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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Educar es una pasión

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Enero 13, 2014

"La pasión no sólo es constitutiva del ser humano sino principio de toda comunidad y sociedad, la misma se relaciona con la creatividad y la acción. Es decir, la pasión se pone en juego en la acción. En todo acto creativo el sujeto se funda y, a la vez, se enajena en la pasión permitiendo que las pasiones alegres triunfen sobre las pasiones tristes, el amor sobre el odio, el sentimiento de lo maravilloso sobre el sentimiento de lo siniestro"

Enrique Carpintero.

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Educar es fundamentalmente una pasión. Una pasión que nace de lo más hondo de nuestro ser que disfruta el inmenso placer de descubrir el mundo y de descubrirse en el mundo y no puede, no quiere, guardar ese gozo para sí mismo, esconderlo, ocultarlo como hace un avaro con su dinero.

Porque el placer de conocer, el inmenso e inacabable deseo de seguir conociendo hasta saber todo acerca de todo es el dinamismo profundo que nos mueve, que nos desborda y nos hace crecer. El disfrute del conocer que lleva si se pone atención a uno mismo, al sentimiento de alegría profunda que nace de descubrirse como un buscador de conocimiento, como un conocedor, hasta llegar a autoafirmarse: “yo soy un sujeto que conoce”.

Yo soy un sujeto que conoce, tú eres un sujeto que conoce, él (ella) es un sujeto que conoce y entre todos vamos descubriendo  y construyendo el saber porque como afirmaba Antonio Machado: “Todo lo que sabemos lo sabemos entre todos”:

Y todo lo que sabemos sobre esta realidad siempre más amplia, más profunda, más compleja que nuestra capacidad de entenderla y afirmarla, es por ello un desafío, un universo al que entre más nos acercamos más se aleja, como la utopía del poema de Kavafis, de manera que los más sabios, los que más conocen llegan a afirmar como el gran Sócrates: “Yo sólo sé que no sé nada”.

Pero volvamos a la pasión educadora. Bien dice el Evangelio que alguien que descubre una luz no va y la esconde debajo de la cama sino que trata de mostrarla a todos los que le rodean, de compartir la iluminación con los demás. Del mismo modo quien experimenta a profundidad su ser como buscador de conocimiento y como buscador de bien no puede ocultarlo ni esconderlo; por el contrario, busca los medios más adecuados para compartir lo que sabe y para compartir-se como sujeto buscador de conocimiento verdadero y de valor auténtico.

El educador entonces es alguien que se deja conducir por esta pasión por conocer y conocerse, por compartir su conocimiento y compartirse como conocedor y al hacerlo va contagiando a sus educandos –en la familia, en la escuela, en la oficina, en la empresa o en cualquier espacio del quehacer humano- de esta pasión por buscar lo que es verdadero, lo que es bueno y lo que es bello en este mundo lleno de falacias, de valores que no valen y de apariencias de belleza que se desmoronan.

Educar es una pasión que no es meramente espontánea y sensible sino una pasión que se va volviendo inteligente, crítica, responsable, libre y liberadora. La pasión educadora se hace inteligente porque se abre a las preguntas que trascienden la mera lluvia de información que inunda hoy nuestros espacios reales y virtuales, porque intenta comprender y conceptualizar los datos, explicarlos coherentemente.

La pasión por educar es además crítica porque no confunde las ideas generadas por la inteligencia con la verdad ni se deja enamorar por los propios conceptos creyendo que necesariamente corresponden a la realidad. Es una pasión crítica porque está siempre abierta a la pregunta: ¿De veras es así? ¿En realidad esto es como lo estamos entendiendo y explicando, como lo conceptualiza tal o cual teoría o autor? Y a partir de esta pregunta busca pruebas, las contrasta, las cuestiona y ponderando su validez y pertinencia puede llegar a decir: sí, en realidad esto es así o a descubrir que no, que esta teoría o aquélla explicación aunque suenan muy bien no corresponden a la realidad de las cosas.

Es una pasión responsable porque se pregunta a partir de las verdades que afirma por el valor y las consecuencias humanas y sociales de ellas, porque no acepta la neutralidad axiológica del conocimiento pedagógico sino que sabe que toda enseñanza por aséptica que pretenda ser, es una enseñanza cargada de ciertos valores y que estos valores pueden o no ser los más auténticos y adecuados para contribuir a la construcción del bien humano para cada educando, para la sociedad en sus estructuras, para el planeta en su devenir, para la humanidad en su drama histórico.

Por esto mismo la pasión educadora se vuelve una pasión libre de ataduras ideológicas, políticas o gremiales y se convierte en una pasión liberadora, una pasión que busca liberar el potencial de cada educando y construir una sociedad y una cultura que promuevan la liberación de cualquier dogma, estructura, grupo, partido, capilla intelectual, corriente de pensamiento o interés y ambición material.

Sí, educar es ante todo una pasión. Quien no la ha experimentado sería mejor que buscara dedicarse a otra cosa por más conocimientos pedagógicos que pueda tener, por más técnicas de enseñanza que haya aprendido, por más atractiva que pueda ser la estabilidad de una plaza.

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