otros calificativos nada gratos por parte de los ciudadanos que padecieron su trienio.
Hasta intentó imponer a su exmujer con alcaldesa, en su lugar.
Obviamente no le alcanzó.”.
Hasta aquí la cita.
Y es que las negociaciones con los grupos internos del estado han sido tortuosas y lentas. ¿El resultado final? La llegada de un perfil bajo y poco honorable a la presidencia del partido.
Se eliminó a Rocío García Olmedo, con todo y que buscó el respaldo de Manlio Fabio Beltrones. El punto flaco de Rocío era su ‘carácter’ y que seguro iba a confrontar, tanto a los grupos priístas como con la estructura del goberandor Rafael Moreno Valle.
José Luis Márquez también estuvo en el tablero, así como Guillermo Deloya y Alberto Jiménez Merino.
El argumento oficial para que la propuesta de Carlitos prosperara fue que era el menos ‘dañino’ para todos los priístas, un perfil necesario en estos momentos de crisis.
Pero la verdad no es esa.
Fue el subsecretario Juan Carlos Lastiri quien lo impuso a toda costa desde el CEN. Claro, de mucho le ha servido pertenecer al gabinete presidencia.
No hay que ser adivino para vaticinar que Carlitos será fiel siervo de los intereses de su jefe, sobre todo en lo que se refiere a la elección de candidatos a diputados federales. Pero no sólo por su carácter dócil, eso es lo de menos.
Carlitos sabe un rábano de la estructura partidista, de los liderazgos en el interior del estado y de la operación política en sí de cada región.
Carlitos es un ignorante en la materia.
Punto.
Eso todo el mundo lo sabe.
Pero Carlitos juega para Lastiri.
Fin de la historia.
De una triste historia que se engarza a la larga cadena de fracasos que va acumulando el PRI.