Como una especie de Deja Vu, como una película que hemos visto cada cuatro años al menos desde hace cinco mundiales, la selección mexicana perdió ayer frente a Holanda en octavos de final y con ello quedó eliminada de la copa del mundo de Brasil 2014.
El famoso sueño del quinto partido quedó cancelado en un poco más de cinco minutos después de haber dominado totalmente el juego en la primera mitad y de tener un gol de ventaja faltando escasos diez minutos para el final del partido. La posibilidad de “hacer historia” -como pomposamente le llamaron los comentaristas deportivos y los mismos jugadores y técnico- se hizo trizas en dos jugadas que culminaron en gol –la segunda en un penalti, dudoso para algunos- de muchas más que tuvieron los holandeses durante los últimos veinte minutos en que México cedió por completo el balón y cayó en errores de concentración que pusieron varias veces en riesgo su portería.
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La versión que parece predominar en la opinión pública para explicar la derrota es la del “robo” por parte del árbitro por la marcación del penalti que muchos consideran inexistente. El mismo Miguel Herrera, técnico nacional alimentó esta versión. Se trataría entonces de un problema externo al equipo mexicano y su cuerpo técnico, de una especie de complot contra nuestro equipo que se sustenta además en los graves –esos sí evidentes- errores del abanderado colombiano en el partido contra Camerún que anuló dos goles por fuera de lugar inexistentes y del árbitro que pitó el partido contra Croacia que no marcó un clarísimo penal a favor de México.
Existe otra explicación que aunque menos difundida parece más racional. Esta se basa en un análisis táctico que hacen varios comentaristas deportivos, ex entrenadores, ex jugadores y público conocedor del futbol. Esta versión fue también mencionada pero de manera secundaria por el “Piojo” Herrera en sus declaraciones al final del partido. Consiste en que hubo un error en los cambios realizados después del gol que puso en ventaja a México y que estos cambios y un cambio en el esquema de juego que dejó la iniciativa a los holandeses y atrincheró a México en su área durante los últimos veinte o veinticinco minutos, situación que aprovecharon los rivales para ganar el partido.
Resulta mucho más verosímil esta segunda explicación, sobre todo si se analiza la forma de jugar de México antes y después del gol de Giovanni Dos Santos. El equipo fue totalmente otro a partir del gol. Como si pensaran que el juego ya estaba ganado y estuvieran pensando ya en los cuartos de final a los que todavía no se llegaba, los mexicanos cedieron totalmente el balón y se dedicaron a defender una mínima e insuficiente ventaja denotando además una gran desconcentración que se manifestó en pases equivocados, errores graves de marcación del rival, entregas de balón a los atacantes rivales cuando se quería salir jugando, etc.
Sin embargo, si analizamos el asunto de manera objetiva e histórica, si tomamos en cuenta los mundiales pasados en los que México ha llegado al cuarto partido y ha sido eliminado en él igual que ahora, el problema parece más profundo que un mal arbitraje, una conspiración contra nuestra selección o un error de planteamiento táctico.
La cuestión de fondo parece ser cultural. Si consideramos que la cultura es el conjunto de significados y valores que nos hacen vivir o enfrentar las situaciones de la existencia de determinada manera, tal parece que México pasó, del miedo a perder que caracterizaba a los tristemente célebres “ratones verdes” del pasado, al miedo a ganar que parece ser el distintivo de las últimas cuatro o cinco selecciones nacionales.
En efecto, se subraya hoy que el “piojo” Herrera logró un cambio de actitud y de mentalidad en los jugadores que los hizo enfrentarse al tú por tú, en condiciones de igualdad a los equipos rivales. Esto es cierto aunque parece que la memoria no es nuestra principal fortaleza como aficionados porque si recordamos las selecciones de Lapuente, Aguirre o Lavolpe y lo que en su momento se dijo de ellas, veremos que este cambio de actitud del sentimiento de inferioridad del pasado a la visión de igualdad de circunstancias en la cancha no es privativo de este mundial sino parte de un proceso gradual en el que se ha venido trabajando.
Se ha superado el miedo a perder que paralizaba a nuestra selección a priori, pero no se ha logrado aún dejar atrás el miedo a ganar, el pánico inconsciente a sabernos mejores que los equipos tradicionalmente grandes como Alemania, Argentina, Holanda, etc. En ese sentido, desde mi muy personal punto de vista, el cambio que hizo la diferencia ayer no es muy distinto a lo que ha pasado a nuestros jugadores con otros técnicos en anteriores copas del mundo: fue un cambio de actitud que condicionó el cambio de organización táctica y la incapacidad de seguir dominando el juego como se hizo durante los primeros sesenta y cinco o setenta minutos.
Los cambios culturales son muy lentos. El miedo a perder se logró ir desterrando en un proceso largo que duró muchos mundiales e implicó un trabajo sistemático e intencionado de muchos actores formando a las nuevas generaciones de jugadores que desde hace unos veinte años nos han representado.
De la misma forma se tendrá que trabajar con el miedo a ganar para construir un cambio cultural que nos haga capaces de creer en nosotros mismos, de concebir escenarios donde podemos ser mejores que aquellos países, grupos, empresas, escuelas, universidades o sociedades que tenemos introyectadas como superiores.
Esto implica un proceso educativo que tenemos que emprender desde ahora como sociedad para promover las condiciones de posibilidad de un futuro en el que los mexicanos seamos capaces de visualizarnos, creernos y hacernos mejores dejando atrás los fantasmas de colonizadores y conquistados. Solamente así podremos trascender el eterno “ya merito” y dejar de decir que “jugamos como nunca y perdimos como siempre”.